Laporta presiona a la LaLiga para que admita sus fantasías contables

Ha enviado a Javier Tebas una interpretación propia sobre el impacto de sus palancas y el cálculo del margen salarial sabiendo que todavía no puede inscribir ningún fichaje pese a los 750 millones aportados

Joan Laporta
Joan Laporta

Cualquier socio del FC Barcelona debería estar preguntándose ahora mismo cómo es posible que ya esté confirmada la activación de una cuarta palanca si, como viene informando la prensa citando fuentes solventes del club, Laporta ya ha vendido activos por un presunto valor superior a los 750 millones. No sólo eso, también insisten el entrenador y el presidente en que no se puede descartar la venta imperiosa y urgente de futbolistas como Frenkie de Jong, y puede que también Memphis Depay a menos que el centrocampista holandés se rebaje un salario que para nada está fuera de control, como se ha venido filtrando de forma embustera desde dentro del club. 

Con De Jong sucede que están llegando inmejorables ofertas de la Premier, del orden de los 80 millones y, por tanto, irrechazables para el angustiado y desesperado presidente Laporta, al mismo tiempo que se deben actualizar, igual que al resto de la plantilla, los salarios diferidos, o sea atrasados, de las dos últimas temporadas. Lo que se espera de Frenkie de Jong, en definitiva, es su conformidad para ser traspasado al club deseado por la junta, al Manchester United que no juega Champions, y que se vaya perdonando buena parte de lo que legítimamente le corresponde.

Si no es así, si no se somete a la voluntad del presidente, la prensa ya tiene instrucciones para seguir haciéndole la vida imposible bajo esa cínica postura del presidente. “Quiero a De Jong, quiero que se quede -dice-, pero debe entender que ha de ayudar al club”. 

En cambio, no se pronuncian en público ni de forma tan hipócritamente acosadora, tanto Laporta como Xavi, por las respuestas de Gerard Piqué y de Sergio Busquets que han venido ignorando olímpicamente las sugerencias e insinuaciones de la junta en el sentido de rebajarse considerablemente sus condiciones económicas. Ambos, como el resto del vestuario, con excepciones como Frenkie de Jong, reaccionaron con una guerra abierta y una conspiración en contra de Bartomeu, liderada por Messi y Suárez, cuando se les impuso una rebaja del 12% como primera contramedida para paliar el bajón de ingresos por la pandemia. 

Todo indica que ni Busquets ni Piqué, y mucho menos Jordi Alba, están por una rebaja de sus condiciones, mucho menos frente a la actitud de un presidente como Laporta que no está ni mucho menos aplicando medidas de austeridad y de prudencia financiera no sólo en la vida de cinco estrellas que se dan a acosta del club él, su junta y su círculo de amiguetes. A nivel de fichajes y de contrataciones de nuevos jugadores, Laporta ha batido todos los récords de traspasos para darle a Xavi todos sus caprichos y fantasías.

No cuadra ni tiene sentido esa espiral desenfrenada de gasto en la compra compulsiva de los jugadores más caros del mercado, excepto Haaland, pues entre Raphinha, Lewandowski y Koundé Laporta ya ha soltado 190 millones reales, en contraste con el reconocimiento de un déficit estructural de recursos y de ingresos ordinarios tan alarmante que han sido necesarias estas descomunales operaciones de anticipo de ingresos por los derechos de televisión de los próximos 25 años y de la venta irrecuperable del 25% de los activos con un crecimiento de futuro más destacable, que no es Barça Studios sino el sector del blockchain, las NFT y el metaverso como se ha incluido de forma arpía y tramposa bajo ese paraguas.

Aun así, Laporta es consciente de que LaLiga le va a exigir una solvencia que nada tiene que ver con el cuento que vende la prensa controlada por la junta sobre una economía que en realidad está absolutamente rota y ya es irrecuperable para un club con un presidente que ha cerrado los ojos y ha hecho saltar al Barça al vacío y sin paracaídas.  En lugar de rebajarse, la masa salarial se ha disparado en 60 millones más a pesar de haberse librado de Messi (135 millones de coste) hace un año exactamente. Los ingresos se han visto reducidos esta temporada en 41 millones por el anticipo de los derechos de tv, situando el déficit ordinario en más de 100 millones sin el efecto de las palancas y eso después de haber generado unos beneficios de solo 100 millones el 30 de junio pasado con un ingreso contable extra, y discutible, de 267 millones (207,5 millones sin la plusvalía). La imposibilidad de cubrir un presupuesto de gastos disparatado de 900 millones para este curso (784 millones el anterior) resulta tan evidente que sólo se puede cubrir restando cientos de millones con esa política de más anticipos o de la venta de activos, patrimonio o jugadores.

De momento, las palancas han aportado más de 750 millones que no han sido suficientes para anular los 451 millones de patrimonio neto negativo que todo lo condiciona ante LaLiga. El motivo de esa insuficiencia radica, por tanto, en el problema que Laporta obvia e ignora, en buena parte por su culpa al inflar las pérdidas del año pasado sólo por el capricho mediático de no admitir únicamente los 100 millones causados por la pandemia (o atribuibles a la ‘herencia’ como le gusta más decir a Laporta como excusa recurrente). Como quiso exagerarlas para aparentar mucho más allá de la realidad el verdadero impacto de un año entero con el estadio, el Museu y las tiendas cerradas. Laporta puso el club en una situación de tanto riesgo que ahora no sabe cómo solucionar.

Su primer año completo de este segundo mandato ha resultado catastrófico en todos los aspectos. No hace falta decirlo más alto ni más claro porque el balance ha sido tan deprimente y aterrador como lo fue, paradigmáticamente, la noche de la eliminación de la Europa League frente al Eintracht Frankfurt. 

Ahora, en otro alarde de incompetencia, Laporta acaba de enviar a LaLiga la documentación que le permita inscribir jugadores para el campeonato que empieza dentro de apenas ocho días. Lo ha hecho advirtiendo que ese material tiene carácter consultivo y que está preparado para la segunda parte de la tercera palanca (Barça Studios), poner más activos a la venta, realizar traspasos de jugadores y rezar para que De Jong, Piqué y Busquets se bajen el sueldo por si esos 750 millones no fueran suficientes.

¿Es posible que nadie del equipo económico de Laporta no sepa cómo realizar los cálculos? No, es ese el problema, el matiz lo ha avanzado el propio Laporta cuando previene que “puede haber un problema de interpretación”. 

Siempre es la misma estrategia: hacer mal las cosas, improvisar, recurrir a tejemanejes contables infantiles, echar al auditor en el último momento porque no tragaba con tanto trapicheo y enviar a LaLiga un relato infumable sabiendo de antemano que las cuentas no están bien hechas. Si LaLiga no admite lo inadmisible pues ya se sabe el final, Javier Tebas y Josep Maria Bartomeu serán nueva e reiteradamente acusados de conspirar contra los intereses del club y de anti barcelonismo. Otra vez, sea cual sea el desenlace, habrá ganado el relato, la puesta en escena mediática, y habrá perdido el Barça. Y esta vez lo habrá perdido casi todo, aunque la inscripción de jugadores se celebre como el primer título de la temporada. 

Así de mal está el club y así de mediocre es el relato y la gestión de la junta.

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