Los Mossos condenan a la indefensión y la vulnerabilidad mediática a Bartomeu

Aunque el último informe policial es pura especulación y manipulación, además de presuntamente alegal, la prensa laportista la ha aprovechado para tapar la crisis interna del Espai Barça

Josep Maria Bartomeu

La respuesta de las redes sociales y del entorno mediático del laportismo no han dudado en dejarse ver, enseñar sus garras y actuar con esa violencia, supremacismo y e intolerancia verbal habituales cuando ha surgido la oportunidad, especialmente en ese ínterin antes de la Supercopa de España, cuando la actualidad oficial andaba escasa de argumentos para defender el fuerte. No había estado demasiado fino el equipo ante el Espanyol, ni en casa del Atlético de Madrid, dejando unas malas sensaciones que, combinadas con las incidencias del Espai Barça, la licitación sorprendente a favor de una constructora turca y la fuga del directivo responsable, Jordi Llauradó, habían provocado cierto desaliento y malestar interno.

Todo cambió, sin embargo, cuando salió al rescate el siempre servicial y dispuesto cuerpo de Mossos d’Esquadra, deslizando un informe en el que especula, inventa, interpreta y sostiene, sin argumentos, indicios ni pruebas, que dos exejecutivos del Barça de Josep Maria Bartomeu podrían haber cometido un delito de revelación de secretos por la filtración al diario El Mundo de los contratos de Leo Messi y de Gerard Piqué. No es la primera vez que, para colaborar en la implantación y consolidación del laportismo, un sector de los Mossos d’Esquadra se aparta del más elemental sentido del deber y de la profesionalidad para convertir en viral y en noticia actuaciones propias que están lejos de ser orgullo, ejemplo y muestra de la imparcialidad y deontología policial.

En el caso de los dos insultos expresados a la figura de Messi por un exejecutivo en dos email internos, personales y completamente privados, se da la circunstancia de que fueron a parar a los archivos de los Mossos como resultado de una entrada y registro realizado en su día en la sede del Barça y en diferentes domicilios y despachos profesionales sin una orden judicial expresa. Fue el resultado de la decisión de un alto cargo del cuerpo con mando, mucho poder y favoritismo hacia la figura de Joan Laporta que así lo decidió unilateralmente, llevando a tal extremo esa discutible e injustificada actuación que además se llevó preso al expresidente, lo encerró en el calabozo y lo tuvo arrestado una larga noche antes de presentarlo ante la magistrada del caso Barçagate esposado.

La instrucción de esa causa por parte del Juzgado nº 13 ya había requerido anteriormente esa misma diligencia de entrada y registro, en este caso duplicada por los Mossos unilateralmente y con el posterior volcado de material que, de acuerdo a la ley y las propias instrucciones de la jueza, debía ser cribado y seleccionado estrictamente en función del interés y relación con la causa.

¿Por qué Mossos, de pronto, utiliza y manipula ese material intocable -todo lo que no guarde relación con el Barçagate– para deducir que existía una trama interna para filtrar a los medios documentación confidencial? La respuesta, contundente, la habrían dado los propios tribunales si se hubiera producido en otro país y en otro entorno policial que no fuera tan tentacular y politizado como el de los Mossos, un cuerpo en permanentemente estado crítico y de convulsión interna precisamente por la falta de independencia y las injerencias denunciadas sobre diferentes investigaciones y depuraciones. Se da la circunstancia añadida de que la directiva de Laporta ya ha contratado a tres jefes de seguridad para el FC Barcelona procedentes de los Mossos en menos de dos años, el mismo periodo en que del cuerpo ha protagonizado varias intromisiones con el común denominador de utilizar material ajeno a la causa para filtrarlo a los medios y convertir en noticia, debate y reacciones hipótesis y elucubraciones del todo ajenas a la causa.

En su escrito último a la jueza, el abogado de Bartomeu no se anda por las ramas cuando solicita la expulsión de la causa del informe de los Mossos, reclamando “una clara advertencia a los Mossos d’Esquadra, con los apercibimientos oportunos, para que cesen este tipo de actuaciones extrayendo de contexto aspectos que nada tienen que ver con la causa que se investiga y que tanto perjuicio están causando”. Además, le recuerda a la jueza que los Mossos “de unas manera absolutamente sesgada y parcial extraen unos determinados indicios extraídos por completo de contexto”. Y refiere a la jueza también que “con gran ligereza se atreven los Mossos, incluso, a calificar la existencia de un supuesto delito de revelación de secretos, suponemos que con la misma ligereza lo hubieran podido calificar como un delito contra la intimidad personal, extremo que tampoco tendría encaje jurídico en lo además de falsario interesadamente expuesto en el informe, pero que quizás sí podría tener encaje jurídico en la actuación de unos funcionarios públicos que desobedeciendo abiertamente la orden judicial de ceñirse a los objetos de la investigación presentan un informe sesgado y manipulado”, entiende que con la única finalidad de desprestigiar la imagen de Bartomeu ante los socios y aficionados del FCB en virtud de la trascendencia pública, que no penal, acaban teniendo este tipo de informes.

Será, por tanto, otra tormenta mediática gracias al punto de apoyo que, aunque falso e indocumentado, con trazas de ilegalidad, incluso, ofrecido oportunamente por los Mossos. Un contexto de indefensión y de vulnerabilidad legal evidentes en el que ese ejército de opinadores, críticos y trovadores del laportismo se regodean y se enfangan por más que, en esencia, provengan de otro desmán policial, por desgracia demasiado frecuente.

No existe prácticamente defensa contra ese rodillo del que también ha sido víctima colateral el expresidente Sandro Rosell tras confirmarse que declina presentarse a las municipales de Barcelona, decisión adoptada sin ruido, apenas con un par de entrevistas de tono bajo a las que el sector más agrio y maleducado del laportismo no ha dudado en reaccionar con su acostumbrado estilo barriobajero y ofensivo. “Es un mentiroso patológico” o “Qué mierda de persona”, han sido dos de los comentarios de Joel Díaz y Manel Vidal, dos de las estrellas actuales de TV3 que, como un sector de los Mossos, también se reconocen como soldados del laportismo para lo que se necesite. Por eso no les falta trabajo, aunque no tengan unos y otros más recursos que la mentira, el insulto y la manipulación a falta de argumentos.

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