Paroxismo feminista y experimentos antropológicos

Bluesky

Vaya por delante que mi simpatía política por Irene Montero es nula, al igual que mi simpatía periodística por el editor/presentador de TV3 Toni Cruanyes es cero (por razones que ahora no vienen al caso, o quizás sí, lo veremos), pero como se suele decir en castellano: «al César lo que es del César».

Hacer leña del árbol caído no es honesto, pero en este caso es vergonzante ya que los diferentes partidos de la coalición de Gobierno y los núcleos de Sumar, internos y externos, han utilizado a Irene Montero como cabeza de turco por los resultados de una errónea política colegiada y continuada durante tres años y medio, en materia feminista y de género. Que a última hora de la legislatura, el PSOE haya empezado a desmarcarse en algunos aspectos de la Ley del “Sí es sí” o de la Ley “Trans” (corregir es de sabios), no quiere decir, ni excluye, que en el fondo la política seguida y marcada por el Gobierno de Pedro Sánchez ha sido feminista y de género, siguiendo la estela y aumentando la del Gobierno Zapatero (recuérdese que fue el primer gobierno europeo en legalizar el matrimonio homosexual). Recuerdése también que después de Zapatero vino el PP (como después de Obama ganó Trump). Estábamos avisados. Muy modernos, en un país de enormes déficits sociales. Ahora, a la vanguardia de Europa y del mundo con la Ley “Trans”.

Toda esta narrativa feminista ha contado con el apoyo sin fisuras de fondo (otra cosa es de ritmo y ambición) del PSOE, de Unidas Podemos, tanto por parte de Izquierda Unida como de Podemos, y de los demás partidos menores vinculados a la coalición. Respecto a Cataluña debe decirse que En Comú Podem es desde hace años líder en narrativa feminista, de género y LGTBIQ, y de cuotas de mujeres y listas cremallera antes de que hubiera normativas de paridad. Muy modernos también. Ya hace años que el 60/40 (60% mujeres y 40% hombres) se impone desde el primer día de la fundación de los «Comunes». Pero volvamos al ámbito estatal. Yolanda Díaz parecería querer desprenderse de Irene Montero y de su línea, pero hay que recordar (las hemerotecas, son por eso) que la primera presentación de Sumar en Madrid la hizo rodeada de ocho mujeres y un hombre. Y que ella ha formado parte de una coalición de partidos de izquierda que originariamente, en 2.016, se llamaba Unidos Podemos (en masculino) y que posteriormente, en 2.020, se cambió de nombre por Unidas Podemos (en femenino).

Estaba cantado el rechazo, que ha tardado. La responsabilidad de toda la agenda feminista está compartida por sus socios y todo el Gobierno. La apuesta, la estrategia política, movilizaciones, leyes, ritmo de las leyes, la alarma social también, ha sido compartida por todos (por tanto, Irene Montero simplemente es la expresión política de lo que ha fabricado el conjunto del Gobierno). También debe decirse que toda esta narrativa, lucha, preocupación y alarma social feminista y de “género” ha sido amplificada por los medios, por no decir altamente interesada y amplificada, a veces hasta el paroxismo. Especialmente La Sexta y TV3, más feministas y de “género” que un Partido Feminista como el de Lidia Falcón que ha sido deglutido por esta ola (curiosamente su feminismo era más social y menos sexista).

Como ejemplos de la paradoja, la desviación y confusión que arrastra hace tiempo a toda la izquierda (unas más que otras) es la trampa en que hace años cae con el Día de la Mujer (donde se hunde el mundo) y el Día de el Orgullo (gay, ahora LGTBIQ) (donde también se hunde el mundo) y el abandono del Día del Trabajo (el histórico 1 de Mayo) como si ya estuviera pasado de moda y fuese una celebración rancia (así lo han convertido aquí) o no existiera eso que algunos multimillonarios reconocen como lucha de clases (“Por supuesto que existe la lucha de clases, y la vamos ganando”: Warren Buffett).

Se ha ido demasiado lejos, como dice suavemente un muy buen analista, Antoni Puigverd, con los experimentos antropológicos, pero lo grave es que no se sabe leer el error desde hace tiempo: “la suma de minorías no da una mayoría social, puede dar suma cero”.

También la izquierda debería leer más a Michel Weivorka, un buen analista francés. Por cierto, a última hora el propio PSOE ha detectado que ha perdido un millón de votos de hombres en las elecciones municipales y autonómicas. ¿Y esto no lo sabían los asesores y el propio Presidente?

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