Nadie sabe qué le ha vendido Laporta a Mediapro a través de Barça Studios

El súbito interés de Jaume Roures en pagar 100 millones por el 24,5% de una sociedad deficitaria y sin futuro, combinando la generosidad, la urgencia y la necesidad de Laporta por vender, despierta las peores sospechas.

Joan Laporta

«Barça Studios no interesa a nadie. ¿Qué gracia tiene una productora que no tiene los derechos de los partidos y que lo más jugoso que puede ofrecer es un documental como Matchday que enoja a los jugadores?» Este es el primer párrafo de un reportaje reciente sobre la verdadera naturaleza de la enésima palanca de Joan Laporta, esos 200 millones con los que finalmente pudieron inscribirse sólo el 80% de los fichajes realizados o el 42% si se calcula que los pretendidos Marcos Alonso y Bernardo Silva aterrizarán en el Camp Nou tarde o temprano.

La opción de venta del 49% ha acabado siendo una tapadera empleada por Laporta para hacer negocios que nada tienen que ver con la producción y comercialización de contenidos audiovisuales y sí con la venta de activos aún por desarrollar pero que, resulta evidente, tienen mucho que ver con la forma de entender y de vivir el fútbol en un futuro quizá no tan lejano. El universo del blockchain, los Fan Token y la web 3.0, o el metaverso parece vislumbar un horizonte comercial y de consumo que, de forma inminente, asoma y plantea nuevos retos y posibilidades. 

Por esta razón, la venta sin recompra posible de ese activo único y exclusivo sólo puede interpretarse como un error estratégico sin precedentes en la historia del club, exclusivamente atribuible al fracaso de las estrategias y de la gestión de un presidente como Laporta que primero presume de haber ingresado 667 millones con las palancas por la cesión de los derechos de televisión y a los cuatro días, para evitar el ridículo más espantoso, necesita 200 millones más urgentemente para, por lo menos, atender las necesidades mínimas como inscribir a Lewnadowski y Raphinha (todavía no a Koundé) y al resto de los fichajes como Christensen, Kessié y Dembélé o al renovado Sergi Roberto mientras sigue sin cerrarse, también, el futuro de Gavi, cada vez más en peligro por las muchas y perversas variantes de su nuevo contrato.

A la fuerza, Laporta se entregó a las pretensiones de socios.com, que ya formaba parte de la herencia de Bartomeu. Un patrocinador innovador para un ámbito del negocio exclusivamente digital que ha sabido aprovechar el momento y la oportunidad para arrebatarle al Barça una de las áreas de explotación con más capacidad de desarrollo y puede que a medio plazo o menos sustitutivas de otras actuales. Laporta le entregó ese activo sin posibilidad de recuperación, lo que supone, desde luego, una enajenación del patrimonio que no produce otra consecuencia que el del empobrecimiento del club pasado mañana.

Le vendió el 24,5% de ese porcentaje minoritario del 49% previsto en la propuesta de la asamblea de octubre de 2021 aprobada por los socios. Existe, por supuesto, una razón de mucho peso que pueda explicar el motivo por el que esa palanca que llevaba exactamente diez meses durmiendo en un cajón se haya activado de pronto, en apenas unos días, para socorrer la emergencia de las inscripciones. Y es una explicación sencilla, pues Laporta no ha puesto en venta una parte de Barça Studios sino que se ha agarrado a esa solución tomo tapadera para la transacción de activos que no se corresponden, para nada, con la propuesta y los detalles sometidos a la aprobación de la asamblea.

Laporta tuvo que descartar muy pronto Barça Studios, su primera palanca, cuando descubrió que esa era una vía fantasiosa de los mismos que ya embaucaron a Bartomeu, Paco Latorre y Guillem Graells, directores respectivos de Barça Studios y de la Marca Barça, con la pretensión imposible de convertirlo en una plataforma de contenidos audiovisuales capaz de competir con Netflix, Disney y HBO.

Sobre el papel, un proyecto de grandes expectativas siempre y cuando le preceda una gran inversión, lo primero, y el acierto de producir después contenidos de éxito y lo suficientemente atractivos como para recuperar los costes de producción y además aportar beneficios al club. Posiblemente fuese una buena idea dejar en manos de especialistas el desarrollo de esta línea de negocio que, desde hace muchos años, ha resultado ser totalmente deficitaria, mucho más ahora que se ha inventado BarçaTV+, un canal costoso y exigente en cuanto a medios, aunque sin apenas suscriptores de pago.

Laporta, por lo tanto, vio la ocasión de colar como Barça Studios esa nueva industria del token, el blockchain y el metaverso y se quedó tan ancho, eso sí a la espera de que los juzgados decidan si esa venta encaja dentro de los parámetros de la autorización asamblearia.

Parecía que el resto de ese 49% se lo iba a quedar la sociedad propietaria del Cirque du Soleil, GDA Luma, realmente interesada en ampliar sus expectativas sobre la base del fútbol y del Barça después del éxito de su espectáculo inspirado en Messi y de las enormes posibilidades de la futurista concepción digital que ofrece ahora la tecnología. 

GDA Luma, sin embargo, quería hacer las cosas bien, como es debido y con la seriedad apropiada mientras que Laporta tenía encima la presión de las inscripciones, motivo por el cual tiró por el camino del medio y dejó ayudarse otra vez por Jaume Roures, administrador de Orpheus Media, una productora cuyos datos mercantiles parece ser que difieren bastante de esa imagen de sociedad especializada en una cosa y en la otra.

La letra pequeña de ese acuerdo con Mediapro no se conoce todavía ni posiblemente se haga pública, pero desde luego la velocidad con que se cerró el acuerdo, de la noche a la mañana, sin rumores ni informaciones previas que pudieran sugerir la menor negociación entre Laporta y Roures, viejos y poderosos amigos de ese entorno cruyffista del club que vive en la trinchera infinita contra Sandro Rosell y su descendencia, indica que Laporta le dio a elegir de entre todo el catálogo del club y y que a Roures no le interesaba para nada Barça Studios ni en su versión de hace un año ni en ese formato ampliado, al menos presuntamente, al nuevo mundo digital. 

Contra el recelo, las sospechas y las tenebrosas causas de ese acuerdo Laporta-Mediapro en el último segundo, Jaume Roures, según ha publicado el diario ARA sí dejó claro que el Museo del Barça no figura en las cláusulas del acuerdo concreto por Barça Studios, si bien no se abstuvo de decir que es «una máquina de guerra, una fotografía de la fortaleza del club y de la marca». Y es que en el club es vox populi que el fundador de Mediapro tiene entre ceja y ceja este equipamiento para hacer negocio a través de Mediapro Exhibitions, la rama del conglomerado que se dedica a la creación de exposiciones y espacios museográficos. Hace unos años, participó en la digitalización del Camp Nou Experience y ahora se postula para concebir el nuevo museo azulgrana, que con la reforma del Espai Barça será mayor que el actual para poder asumir más afluencia y aumentar los 60 millones anuales que deja en las arcas. Tan importante es el equipamiento para la generación de cash flow que mientras duren las obras en el Camp Nou el club lo ubicará en el actual Palau de Gel, lo que desplazará la actividad del equipo de hockey a una carpa adyacente.

Lo único seguro es que Jaume Roures no invertiría en una compañía deficitaria como es hoy, y lo seguirá siendo, Barça Studios, comprando sólo el 24,5% por 100 millones. También es bastante probable que, como en todas las decisiones de Laporta, el Barça salga perdiendo. 

La pregunta, por tanto, no es qué beneficio ha obtenido el club de ese acuerdo con Orphea Media -aparentemente 100 millones hoy- sino cuánto le costará. O sea, cuánto ganará Roures gracias a la generosidad y la necesidad, peligrosamente combinadas en esta operación, de Laporta. 

¿El doble o quizás más? Al tiempo.

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