La farsa del juicio ‘Neymar-DIS’ desnuda la conspiración contra Rosell y Bartomeu

La Fiscalía acabo retirando los cargos de otro caso urdido desde los oscuros intereses de Laporta, el Madrid, el soberanismo, TV3 y el imperio Mediapro, sin fundamento y con la única finalidad de echarlos del palco del Camp Nou

Sandro Rosell y Neymar
Sandro Rosell y Neymar

Está cada vez más claro que el fichaje de Neymar, que tenía que reforzar y mantener la hegemonía del Barça de Messi y de algún modo facilitar su relevo en el reinado mundial del fútbol, provocó que los enemigos de Sandro Rosell, el presidente que lo fichó, y de Josep Maria Bartomeu, su sucesor, se hayan pasado desde el 2011, es decir, once años, saboteando y bombardeando aquella operación.

Era el fichaje que le devolvía al Madrid la insolente y dictatorial cacicada del caso Di Stéfano, una bofetada histórica al Bernabéu y a Florentino Pérez que, sin embargo, lo que provocó fue el temor de la oposición a Rosell -o sea,  de todo el laportismo- a que el Barça de Neymar y de Messi, después reforzado con Luis Suárez, lo perpetuase en el palco del Camp Nou.

A la fuerza, para evitar esa supremacía del Barça, se forjó una negra alianza de intereses, oscura y poderosa, en la que coincidieron los de Florentino Pérez, por venganza personal e institucional, y los de la oposición a Rosell, es decir, la suma del neo-soberanismo convergente encarnado en el sector pujolista -hijos- y el del Puigdemont, así como los movimientos sociales como la ANC y Òmnium, el cruyffismo y el guardiolismo. También estaban metidos una enorme legión de periodistas y cabeceras; una imbatible y descarnada trama en las redes sociales; fuerzas judiciales, policiales, poderes económicos y mediáticos liderados por TV3 y todo el imperio de Jaume Roures, en su caso también por resentimiento personal y profesional contra la presidencia del Barça.

Sandro Rosell tenía, al menos a corto y medio plazo, todas las de perder como así ha sido en su caso y, tras su dimisión, en el de Josep Maria Bartomeu. Hoy se entiende mejor, cuando ya casi ha quedado vista para sentencia otra absolución de ambos en el segundo, último y definitivo juicio por Neymar, que ni siquiera pudiera permanecer en el cargo cuatro años antes de dimitir y que, pese a retirarse de la escena y de la primera línea mediática e institucional, fuera víctima de un acoso judicial y policial sin precedentes.

Como el primer juicio por Neymar, la inexplicable e indocumentada reclamación del fondo de inversión DIS ha resultado ser una farsa de tal calibre que también se ha cerrado con otro insólito desenlace cuando, el viernes pasado, la propia Fiscalía tiró la toalla ante la falta de indicios de delitos penales. No podía acabar de otro modo una causa que el instructor de la Audiencia Nacional, el juez José de la Mata, ya había archivado dos veces antes de que el ministerio público le obligara a abrir juicio oral.

Las fuerzas malignas del entorno azulgrana, las que han estado detrás de esa gran operación para arruinar el paso de Neymar por el Barça, se han reencarnado desde la oposición en la actual junta de Joan Laporta quien, en el colmo de la maldad, planificó y colaboró junto al intermediario Pini Zahavi en la fuga de Neymar al PSG, no sin mediar una comisión muy interessante. Fruto de esa buena relación personal con el entorno de Neymar, el actual presidente decidió renunciar al beneficio judicial de haber ganado un pleito que obligaba al brasileño a devolver la parte de la prima que había cobrado por renovar antes de irse a París y dejar plantado al Barça.

Hoy se sabe que la querella origen de Jordi Cases contó con la tutela y promoción directa y personal del aparato de Laporta en la oposición, herido como estaba tras perder unas elecciones que creó tener ganadas frente a Bartomeu. Su pressión acabó en ese intento forzado y fallido de asaltar el palco por culpa del tridente Messi, Neymar, Suárez, protagonista del triplete de 2015.

Por más que se haya querido presentar su fichaje como una estafa, un delito de corrupción, de falsedad documental o de infracción fiscal, los hechos han acabado demostrando que el Barça, presidido por Rosell, no hizo nada distinto de lo que Florentino también había intentado, poniendo en juego el doble de dinero en premios y primas para toda la familia de Neymar y del Santos. La diferencia es que Neymar quería jugar con Messi en el Camp Nou y que el argentino fue el primero en recibirlo con los brazos abiertos. Para el Madrid y para Laporta era el peor de los escenarios.

La putrefacción, el escándalo y las conspiraciones más bajunas se han encontrado finalmente no en el fichaje, sino en ese entorno empeñado en evitar su éxito y el del Barça con el refuerzo de Neymar. No hay más que recordar el tipo de mensajes que, por ejemplo, la actual vicepresidenta, Elena Fort, repetía por aquel entonces en Twitter como si el fichaje de Neymar, en lugar de alegrar su espíritu barcelonista, le hubiera amargado la existencia: «Esta junta negocia en nombre del Barça condicionando las negociaciones a los intereses de Sandro Rosell. Se mire como se mire es un escándalo. Otro. Uno más. No tienen freno (…) El fichaje de Neymar nunca fue una cuestión estrictamente deportiva. Y el daño en todos los sentidos que ha hecho al club es irreparable (…) Yo diría que el Barça ha perdido dinero con toda la operación Neymar. Y algunos han ganado mucho».

Esta última reflexión, de alguien como ella de quien no consta que hubiera celebrado esos títulos del Barça del tridente con Luis Enrique, refleja la desesperación, el rencor y el odio, pues precisamente con la huida de Neymar al PSG el Barça obtuvo la más elevada plusvalía de la historia, de 170 millones.

A Elena Fort y a los suyos, con Laporta a la cabeza de un amplio entorno desde las sombras, no les quedó otro remedio que ensañarse con la gestión de Bartomeu hasta echarlo del palco. Si ya despreciaron y desprestigiaron el triplete de Luis Enrique, cómo no iban a denostar los dobletes de Ernesto Valverde (Liga y Copa) por considerarlos un botín pobre y por debajo de las expectativas y de los recursos del equipo.

Esa obsesión por ‘desilusionar’ al barcelonismo no sólo ha sido su credo y su única razón de ser de todos estos años. Incluso ahora, tras recuperar el poder, aún no se han dado cuenta de que en realidad sólo están demostrando su admirable y experimentada capacidad destructiva, pues es eso a lo que se ha dedicado Laporta desde 1997, a opositar, degradar y atacar al presidente de turno, 25 años de los cuales 16 se ha dedicado a infamarlo. Es su única especialidad, como queda demostrado, ir en contra del poder sin ninguna habilidad, sentido común ni estima por la institución.

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