Las elecciones del 23-J son la prueba de fuego para los tres partidos independentistas

Los sectores más hiperventilados promueven la abstención o el voto nulo para castigar la traición de los líderes procesistas al referéndum secesionista

Bluesky
Jordi Turull i Miriam Nogueras

El independentismo se encuentra en la peor disyuntiva de las últimas décadas, después del varapalo que supusieron los resultados de las pasadas elecciones municipales. Los tres principales partidos independentistas (ERC, Junts per Catalunya y CUP) obtuvieron en su conjunto 1.205.325 votos, cuando en 2019 habían obtenido 1.557.089. Pasaron de 6.252 regidores a 5.891. ERC sola perdió más de 270.000 votos el 28-M. Pero en realidad los tres partidos salieron perdiendo.

El resultado ha provocado una gran confusión dentro del soberanismo, donde hay que resituar principios, replantearse estrategias y recoser viejas heridas. Pero no es tan fácil. De hecho, el independentismo está más roto que nunca, con cada partido yendo a lo suyo y con estrategias divergentes. Cada uno entiende los resultados a su manera. Los diferentes sectores y formaciones independentistas están en plena guerra los unos contra los otros. Pero dentro de los partidos y de las entidades soberanistas también hay divergencias y opiniones contrapuestas sobre que se tiene que hacer en el futuro.

Los tres partidos independentistas entienden que algo ha fallado, que la conexión con el electorado soberanista no es la misma que hace unos años y que necesitan estudiar detenidamente la situación por saber qué hacer. Las elecciones generales podrían ser un bálsamo para sus heridas, pero casi nadie confía en obtener unos resultados espectaculares que tapen el fracaso de las municipales. Para acabarlo de arreglar, algunos sectores radicales propugnan la abstención en las próximas elecciones del 23-J. Una de las razones es que “Madrid es el enemigo” y hay que evitar hacerle el juego. Pero también se esgrime como motivo que con esto quieren evitar que ERC y JxCat salgan reforzados de los comicios. Se trata de un guerracivilismo indisimulado que debilita todavía más el magma soberanista.

Las dos almas de Junts
Les grandes organizaciones no pasan por sus mejores días de gloria. Junts vive una situación delicada. Por un lado, la cúpula, con Laura Borràs, Jordi Turull y Míriam Nogueras, apuestan para radicalizar todavía más el mensaje. Su propuesta es intentar bloquear en la medida de lo posible la política de Madrid para sacar provecho. El sector moderado del partido, el que era más próximo a la “vieja guardia” de Convergència, opina lo contrario: su lectura es que en las localidades en las cuales JxCat se presentó con un mensaje radical bajó en votos, e incluso perdió la alcaldía, como en Girona. Las dos almas de Junts se dirigen hacia un choque que puede estallar después de las generales. Si Nogueras no saca un buen resultado, la cúpula quedará tocada, y Jordi Turull, en entredicho.

Borràs y Turull pusieron toda la carne en el asador y obligaron a Jaume Giró a dar marcha atrás y a retirar su candidatura para liderar la lista al Congreso. Su persona de confianza, por afinidades políticas y personales, era Nogueras, y no querían dejar que un blando como Giró estropeara la “fiesta madrileña”. Pero si no obtiene un buen resultado, la guillotina les estará esperando y Giró podría tener el camino algo más aplanado hacia la Generalitat. Los duros quedarán debilitados y los moderados lo tendrán más fácil para intentar reconstruir un partido sensato de corte similar a CDC.

En ERC, las cosas no están mucho mejor, aunque la oposición interna está desarbolada y Oriol Junqueras domina el aparato del partido. ERC sigue apostando para “ensanchar la base” para lanzar después un envite en el Estado, pero va cosechando derrota detrás derrota y va menguando en votos elección detrás elección. En realidad, ERC es el partido con menos tensiones internas, pero también es el principal enemigo de todos los otros actores independentistas, hacia el cual se dirigen todos los dardos envenenados y a quienes acusan de neoautonomizar la política catalana.

La CUP, también dividida
La CUP no está menos despistada. Endavant, en un documento de análisis del resultado de las elecciones municipales, señala que “en cuanto a las propuestas políticas rupturistas y revolucionarias, entendemos que con las instituciones solas no podremos hacer posibles los cambios necesarios para cambiar el sistema y acabar con el capitalismo patriarcal”. Llama entonces a ”construir la oposición al fascismo”, que es el mismo que no decir nada. “Partimos del hecho que esta oposición al fascismo no se dará solo en el terreno organizativo tradicional del antifascismo popular, con los colectivos propiamente autosignificados como tales, sino que se expresará también a partir de aquellas trincheras de respuesta al fascismo institucional”.

Desde Endavant explican que “se tiene que entender que socialmente Vox ha logrado un crecimiento cualitativo, más que cuantitativo, en su grado de consolidación y legitimación dentro de la democracia burguesa española. Con esto, consolida su capacidad represiva ante el movimiento de oposición que se le pueda generar, puesto que no es trata de una pugna contra un partido marginal de la extrema derecha, sino contra una parte orgánica del sistema de partidos actual”. La estrategia de Endavant pasa, pues, para cavar unas trincheras ante el que denominan “fascismo” y quiere construir una organización “a partir de la apuesta por una alternativa independentista, socialista y feminista en los Países Catalanes”.

Se trata de una vuelta a los orígenes, aunque Endavant advierte que esta estrategia se concreta en dos vertientes: “Por un lado, identificados los elementos de su batalla ideológica, hay que establecer las bases para confrontarlos en un sentido discursivo y organizativo, preparando en cada caso las herramientas tácticas más eficientes para cada frente y persiguiendo el encuadre de nueva militancia dentro de la organización. De la otra, hay que mejorar la capacidad organizativa del movimiento antifascista para hacer frente a uno de sus retos principales, como es la represión, una herramienta del Estado utilizada para romper los lazos entre camaradas y fomentar la desmovilización entre el movimiento popular”. El discurso encendido retrotrae a décadas pasadas.

Desde dentro también de la CUP, en cambio, Poble Lliure critica la “desmovilización del voto demócrata independentista” y reclama acciones de futuro. Da la culpa del fracaso del independentismo en estas municipales a “la estrategia de des ensionamiento del conflicto y de legitimación del PSC-PSOE como actor central, y al chasco por el retorno a la gestión autonomista de las direcciones tanto de ERC como de Junts: la faltade praxis independentista de hecho”. Pero reconoce que también se debe a “la incapacidad de la dirección nacional de la CUP para trazar una línea política que sea capaz de recoger todo este descontento, cuando tendría que ser la alternativa principal”.

Para Poble Lliure, “en Cataluña, hay que articular un frente popular, republicano y antifascista por la independencia, amplio y plural, que movilice de nuevo el voto popular independentista y transformador y haga de muro de contención de la extrema derecha en Cataluña. Esta iniciativa hay que desplegarla de manera inmediata y usarla de cara a las elecciones españoles convocadas para el 23 de julio”. Además, “paralelamente, hay que habilitar un espacio de reflexión estratégica para repensar la estrategia de la unidad popular. […] Hay que salir del marco inmovilista en que se ha estancado la actual dirección de la CUP”.

Los hiperventilados presionan
Lo que se ha denominado la sociedad civil está tan desorientada como los políticos, pero plantea un reto a los grandes partidos. La Asamblea Nacional Catalana (ANC) ve una grieta donde puede hacer daño a las formaciones tradicionales. La organización que preside Dolors Feliu acaba de aprobar su hoja de ruta, prepara la Diada del 11 de Setembre y afirma que “empieza un nuevo embate por la independencia”. Parla de recuperar la movilización en las calles y de plantearse seriamente una lista cívica para las elecciones al Parlamento de Cataluña que deje con las vergüenzas al aire los tres partidos independentistas.

Un activista razonaba este viernes 23 de junio pasado: “En las elecciones al Congreso, a los partidos indepes se meterán un batacazo monumental. Esto puede provocar un adelanto de las elecciones al Parlament. Sobre todo si al final el PSOE vuelve a hacer gobierno. Con el PSOE a Madrid y el PSC en Barcelona, Illa presionará fuerte, y con este gobierno tan débil… esto quiere decir que tendremos elecciones al Parlament en menos de un año. No hay tiempo suficiente para hacer una lista cívica potente, y el PSC llegará a la Generalitat. Propongo una abstención masiva también a las elecciones al Parlament, y sacar fuera toda esta pandilla de trileros mal denominados independentistas. Que gobierne el PSC 4 años, ya no viene de aquí, y más atrás no iremos, ya no se puede. Guardémonos el cartucho de la lista cívica para las próximas elecciones. Con un poco de suerte, después de pasar hambre y reflexionar, algunos miembros realmente comprometidos con la liberación nacional que actualmente están en ERC, Junts y la CUP se sumarán a la lista cívica. Entonces sí que tendríamos posibilidades de ganar. Hacerlo ahora es derrochar esfuerzos y sumar una derrota más a nuestra lista”.

La situación interna en la ANC también es delicada, puesto que los críticos acusan la dirección de manipular y mentir: según la dirección, la hoja de ruta fue votado por un 76% de los socios. Según los críticos, la abstención fue del 97,5%, por lo cual solo pudo ser votado por el 2,5% de la militancia. Además, la ANC convocará esta primera semana de julio su militancia para que vote qué tiene que ser su actitud ante el 23-J: si apuestan por la abstención activa o por el voto nulo.

La idea de la abstención ya los ha sido “robada”, de momento. Ocho entidades soberanistas reclaman esta vía sin esperar que la ANC, que tenía que ser el referente, haga su consulta. En esta estrategia hay el Cercle Català de Negocis, Fundació Catalunya Estat, Catalunya Acció, Catalunya diu Prou, CADCI, Ara o Mai, Acció Republicana Exterior y Equip d’Advocats Independents. “Nuestra soberanía nacional tiene que ser de estricta obediencia catalana. Es por eso que los firmantes de este manifiesto llamamos a una abstención y boicot activo hacia las próximas elecciones españolas del próximo 23 de julio y cualquier otros comicios electorales que no sean de obediencia a la soberanía nacional catalana. En Madrid no tenemos que enviar nunca más diputados catalanes, sino nuestra abstención militante por la nación”, dice el manifiesto.

Entre estos grupos se encuentran círculos de extrema derecha y activistas muy conocidos que han pasado por varios grupúsculos buscando un lugar: el CCN, por ejemplo, que había prometido imprimir un millón de papeletas que sirvieron para votar en el referéndum para meterlas en las urnas de las generales, está controlado por Albert Pont, candidato del Frente Nacional de Cataluña (FNC). Cataluña Acción es la plataforma creada por Santiago Espot, que también ideó Força Catalunya como marca electoral. La Fundació Catalunya Estat está presidida por Jaume Vallcorba y sus filas se nutrieron de dirigentes del CCN. Cataluña Diu Prou, por su parte, está íntimamente ligada al CADCI y a Ara o Mai…

Muchas de estas entidades han sido creadas solo para dar apariencia de pluralidad, aunque en realidad están controladas por un pequeño grupo de hiperventilados. Un veterano activista proveniente de  la ANC explica que el crecimiento de la abstención perjudicó mucho el independentismo en estas municipales. Promoviendo ahora la abstención, se podría empequeñecer la participación en las elecciones y el independentismo se adjudicaría toda la abstención, la suya y la ajena. No es un dato a rechazar, porque se trata de un trapicheo para simular tener más fuerza de la que realmente tiene el independentismo.

En el manifiesto mencionado se explica que “la desmovilización política de los catalanes es a menudo vista como una acción de castigo, incluso una venganza, contra los partidos que no mantuvieron las promesas de consumar la proclamación de independencia en caso de victoria del referéndum del 1 de octubre […] Los que firmamos este manifiesto proponemos de transformar esta abstención circunstancial y emocional en una abstención estructural y esencial. La abstención que nos hace falta es la que rechaza la soberanía española sobre Cataluña y afirma de manera categórica la ilegitimidad de unas elecciones españolas en Cataluña”.

La plataforma Catalans per la Independència, por su parte, también es partidaria de esta estrategia. Su apuesta es votar con la papeleta del 1-O. “El hecho de usar el boletín del primero de octubre para votar nulo pone de manifiesto el mensaje claro y directo que se envía a todos los partidos procesistas, CUP, ERC y JxCat, y sus satélites. Nos habéis engañado. Nos dijisteis que el referéndum era vinculante y os habéis desentendido. Ahora le toca al pueblo, os habéis quedado solos”. La intención es hacer que se dispare el voto nulo, que el 28-M pasado subió a 44.882 papeletas, además de los 51.413 votos en blanco, sobre un total de 3.050.700 votos emitidos a las urnas

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