El laportismo pierde los nervios y se pone agresivo al primer contratiempo

Tras el empate frente al Rayo, las reacciones de directivos como Mikel Camps y de otros personajes del entorno denotan crispación y violencia verbal sintomáticas de ese estado de ansiedad en el gobierno del club

Joan Laporta
Joan Laporta

El Barça galáctico de Laporta empieza a generar, más allá del nerviosismo detectado en el entorno tras ese empate ante el Rayo en el estreno liguero, una reacción puntual y coyuntural, cierta crispación que, por desgracia, tiene su origen y epicentro en el propio núcleo duro de la junta y en ese periodismo mediocre que todo lo envuelve. Verdaderamente, no se ha producido ni mucho menos la respuesta apropiada a ese empate que, si todo va como es debido, acabará siendo una anécdota en el largo devenir de la que será, gracias al Mundial, una Liga y una temporada interminables.

Al contrario de aceptar y entender como algo lógico y complicado la integración de los fichajes y darle al equipo ese margen de confianza que acredita la calidad y el precio de las nuevas estrellas del equipo de Xavi, los personajes que encarnan especialmente la vulgaridad y el fanatismo del laportismo no sólo han sacado las uñas, sino que están provocando y agudizando la generación de una tensión que empieza a palparse en el ambiente. La explicación es también muy sencilla, pues nadie mejor que este ejército de ‘palmeros’ -el grueso de la guerrilla que se dedicó durante años a socavar, criticar y negativizar la dinámica del Barça de Bartomeu, incluido el Triplete de Luis Enrique o los dobletes de Valverde- conoce la necesidad de aprovechar cualquier brecha, circunstancia o mal resultado, para agitar el entorno, prensa y redes sociales, con la única finalidad de provocar el caldo de cultivo contrario a la junta para debilitarla ante la opinión pública. Esa fue su estrategia incendiaria, irresponsable, pirata, manipuladora y constante, en alianza con los poderes políticos, económicos, policiales, judiciales, sociales e institucionales que históricamente han dado apoyo cobertura a Joan Laporta.

Por eso, preventivamente, al primer contratiempo se creen acosados y víctimas de una conspiración como la que ellos hubiera activado en las mismas o parecidas circunstancias. Sólo una mínima parte del periodismo, aunque con una elegancia y sensibilidad extrema, ha expresado cierta decepción por el juego ante el Rayo. Nada más. El resto ha vuelto a escribir compulsivamente sobre los mismos argumentos, reiterados y recurrentes, que han acompañado cada reset de la etapa de Laporta. La frase “con Laporta se ha recuperado la ilusión” ha sido el eslogan usado abusivamente cuando ganó las elecciones, cuando iba a renovar a Messi, cuando eligió quedarse con Koeman, cuando lo despidió -en ese momento especialmente-, cuando fichó a Xavi, cuando el equipo fue cayendo sin remedio en todas las competiciones, cuando fichó a Ferran Torres, Adama, Alves y Aubameyang, cuando los capitanes fueron considerados héroes, sobre todo cuando Xavi pudo contar con Pedri y Dembélé, ya recuperados, y llegaron los mejores resultados, cuando se dio la oportunidad de jugar la Europe League y ganarla, también cuando se celebró como un gran título el subcampeonato y la clasificación para la Champions, cuando llegó el verano y se especuló con el fichaje de Haaland, cuando arrancó la definitiva limpieza del vestuario y ya de un modo desatado y clamoroso cuando Laporta decidió arrasar en el mercado a base de empobrecer letalmente un club al que ya ha arruinado con esa ordinariez, ignorancia y brutalidad que, por alguna razón, los socios del Barça admiran e interpretan como una exhibición de liderazgo y de osadía. 

Ese núcleo duro, sin embargo, sabe que esta es la última carta, desesperada, de riesgo finalista y definitiva después de un año y seis meses de no haber dado pie con bola con la excepción del excelente rendimiento de la doma periodística y el rodillo comunicativo, agresivo, que ha conseguido convertir en disidentes, enemigos y blanco de los francotiradores de las redes, de los opinadores y de los medios a todos aquellos que no dicen amén incondicionalmente al discurso oficial. Los señalados se las han de ver con la ‘gestapo’ laportista.

Por poner un ejemplo paradigmático basta con seguir el twitter fascistoide, clasista e intolerante de Mikel Camps y repasar sus más y sus menos con La Resistencia del Palau, una activa y entusiasta plataforma de barcelonistas que defienden y reivindican como nadie las secciones profesionales del club. Fue suficiente una alusión de este colectivo al retraso que se vislumbra en la construcción del nuevo Palau Blaugrana para que el indocumentado directivo de Laporta mostrara su verdadera naturaleza en un hilo de Twitter para olvidar:

LA RESISTENCIA DEL PALAU @palauresist. “¡Algunos equipos como el Bayern se mueven bien y en 2024 ya tendrán un nuevo pabellón top! Nosotros ya hemos perdido la cuenta de los años que llevamos esperando un nuevo Palau @Fortelena @MikelCamps @JoanLaportaFCB @FCBbasket queremos respuestas y no silencios. La junta sí tiene la culpa de seguir sin proponer una solución al nuevo Palau, Seguimos sin proyecto y llevan más de un año en la presidencia…”

Mikel Camps @MikelCamps. “Seguís hablando sin tener ni idea, una cosa es proponer cosas y otra la crítica y además mintiendo, en fin…”

LA RESISTENCIA DEL PALAU @palauresist. “¡Cuando quieras puedes venir a nuestro podcast y nos explicas todo lo que sabes y nos dices en qué mentimos! Estaremos encantados de escuchar tus argumentos”

Mikel Camps @MikelCamps. “Ni tanto ni tan poco, chicos, sois unos socios muy respetables i apasionados del baloncesto, ¿Pero exigirme explicaciones?”

LA RESISTENCIA DEL PALAU @palauresist. “¿Pues a quién se las pedimos? Como socios tenemos derecho a conocer el futuro de nuestro equipo. ¿O no?”

Mikel Camps @MikelCamps. “Ya lo hemos explicado en asambleas, un poco más de atención quizá os iría bien”

LA RESISTENCIA DEL PALAU @palauresist. “Una pena. Parece que no podemos tener un club abierto a la contribución sana de los socios/aficionados, y si se aporta alguna idea ante el silencio del club en aspectos BÁSICOS se considera ésta como un ataque a TODO lo que hace la Junta y se bloquea a quien solo quiere ayudar”.

El tono y la actitud de Mikel Camps hacia esos aficionados que si destacan por algo es por su pasión por los colores, independencia de cualquier junta y sobre todo por su respeto hacia todos los estamentos del club son propios de quien les gobierna, Laporta, de cómo se gobierna el Barça internamente, de espaldas y en contra de los propios socios a los que Camps ya ha despreciado públicamente en más de una ocasión.

A este puntual desvarío debe añadirse la denuncia de Toni Freixa, cansado de amenazas e insultos que, con su conocimiento de Twitter, atribuye a esa innumerable cantidad de cuentas anónimas y artificiales que desde hace muchos años se dedican exclusivamente a la tortura de los barcelonistas que no comulgan o no se han rendido al laportismo militante. “Ignoro infinidad de comentarios: calumnias, injurias, difamaciones, mentiras… pero cuando hay connotaciones de amenazas y violencia creo que debe denunciarse. Creo que debería investigarse quién está detrás de estas cuentas y cómo es que funcionan tan organizadamente”. Los mensajes de tono inequívocamente violentos del tipo “¡Que ganas de encontrarte algún día por la calle!”, se le acumulan en su cuenta, sobre todo por haber escrito sobre la política deportiva de los dos últimos años. “Memphis, Agüero, Eric, Demir, Emerson Royal, Abde, Luuk de Jong, Jutglà, Alves, Adama, Ferran Torres, Aubameyang, Ferran Torres, Kessié, Christensen, Raphinha, Koundé, Lewandowski… 18 incorporaciones en un año y quizás acabaremos con 20/21. ¡Ojalá encontremos la estabilidad pronto!”. La intransigencia y el sectarismo fanático son la cara más visible de ese laportismo en las redes sociales.

La gestión de Laporta, a base de vender con excesos y abusos de poder, también ha despertado la crítica internacional de futbolistas ya retirados como Marco Van Basten que avisan del peligro de esta conducta del presidente. «Creo que Johan Cruyff habría sentido vergüenza si hubiera visto cómo actúa el Barça hoy. En mi opinión, el comportamiento del Barcelona ha estado muy por debajo de sus estándares», acaba de decir en alusión directa a la situación de su compatriota Frenkie de Jong. Lo mismo le sucede a Gary Lineker, que ha tuiteado su opinión: “le están tratando como si sólo fuera un trozo de carne por circunstancias ajenas a su voluntad. Puedo entender cómo se siente Frenkie. Va a tener que ser fuerte. Esto es muy raro. Parece que el Barça le quiere, pero va a tener que venderlo. Es una pena que todo esto acabe así”.

La gestión de la plantilla de este verano, a falta de comprobar cómo acaba todo el 31 de agosto próximo, está dejando, desde la soberbia y prepotencia de Joan Laporta, un rastro de inquietud y de malestar que indudablemente afean la reputación del FC Barcelona. Le vendría bien al presidente y a su entorno un par de buenos resultados y buen juego rápidamente si se pretende evitar, aunque parece inevitable, una presión insufrible a ese vestuario. 

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