¿Por qué se oculta que el Espai Barça no arranca?

Joan Laporta

Las últimas informaciones periodísticas apuntan que la directiva de Joan Laporta estaría negociando con LaLiga y la Federación Española de Fútbol una modificación del calendario de competición para el inicio de la temporada 2024-25, de modo que el Barça disputaría los cuatro o cinco primeros partidos de aquella Liga fuera de casa. Ese margen, mientras jugara en Montjuïc, le permitiría ir rematando el grueso de las obras y planificar con más garantías el regreso del equipo, pero sobre todo de la afición, al que ya sería el nuevo estadio azulgrana. Igualmente, según ya se ha avanzado, se trataría de una apertura provisional sujeta todavía a innumerables tramos finales que, con certeza, no permitirían hacer coincidir el estreno oficial con la celebración del 125 aniversario del club, el 29 de noviembre de 2025.

Esa es la versión más optimista, la que ha sido convenientemente filtrada a la prensa en estos días sin fútbol del primer equipo, para rellenar esta actualidad huérfana de noticias deportivas y con el riesgo mediático de que los analistas puedan poner el foco en las profundas dudas, riesgos, embustes, falta de transparencia y secuestro democrático de los derechos y de las libertades de los socios que envuelven las palancas y el formato telemático de la asamblea.

Según se mire, la astucia y habilidad del departamento de comunicación azulgrana para contaminar e intoxicar las redacciones es tan libre como preocupante la permeabilidad de la prensa a estas filtraciones y su incapacidad para contrastar las informaciones. Sobre este tema, la elección de una nueva dirección arquitectónica para la reforma del Espai Barça, la que afectaría al estadio, desde hace una semana a favor de Torrella, significa que el proyecto ejecutivo está por hacer y que, en el mejor de los casos, no entraría en el Ayuntamento de Barcelona hasta dentro de unos meses y la licencia se retrasaría por lo menos hasta bastante después de las elecciones municipales. Si a ese factor de retraso se le añade que las licitaciones también requieren su tiempo, y que Goldman Sachs no suelta el dinero porque no entiende nada de lo que está pasando, el cumplimiento de ese calendario resulta imposible.

Además, hay que ser periodísticamente muy cándido para escribir que la directiva ya aborda con LaLiga jugar primero fuera de casa en agosto, septiembre y octubre de 2025, cuando no está ni sorteado el de la temporada 2023-24. Lo que pretende la junta, consciente de que el Espai Barça no arranca, es precisamente aparentar lo contrario, que todo el proceso va muy deprisa.

El peor escenario, por tanto, cobra vida apuntando la posibilidad de que Torrella no realice el proyecto ejecutivo y se deje, por tramos, en manos de los mismos conductores. Puede que entonces se reduzca un poco esta inevitable dilatación a cambio de perder el control del presupuesto y de un aumento de los costes. Exactamente es a eso a lo que Goldman no quiere jugar.

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