Laporta mete al Barça en la KingsLeague de Piqué, que es la competencia

La 'final four' se jugará en el Spotify buscando captar al público tradicional azulgrana para que pague esa gran fiesta del Twitch donde su audiencia habitual quiere ese circo gratis

Anuncia de la 'final four' de la Kings League

Aunque Gerard Piqué y Joan Laporta cerraron ásperamente su relación en el Barça con un frío y solitario acto en el palco del estadio -incluso sin presencia de la familia, que no fue invitada-, los intereses personales, comerciales y estratégicos de ambos les han obligado a teatralizar un abrazo mediático y coyuntural con el que sellar y escenificar la cesión del Spotify para el nuevo negocio del exdefensor azulgrana, la Kings League, como sede de la final four que se disputará el 26 de marzo.

La primera consecuencia de esta sorprendente decisión es que se desvanece la posibilidad de jugar allí el clásico del Femenino contra el Real Madrid, señalado para esa misma fecha. Con el anuncio de que la Kings League de Piqué tiene preferencia, ya es seguro que el Barça-Real Madrid no se disputará con los honores de jugar en la casa del primer equipo aprovechando que esa fecha está marcada como jornada internacional de selecciones.

Destacada esta cuestión, la forma en que se produjo el anuncio también da pistas sobre el verdadero fondo de una extraña alianza, cargada de matices y no exenta de controversia. La KingsLeague, para empezar, se ha parido como un invento que, prioritariamente, ambiciona robarle audiencia, espectadores y recursos comerciales al formato del fútbol tradicional. Sus reglas y puesta en escena han sido diseñadas de forma intencionada para que un público joven y mayoritario, que ya vive la vida en Twitch y completamente al margen de LaLiga y de las plataformas de pago, se deje enganchar a un formato en el que todo es artificial, espectáculo y basado en una especie de show en el que incluso presidentes, técnicos, jugadores y organización han someterse permanentemente a las exigencias de la audiencia y el show bussines por encima de todo. Los equipos se han creado en función de un presidente popular, hay jugadores-comodín o invitados que van y vienen con la pretensión de seducir a esos jóvenes que, según las estadísticas, se aburren viendo un partido de fútbol de dos horas en el que no hay circo ni fuegos de artificio. Forma parte de esa amenaza de Piqué de destrozar la cara conocida y gastada del fútbol, de ir contra un negocio en el que, de momento y a la fuerza, han de convivir el propio FC Barcelona y Javier Tebas al frente de LaLiga, quien, desde luego, no ve con buenos ojos y desaprueba absolutamente esta Kings League.

El relato de Gerard Piqué es parecido, si no es el mismo, usado en su día para presentar al mundo la modernización necesaria y exitosa de una Copa Davis que, precisamente coincidiendo con la activación de la Kings League, acaba de romper con Kosmos porque, sencillamente, la receta y las expectativas han acabado siendo un fracaso absoluto. El diario L’Equipe ha destapado que se han producido impagos e incumplimientos por parte de Kosmos, la sociedad en la que Piqué consiguió integrar importantes inversores, entre ellos el propietario de Rakuten, hasta que, finalmente, ha habido que romper el contrato y, en lo que afecta a Piqué, cerrar ese chiringuito y dejar en la calle a docenas de trabajadores.

No es la primera vez, al contrario, que Gerard arranca un negocio que acaba siendo ruinoso y sin futuro. La propia Kings League empieza a dar estos primeros síntomas de agotamiento comercial, de producción y de expectación, empezando por la necesidad urgente de acabar llevando el circo al Spotify y organizar allí una fiesta de clausura que pueda interesar, precisamente, al público que no se ha fanatizado con la KingsLeague, distinto de esos miles de aficionados que se conectan y se divierten en el Twitch siempre que les salga gratis y se pueda seguir desde el móvil, dos circunstancias que, desde luego, minan y dificultan la obtención de ingresos vía taquilla.

La Kings League consta de 11 jornadas que se disputan los domingos, jugándose seis partidos consecutivos por la tarde. Se trata de encuentros de Fútbol-7, de 40 minutos, disputados bajo reglas adaptadas a primar un espectáculo que también alcanza a directivos y árbitros. Los ocho mejores clasificados al finalizar la competición disputarán los playoffs en esa final four anunciada para el 26 de marzo.

Los visionarios del laportismo ya se han apresurado a encontrar razones para ovacionar a Laporta después de que, de forma sorprendente e imprevista, acudiera al canal de la KingsLeague para anunciar la disponibilidad del Spotify al servicio de esa competición y de los intereses de Gerard Piqué, con el que se abrazó estilo oso, como no podía ser de otro modo.

“Llegan nuevos modelos de negocio vinculados al entretenimiento, nuevos públicos, nuevos canales, grandes marcas y nuevos ingresos que forman parte del futuro negocio del fútbol”, han voceado los gurús del laportismo, incapaces de comprender que la Kings League, precisamente, busca ese salvavidas del Spotify, la cobertura del Barça y la presencia de un público dispuesto a rascarse el bolsillo para recuperarse de los gastos importantes que ha provocado su arranque y supuesta consolidación, promovida por influencers y estrellas de Twitch y de Yuotube que, indudablemente, sí consiguen protagonismo, visionados y popularidad a nivel invididual. Los gastos de organización y del mantenimiento y logística de entrenamiento y de juego han de ser soportados, por ahora, por los patrocinadores a falta de un espacio y una fórmula que monetice la magnitud de esa expectación y el seguimiento en un espectro comunicativo al margen de los canales y plataformas por donde se ve y se consume el fútbol de pago.

Ante la llamada de socorro de la KingsLeague, Laporta se topó, además, con la oportunidad de generarle a Piqué una cierta dependencia y de equilibrar esa bifurcación electoralista percibida el día de su homenaje y despedida en el Spotify, cuando se fue sin saludar ni realizar ningún gesto hacia el palco.

El presidente la ha querido aprovechar y, de paso, crear cierta empatía con una generación que ya no es la suya, sino la de Gerard Piqué, en un tiempo en el que el uso de las tecnologías de la comunicación funciona en otro orden y con diferentes estrategias.

Igualmente, sin embargo, todo tiene un precio, pues abrir el Camp Nou cuesta un dineral, un gasto que aún no ha quedado claro quién lo financia. “¿Es un alquiler, una cesión o un acuerdo? ¿Qué se llevan unos y otros, el 50%, el 70% de la recaudación? ¿Hay un precio cerrado? ¿La Kings League sólo pagará gastos o pagará, pero no veremos un euro? ¿No pagará nada, es un regalo a cuenta del finiquito de Piqué? ¿No pagará nada y aún le deberemos el finiquito?”. Estas son las preguntas lanzadas al aire por un socio del Barça, Quim Molins, veterano, listo y astuto, que, a la vista del extraño y repentino compadreo entre Laporta y Piqué, no se fía de nadie. Abrirle los brazos a la Kings League, que quiere ser la competencia directa del Barça y del resto de los clubs, no deja de ser paradójico, tanto como que el circo de Piqué se vea en la necesidad de que el Barça lo avale para evitar otro río de pérdidas que sumar a su lamentable palmarés en los negocios.

A Piqué, por ahora, sólo le ha ido bien con Luis Rubiales y con el palo que le dieron entre ambos a Arabia Saudi por la Supercopa. Pero que se olvide, la Federación Española no le comprará, por ahora, la Kings League a menos que Laporta, que sí ha picado, le convenza de que eso irritará aún más a Javier Tebas. Empieza otro gran espectáculo con la sensación, desordenada, inquietante y frívola, de que con Laporta metido en el ajo, el Barça tiene todos los números de pagar la fiesta o los platos rotos. Mucho que perder y poco que ganar.

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