«TV3 no responde ni al mínimo exigible de criterios»

Entrevista a Rosa Maria Puig-Serra

Periodista. Ha trabajado en diferentes medios, sobre todo a radio y, concretamente, a Radio 4, de RNE. Ha sido guionista, locutora… y ha dirigido programas e informativos, entre el cuales el boletín en catalán de Radio Exterior de España. Forma parte de Fed. Dirige ​​Las noticias de lengua y trabajo, revista cultural de la UGT de Cataluña.

La comunicación pública, altisonante, pero en crisis: ¿por qué?

Hay diferentes factores. Entre ellos, uno de muy conocido: cuando hay muchísima información, pero no pasa por los filtros adecuados, se convierte en desinformación. Hasta hace relativamente poco, la información llegaba a través de circuitos profesionales. Mejores o peores, manipulados o no, pero eran circuitos en los cuales había criterios que permitían evaluar y colocar cada información en su lugar. Ahora nos llega información a través de un diario, la televisión, la radio, y también a través de las redes sociales, con la misma posición. Esto crea un desorden importante, porque no hay criterios. Demasiada información y elaborada mal. También es evidente que la tecnología ha propiciado un cambio fundamental. La gente joven se informa a través de las redes. La prensa escrita no se compra, e incluso la televisión ha dejado de ser el medio más utilizado para informarse.

Con esta pérdida de referentes, ¿a que conviene atenerse?

Antes, en teoría, la prensa británica era seria, pero el Brexit ha puesto a cuerpo descubierto la distorsión informativa, el protagonismo de las fake news, y no ha pasado nada. Estamos hablando de un país democrático con una gran tradición de libertad de expresión, y prensa seria. Y esto pasa en todo el mundo. Respiramos un aire tóxico. Lo que está pasando es que la información llega ahora a través de los bonos técnicos informáticos, de gente que tiene la capacidad técnica de la manipulación. Solo hay que tener dinero y ganas para poder contratar estas personas y salir adelante.

¿Cómo salir, evitar o huir de este paysage médiatique, como dicen los franceses?

Veo la profesión bastante desconcertada. Hay iniciativas, gente que prueba de buscar salidas. Hay seminarios, debates en las universidades, etc. Pero en estos momentos de transición es complicado encontrar caminos. Los nostálgicos seguimos con nuestros diarios, intentando informarnos, profundizar en la información, pero nuestros hijos y nuestros nietos no están en esta ola. Hay intentos de hacer más atractivas las plataformas, adaptándose a los formatos y cánones establecidos por las nuevas tecnologías.

Lo que denominábamos “prensa de partido” era muy identificable. Ahora los medios hacen ver que huyen, como esperitados, de las formaciones políticas y, sin embargo, se adscriben a ellas y a sus ideologías de manera descarada…

Absolutamente. Sin genes de vergüenza. Antes tampoco. Tú leías, escuchabas un medio de comunicación y sabías exactamente quién había detrás. Pero, ¿Qué hacías? Contrastabas, establecías tus filtros. Ahora, con la proliferación de medios, hay personas que se informan únicamente a través del que consideran sus fuentes afines de comunicación. Los que les dan la razón, vaya. Antes se podía leer La Vanguardia, El Periódico, El País… y también el Avui. A partir de aquí, elaborabas tu propia información, sabiendo a que respondía cada medio. Ahora no hay este contraste. Predomina una especialización ideológica muy fuerte, cosa que genera una pobreza informativa importante.

Esto, en Cataluña, parece haber adquirido, a veces, aires de auténtico frente de batalla…

Hay momentos de tanta manipulación que harían avergonzar estudiantes de primero de Ciencias de la Comunicación. Vas viendo, por ejemplo, TV3, y te quedas sorprendido porque no responde ni al mínimo exigible de criterios en la hora de elaborar una noticia. Se seleccionan los elementos que interesan, minimizados, y se ofrecen a una audiencia acrítica, que los consume por costumbre. A la hora de valorar estas audiencias, también se produce una distorsión. Se utilizan baremos sesgados. Con la cantidad de dinero que reciben, incluso los porcentajes de audiencias que exhiben, a veces con triunfalismo, no dejan de ser muy tristes. “Somos la primera”, se oye decir desde TV3, cosa que tampoco es tanto en un mercado muy atomizado.

¿Qué podemos decir de los consensos, casi automáticos, que se crean a los medios en cuestiones como, por ejemplo, la guerra de Ucrania? ¿Quizás el Gran Hermano (USA, OTAN…) los determina, en detrimento de la diversidad informativa y de opinión?

Falta de finezza informativa. No hay matices. Van tendiendo a una información en blanco y negro, sin matices. Puede ser evidente la agresión de un país a otro, pero, está claro, hay que profundizar, analizar los motivos, los intereses en juego… Una cosa enormemente compleja que requiere un debate reforzado. Si no, la información se convierte en propaganda. Cada vez nos hace más pereza pensar. Necesitamos el titular, aunque nos indigne, quizás. Esto es también parte de la crisis de los medios y no solo de ellos. También es un fenómeno cultural, social… La aparición de los nacionalismos no es una casualidad. Es un elemento más en toda esta situación.

¿Todo esto está incluso transgrediendo las tradicionales líneas rojas del insulto y la mentira?

Sin ningún tipo de pudor. Las reglas de juego, el estilo, el lenguaje… son cosas que requiere la comunicación. Sin esto no es posible habla. Cuando llegas al insulto, se han acabado los argumentos. En estos momentos, prevalece el insulto. Ahora ni se argumenta. Directamente, se insulta. En todos los campos. El fenómeno Ayuso es digno de estudio. Alguien con su insolencia, no se puede negar que es muy popular. Gana elecciones. Y en esto los medios tienen mucho que decir. Asocian su estilo al de la gente. Así, en general. De aquí su éxito en las redes, porque el que te lo dice es el compañero de trabajo o el cuñado. Alguien que tú conoces. Todo esto está acompañado de una campaña muy fuerte contra todo el que podría ser calificado de “intelectual”. Intelectual se ha convertido en un insulto. También es verdad que la izquierda y los medios de izquierdas han practicado cierta soberbia y han contribuido a la expansión del populismo. Ante el intelectual que te mira por encima del hombro y Ayuso, que te la puedes encontrar tomando una caña, pues ya está…

La tendencia en la objetividad, el talante científico, la investigación de la verdad.., también pierden terreno ante el que es corriente, popular, ante el “pueblo”, que no deja de ser un concepto un poco etéreo…

La palabra “pueblo”, a veces me asusta. Porque, ¿Quién la utiliza? ¿Quién es de este pueblo? Muchas veces, siento políticos diciendo que el “pueblo lo pide”, “el pueblo que represento”, y yo no me siento en absoluto representada. El pueblo es un conglomerado de ciudadanos que piensa de manera diferente. Como que la palabra “pueblo” aglutina el número más grande de personas posible, pues parece que esto se traduce en votos, y lo tienes todo ganado, y por mucho de tiempo. Porque, volviendo a la pereza intelectual, resulta difícil ser capaz de reconocer que se está instalado en quimeras. En el proceso independentista se ha visto muy claro. Los indicios de engaño, improvisación, frivolidad… han sido tantos que resulta difícil no verlos. Una cosa que, indudablemente, tiene que tener bastante a ver con los 700.000 votos que perdió el independentismo en las últimas elecciones autonómicas. Muchos están bajando del burro, aunque es verdad que el núcleo más hiperventilados es el que más se hace sentir.

Si en el fondo de estas realidades parece latir siempre y con fuerza el desconocimiento, la ignorancia, ¿Cómo es que no se plantea de verdad una educación para la comunicación en la escuela?

La enseñanza está muy mal. Hay alumnos que ven sus profesores como analfabetos porque no han sabido bajar un programa o han tenido que preguntar a sus alumnos sobre cuestiones informáticas. Aquí hay una grieta generacional importante. Para un profesor es más rentable ser popular y simpático, siguiendo la mayoría, que enfrentarse a las cosas promoviendo la reflexión. Han aparecido algunas plataformas, como Maldita.es y Verificado, en contra de las fake news, que tienen una línea dedicada la escuela. Dan claves a los alumnos para que sepan posicionarse ante una información y dispongan de elementos suficientes por saber si es verdadera o falsa. Como la vida misma. Porque es la vida quién te enseña a vivir. Aunque también es verdad que, si tienes un sentido realmente reflexivo, de hacer frente a las grandes verdades y cuestionar una serie de cosas, acabarás recibiendo muchas veces. Pero el lenguaje, también cada vez más pobre, nos salva. Hablar, en definitiva, es el que nos ha hecho humanos.

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