El vértice ciego de la transición ecológica

Este verano por fin se ha introducido en el debate político fin uno de los temas que parecían tabú (la energía) cuando se hablaba de lo que a estas alturas nadie cuestiona a nivel global, las medidas que deben tomarse para combatir el cambio climático.

En este sentido, se hizo un curso especializado en el CSIC sobre los límites y posibilidades de la transición energética, en el que una de las conclusiones que destacó su director, Emilio Santiago, es que no existe un consenso científico de cómo debe realizarse esta transición energética.

Como ya habíamos escrito en esta revista y habían advertido hace muchos años científicos como Antonio Turiel, en la actualidad existe una inseguridad de suministro de combustibles fósiles, lo que ya está comportando medidas de ahorro energético en todo el continente y un fuerte impacto en sus industrias, como la caída de la producción del petróleo que probablemente en 2022 supondrá un descenso de un 7% y que, hasta 2025, según las estimaciones más optimistas, puede ser hasta de un 30%.

La sensación expresada por casi todos los ponentes es que esto en parte se debe a que hasta ahora en las élites decisorias el vértice de la energía no se había introducido como elemento esencial de la transición ecológica, mientras que sí se tenían en cuenta los factores socioeconómico y político.

Hay consenso en que el horizonte de futuro será cien por cien de energías renovables, pero donde hay debate es en cómo se realiza esta transición energética.

Pedro Fresco, director general de Transición Ecológica de la Generalitat valenciana, expuso en su intervención en este curso que ahora mismo no existe en el imaginario colectivo una demanda suficientemente fuerte para cambiar la estrategia actual, una estrategia que básicamente se centra en la electrificación masiva con energía eólica y solar y la mejora de su eficiencia.

Alicia Valero, profesora del grupo de investigación de Ecología Industrial en el Instituto CIRCE y experta en recursos y reservas de elementos minerales, explicó que este camino hacia las renovables, además de la necesidad de mejorar en su innovación para aumentar su eficiencia, debe realizarse reduciendo el crecimiento exponencial actual. Valero afirmó que, al igual que hemos llegado al pico de los combustibles fósiles, está ocurriendo lo mismo con los minerales necesarios en la tecnología de la energía renovable, como coches eléctricos, baterías de almacenamiento, energía solar y eólica. Si en los próximos años no se reduce la hiperextracción de minerales y no se controla su demanda, habrá inseguridad en su suministro para realizar la transición energética.

Otro punto importante al que se refirió Valero es que si queremos realizar una transición a renovables, y eso será inevitable en las próximas décadas, será imposible hacerla sin explotar minas. Por tanto, no será suficiente con importar elementos como litio o tierras raras (que son diecisiete elementos de la tabla periódica como el neodimio o el disprosio, que son esenciales para hacer los chips que utiliza la industria automovilística o las tecnologías de las energías renovables) para realizar baterías o placas solares. Esto querrá decir que deberemos enfrentarnos a la contradicción de explorar los recursos de nuestro territorio, lo que supondrá impactos en nuestros paisajes y ecosistemas. Minas y sostenibilidad es, según dijo, un oxímoron.

En este momento no se está realizando una transición hacia las renovables porque, aunque están creciendo, los combustibles fósiles lo están haciendo en la misma proporción. Lo que sí está ocurriendo es que estamos transitando de una dependencia de los combustibles fósiles a una dependencia múltiple de elementos minerales, ya sea en forma de materiales en bruto o de minerales ya refinados. Esto significará que Europa, que hasta ahora había sido muy dependiente de Rusia por los combustibles fósiles, de forma paulatina lo pasará a ser de China, que es quien acapara casi todo el mercado de las tierras raras.

Para realizar una transición a energías limpias, según dijo Mariano Marzo, catedrático emérito de la Universidad de Barcelona y doctor en Ciencias Geológicas, será necesario, en primer lugar, garantizar el suministro energético para todos, posteriormente que este suministro sea seguro y eficiente y, finalmente, tener en cuenta su elevado coste. Por todo ello, aseguró que se tendrán que tener en cuenta dos variables: el ahorro, que comportará el cambio de nuestros hábitos, y la eficiencia, con el recurso a la tecnología.

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