Laporta malgasta casi 900 millones para inscribir a sus tres ‘galácticos’ y sus millonarias comisiones

Atrapado en su propia trampa, tuvo que recurrir a Mediapro (Jaume Roures) para evitar el ridículo mundial y agravar aún más la economía de un club al que deja tocado de muerte financiera

Koundé, Lewandowski y Raphinha, los tres refuerzos 'galácticos del Barça' 2022-2023, de Joan Laporta
Koundé, Lewandowski y Raphinha, los tres refuerzos 'galácticos del Barça' 2022-2023, de Joan Laporta.

Joan Laporta, igual que hace un año con los avales, tuvo que recurrir al comodín de Jaume Roures, en el último segundo, para inscribir a seis de los siete fichajes de este verano, incluidos los tres por los que se han pagado comisiones millonarias, (Lewandowski, Raphinha i Koundé), del orden de casi diez millones por operación. Koundé ha quedado, de momento,  pendiente de inscripción y Marcos Alonso se ha quedado fuera pese a la movilización de recursos por un valor de ingreso contable real de 700 millones. e trata de recursos que cualquier otro presidente se podía haber gastado antes y que cualquier otro presidente habría tratado de preservar antes de que conducir al club a un estado de precariedad financiera y económica como nunca lo había estado.

Laporta se ha gastado esos 700 millones destinando 180 millones a fichajes, 125 millones a la amortización anticipada del crédito regular con Goldman Sachs y 451 millones a compensar, al menos en teoría, los 451 millones de patrimonio neto negativo que lastraban su margen salarial ante LaLiga. Pero deben dedicarse también a compensar el déficit del anterior ejercicio (más de 100 millones) y el previsto para el actual, que arranca con 41 millones menos de ingresos como consecuencia del cobro anticipado (durante los próximos 24 años) de los derechos de televisión.

Los números, como es evidente, no cuadran debido a la dudosa y controvertida operación de autofinanciación operada mediante la venta y la recompra de los derechos a una sociedad común con Sixth Street en la que Laporta, después de ceder los derechos los recompró por 150 millones del propio dinero del club para simular un beneficio por ese mismo importe, lo que vendría a ser la famosa plusvalía anunciada con motivo de la primera parte de la primera palanca. Laporta ha malgastado, en definitiva, casi 900 millones para inscribir a sus galácticos. Un asunto farragoso que tarde o temprano deberá regularse a nivel interno con fatales consecuencias.

A nivel de LaLiga no ha colado, lo que significa que cuando se cierre el ejercicio 2022-23, el club ofrecerá un resultado distinto al que pueda interpretar Javier Tebas, motivo por el que ya se puede presumir que el Barça volverá a ver reducido su margen salarial.

Poco importa ahora cuando se vive, gracias al discurso oficialista del club y de la prensa laportista, un estado de euforia y de entusiasmo sin precedentes sobre el argumento de que los fichajes resultan deslumbrantes, que Xavi dispone de un equipazo y que Laporta ha obrado un milagro económico también sin precedentes.

Los tres pilares mediáticos se sostienen si no se quiere reconocer que, efectivamente, el FC Barcelona nunca se había empobrecido tanto en tan poco tiempo, apenas dos meses, ni se había aplicado una terapia de gastos descontrolados e imposibles de recuperar con un desequilibrio ordinario de menos cien millones por temporada.

Laporta, como se verá en un futuro próximo, ha enviado al Barça a un pozo del que no podrá salir si no es a base de seguir vendiendo patrimonio y activos y desde luego entregando el control, la propiedad y el poder ejecutivo a un tercero, pongamos Goldman Sachs, que lo tiene mejor que nadie para hacerse con el gobierno del FC Barcelona sin hacer ruido ni escándalos.

Esta situación irreversible ha servido para llenar los bolsillos de un par de agentes amigos de Joan Laporta, para deshacer y rechazar la política de cantera que ha dado los mejores resultados de la historia, renunciar al juego y ADN Barça, tan identitario, componer un equipo de galácticos y, como no podía ser de otro modo, seguir justificando este disparate en base a la herencia de Bartomeu.

La realidad es que la herencia moderna de Laporta, lo mismo que en su momento el fraude de los terrenos de Viladecans, el escándalo Sogecable, la devastación que supuso Can Rigalt, el fichaje de Ibrahimovic o las maniobras también devastadoras a favor de Mediapro, ya han superado y multiplicado por cuatro las consecuencias del impacto de la pandemia en las cuentas del club.

El éxito del laportismo, hoy encumbrado y celebrado como nunca, sigue siendo el del dominio mediático, del discurso y del mensaje por encima de esa ciénaga de su gestión, oscura y en dirección contraria a los intereses del club.

La realidad es que ni con los 700 millones ni la plusvalía de casi 200 que se ha fabricado artificialmente no se ha podido inscribir a todos los jugadores ni solucionado la pésima perspectiva económica de este ejercicio, que sólo se salvará con la venta de jugadores y los recortes salariales de Piqué y de Busquets, a los que se ha puesto, como a Frenkie de Jong, en el punto de mira (también a Ter Stegen y a Lenglet) de la opinión pública como los nuevos culpables y cómplices de la gestión de Bartomeu. Ese es el único círculo virtuoso que sabe mover Laporta, el del embuste y la manipulación periodística a gran escala.

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