Madrid-Barcelona o la bicapitalidad perdida

Las naciones pueden tener una, dos o incluso varias capitales que asuman las diversas funciones que todo Estado moderno requiere. Por ejemplo, Francia, concentra en Paris una gran parte de su actividad política, económica y cultural. En cambio, en Italia, Roma acoge la sede del poder político y Milán del poder económico. Por otro lado, Estados Unidos, un país altamente federalizado cuanta con una capital política (Washington DC) que con un tamaño mediano debe convivir con grandes mega urbes (Nueva York, Chicago, Los Ángeles, San Francisco entre otras) con las que comparte la actividad cultural, financiera y política. Tradicionalmente España estaba mucho más cerca del modelo italiano que del francés. Durante muchos años Madrid era la ciudad administrativa desde donde una enorme población de funcionarios gestionaba todo el país. Barcelona era la sede de la actividad industrial, comercial a la vez que ostentaba un multiculturalismo cosmopolita que era la admiración (no siempre manifestada) de todo el resto de España. Esta bipolaridad, generó una competencia y una confianza que se complementaban y a pesar de representar modelos sociales básicamente diferentes, fueron fructíferos durante décadas.

Esta “bicapitalidad” se está desvaneciendo a marchas forzadas y lamentablemente puede periclitar próximamente. La región de Madrid ha superado económicamente a Cataluña desde hace tiempo y Madrid no esconde que persigue consolidarse como centro de la política, la economía y la cultura. Los datos disponibles indican que en el año 1955 la economía de Cataluña superaba en un 22,2% a la de Madrid. Sin embargo, con el advenimiento de la democracia y el estado de las autonomías, la economía de Madrid se ha multiplicado en términos reales por 3,2, la de Cataluña por 2,6. Dicho de otro modo: Cataluña va hoy a la cola de Madrid, que es el motor de España.

Los motivos de este retroceso de Cataluña deben ser ciertamente diversos y complejos. Pero parece evidente que un elemento no menor ha sido todos los recursos dirigidos al proceso independentista que, además, hoy sabemos que ha ahuyentado inversiones y ha hecho salir a empresas y capitales tradicionalmente asentados en Cataluña. No deja de ser una paradoja que la descentralización inherente al desarrollo del estado de las autonomías ha favorecido más a Madrid que a Cataluña. Cataluña no ha sido capaz de aprovechar este aumento del sector público para mantenerse como motor de España.

Además, la política económica catalana es más contradictoria que la de Madrid. Por ejemplo, el gobierno de Cataluña no solo no ha priorizado el crecimiento de Barcelona, sino que, a menudo, se ha esforzado en limitarlo, posiblemente debido a que los políticos y partidos catalanistas y sobre todo los independentistas, siempre han considerado que “una gran Barcelona” es un problema político porque rompía completamente su modelo territorial. La paralización de la ampliación del Aeropuerto del Prat es el más reciente ejemplo de esta política de limitar el crecimiento de Barcelona por parte de los gobiernos catalanes. De hecho, el independentismo teme a las poderosas y grandes ciudades como Barcelona por muchos motivos: i) concentran migrantes de todos los países y con ellos sus culturas; ii) el cosmopolitismo se convierte en un valor tanto local, como nacional e internacional; iii) los planteamientos nacionalistas e independentistas propios del mundo rural tienen difícil cabida. Hoy, Madrid está generando mejores condiciones para atraer capital y recursos humanos y se ha convertido en una ciudad abierta, global y con baja fiscalidad en comparación con Cataluña.

Es desesperante que los partidos y gobernantes independentistas ni se dan por enterados, ni son capaces de reaccionar para poner remedio a semejante dislate. Para evitarlo, solo se vislumbra una solución que garantice la libertad y la justicia de todas las regiones y territorios: el federalismo. Si no empezamos pronto a construir un modelo federal español, utilizando la experiencia acumulada de las autonomías y con la perspectiva de que más pronto que tarde la Unión Europea devenga federal, Cataluña puede convertirse en una simple y gris molestia para España y Europa. No nos engañemos: casi todo va a depender de la política que se desarrolle en Cataluña.

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