Los nexos catalanes

En las últimas semanas se han escrito muchos artículos, comentarios y tuits desde el entorno independentista que reclaman rehacer las complicidades y la maltrecha unidad secesionista. La suspensión de Laura Borràs como diputada (y presidenta del Parlament) y la posibilidad de que Junts per Catalunya salga del gobierno catalán han desnudado, por completo, las divisiones existentes que existen en esta esfera política. Se repite mucho que estamos en la «legislatura del 52%», que «hay más diputados independentistas que nunca»… pero permanentemente se obvia que existe otra parte de la sociedad catalana (de al menos la mitad) que no comparte esta hoja de ruta y que quisiera verse representada por el ejecutivo que preside Pere Aragonès. La teoría de gobernar para todos parece muy fácil, pero la práctica demuestra que es de una enorme complejidad y que hay que cuidar mucho las palabras y los gestos.

Además, resulta siquiera paradójico que estemos en una de las legislaturas más plurales desde la restauración de la democracia y que la Generalitat, más allá de las proclamas, siga gobernando para una parte de la ciudadanía (representada en 2 o 3 grupos parlamentarios) que es muy numerosa, pero que no es mayoritaria, ya que su meta política choca, de facto, con la voluntad de la otra mitad de la sociedad. Justamente uno de los grandes errores del movimiento independentista ha sido arrogarse el papel de la representación total de la población y, en consecuencia, no respetar en alguna ocasión los derechos de las minorías políticas (que de rebote son sociales).

Es cierto que la situación no es la del año 2017, ya que se han abierto vías de diálogo que antes no existían y que las estrategias de algunas formaciones han cambiado, pero el discurso sobre el que el independentismo pivota no ha variado: toda la culpa de lo que nos ocurre es del Estado. En esta línea, y para dotar de épica a su relato político, han estereotipado la oposición que existe en el Parlament como si ésta fuera monolítica y homogénea, y como si el único objetivo de todas las fuerzas que la componen fuera el aplicación del artículo 155 de la Constitución. Por este motivo, y desde sus inicios, han querido confundir, de forma premeditada, la opinión pública independentista situando a la derecha recentralizadora e identitaria al mismo nivel que la izquierda catalanista y federal. La gran diferencia es que la primera nunca ha sido la alternativa al independentismo, sino el espacio necesario para su crecimiento en momentos de crispación y para el auge de los sectores secesionistas trumpistas y extremistas. Por eso, la alternativa sólo viene y vendrá del catalanismo de raíz federal, que defiende la necesidad de alcanzar un marco político diferente, pero teniendo en cuenta las diferentes sensibilidades existentes. La exclusión del independentismo y la derecha española frente a la integración del catalanismo federal, en síntesis.

Además, y vale la pena subrayarlo, ha sido la vía catalanista, federal y pactista que han abanderado diferentes sectores sociales y políticos -algunos más progresistas y otros más conservadores- lo que ha evitado que el quebradiza de la sociedad catalana haya sido total. Personas que han sido duramente criticadas (en algunas ocasiones, incluso, insultadas) por no compartir ni el proyecto independentista ni el centralismo propugnado por la derecha española. Personas que han defendido sus ideas políticas desde su voluntad de preservar el respeto y la convivencia. Personas que se resistieron a las tentaciones identitarias y que evitaron que la sangre haya llegado al río. Personas que han hecho de nexo entre dos Cataluñas que se daban la espalda, pero que, sin embargo, estaban llamadas a la convivencia. Por eso, justamente, es fundamental no sólo que los gobiernos catalán y español dialoguen, sino que en Cataluña el gobierno de Aragonès lidere la construcción de un nuevo gran acuerdo político y de convivencia teniendo en cuenta la diversidad y el pluralismo de la nuestra sociedad. De hacerlo, el ejecutivo demostraría, por una vez, que también tiene vocación de entendimiento con la otra mitad de la población. El Debate de Política General de la próxima semana será clave para ver si hay un cambio de chip o si seguimos igual.

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1 comentario en «Los nexos catalanes»

  1. Menuda forma de fomentar la pluralidad permitiendo que el castellano siga estando fuera de la adquisición cultural académica de los escolares catalanas. Eso es, además de ilegal, profundamente excluyente y segregador. La cohesión social no sé produce al excluir de la educación la lengua mayoritaria de la sociedad, sino integrándola dentro del currículo escolar.

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