Dembélé ya se ha convertido en otra palanca que Laporta necesita activar

Al contrario de la versión oficial, su renovación al alza no ha sido una apuesta de futuro sino una operación de traspaso, apremiante, en la que el delantero francés se embolsará la mitad del dinero

Como no podía ser de otro modo, la renovación de Dembélé ha resultado ser otro gran embuste por parte de Joan Laporta que la prensa oficialista se ha encargado de ocultar con un relato completamente inverso a la relidad. Durante semanas, la junta directiva y su aparato de comunicación estuvieron emascarando el verdadero sustrato de las negociaciones dejando entrever que el futbolista francés, desesperado, sin ofertas, cabizbajo y derrotado, iba camino de aceptar una sustancial rebaja de sus condiciones, las pactadas en su día con Josep Maria Bartomeu.

Así fue también como se vendió a los medios su renovación, casualmente cerrada una vez que hubo expirado su anterior contrato y podía negociar como agente libre. En teoría, Dembélé había sido derrotado y humillado con la estrategia implacable de Laporta y la intransigencia de Mateu Alemany, el ejecutivo responsable del primer equipo que llegó a perder la paciencia con su agente en más de una ocasión.

Ahora se sabe que no cobrará menos que en su anterior acuerdo y que además, en caso de un traspaso, se llevaría la mitad de la operación, pues con plena consciencia de todas las partes su nuevo contrato, que es solo por dos temporadas, inaceptable desde luego para un jugador de 25 años, delantero de condiciones excepcionales y únicas, con mercado y pieza clave en los planes de Xavi, fue diseñado para ser vendido lo antes posible. Condiciones que no se corresponden en absoluto ni con la prosa ni con la lírica mediática de su fichaje por segunda vez con el Barça tan alabada y cantada por una prensa a la que no pareció extrañarle ese mini contrato por dos temporadas después de tanto ruido y polémica.

No es, por tanto, una apuesta deportiva de futuro. Lo es mucho más la de Lewandowski, que ha firmado por cuatro temporadas con 34 años a punto de cumplir. Sólo es la consecuencia de dos cuestiones que por, al menos en apariencia, parecen ciertas, que Xavi lo quiere en su equipo y que verdaderamente la voluntad del futbolista era la de seguir en el Barça.

Esa incuestionable certeza, tan repetida por el entorno del futbolista a la prensa y por el propio jugador directamente a Xavi fue el motivo, sin embargo, del castigo y del acoso mediático al que fue sometido por la junta, la secretaría técnica, la dirección de fútbol, el entrenador y su staff y una afición que, de nuevo, fue completamente manipulada por esa ‘gestapo’ laportista. Al extremo que Dembélé fue amenazado, aislado del grupo, señalado como el demonio y apartado de las convocatorias por haberse negado a aceptar bajo coacción y amenazas una ampliación de contrato por debajo de las expectativas mínimas que le ofrecían otros clubs. Dembélé fue la víctima propiciatoria de aquel momento, enero pasado, de la desastrosa gestión deportiva de Laporta, empecinado en traer a Ferran Torres por 60 millones del City. Para poderlo inscribir la solución era ampliar el tiempo de contrato de Dembélé con una rebaja de su salario, impepinablemente antes del 31 de enero.

Ferran Torres es ese delantero del que Riqui Puig ha manifestado, cuando se creyó que nadie les escuchaba, que Guardiola no quería en su equipo porque directamente nunca creyó en él ya que sólo fue uno de esos fichajes del City Group para revalorizar y colocar a algún equipo sin demasiadas luces ni criterios acertados a la hora de fichar.

Siete meses después, Ferran Torres ya es uno de los suplentes más caros de la historia, el fruto de un traspaso que al City le ha facilitado el fichaje de Haaland, mientras que Dembélé ha ido ganando en reputación hasta convertirse en el mejor goleador de la pretemporda y en un futbolista que se deja querer por los medios y que parece más y mejor que nunca adaptado a la vida en Barcelona y a su club.

Idealmente, lo que se esperaría de un futbolista que, en connivencia con la junta directiva, busca ser traspasado si es posible en cuanto se abra el mercado de invierno o incluso antes de que acabe el verano.

En realidad, el final de la película estuvo forzado por la intransigencia de su agente, Moussa Sissoko, a la hora de cerrar un acuerdo que consideraba poco ventajoso. La solución aceptada por todas las partes fue recuperar ese dinero no contemplado de la prima de fichaje, que le correspondía como agente libre, con un traspaso cuando este se produzca, también inevitable si el delantero francés sigue marcando goles camino de convertirse en lo que acredita su contrato, en otra palanca de Laporta.

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