¿Por qué Laporta ha agravado la crisis de juego del Barça?

Piqué, Busquets i Alba, en l'equip titular contra el Celta del 9 d'octubre

Esa irresistible tentación de Joan Laporta de complacer a todos los públicos acarrea consecuencias funestas, como el impacto de su crítica a los capitanes en la asamblea del domingo pasado. El presidente, queriendo justificar lo injustificable, recurrió a la bajeza de relacionar los buenos contratos de Piqué, Busquets y Alba con el aumento del 27% de la masa salarial, disparada hasta una cifra inasumible de 656 millones.

Una afirmación perversa e inoportuna cuando apenas faltaban unos minutos para el arranque del Barça-Celta en el Camp Nou. La vertiente malévola del comentario, apuntando que pese a haberles invitado a rebajarse el salario, a perdonar parte de él en realidad, no se habían mostrado sensibles a la situación de club, resulta objetivamente injusta. Y contradictoria, pues Laporta los había calificado de héroes la temporada pasada, cuando ayudaron al presidente a digerir en el vestuario la marcha de Messi y también a generar el caldo de cultivo apropiado para echar a Koeman.

Ahora, en cambio, son los villanos según este mismo presidente que, como es habitual, los ha dejado en la estacada y enfrentados a la afición cuando ya no los ha necesitado.

En cualquier caso, pocos barcelonistas pueden discutirles a los tres su rendimiento y títulos, siendo además titulares de Xavi el curso pasado hasta que durante el verano, por los problemas económicos derivados de fichar por encima de las posibilidades del club, el entrenador recibió la orden de apartarlos de la titularidad.

No a todos, pues Busquets, que este año acaba contrato, ha seguido siendo titular indiscutible porque también había que castigar a Frenkie de Jong.

Jordi Alba, por su parte, sí había aceptado una rebaja, mientras que a Piqué, de facto, se le caerán más de 10 millones de su contrato este curso debido a que no cobrará los bonus que le corresponden a partir de jugar una serie de partidos, y mucho menos podrá renovar automáticamente por otra temporada, dejando de ganar otros 40 millones.

Por tanto, nada tiene que ver su situación salarial, a la baja, con el hecho de que Laporta no haya sido capaz de recuperar los ingresos del club de antes de la pandemia -el resto de los clubs sí- ni de generar suficiente atractivo para nuevos patrocinadores. El caso de Spotify, que paga por la camiseta y otros activos bastante menos que lo que ingresan por lo mismo otros clubs como el Madrid, Liverpool o el Manchester United, resulta significativo.

Pero si los jugadores no se han sentido inclinados a renunciar a un porcentaje de sus ingresos se debe sobre todo a que no existe, bajo ningún concepto, el menor rastro de una cierta austeridad, prudencia y ahorro por parte de Laporta ni a la hora de fichar ni en las comilonas ni en los viajes. Tampoco en los gastos que se han descontrolado y que se tapan con ventas de activos que empobrecen el club.

Cuando además es el presidente quien pone en la picota a jugadores que han de defender los colores del Barça en partidos trascendentes puede pasar, como ha ocurrido, que algunos acusen esta presión inesperada y el malestar de sentirse señalados por la grada, por su propia afición.

¿Qué ha conseguido Laporta con ese desliz innecesario en la asamblea, precisamente cuando el equipo sufre tantas bajas y los jugadores acusados de ser poco barcelonistas le han de sacar las castañas del fuego a Xavi?

Lo de siempre, empeorar las cosas.

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