«Hay que acabar con el capitalismo, aunque tardemos mucho»

Entrevista a Julián Ariza

    Julián Ariza

    Fundador de Comisiones Obreras. Setenta años de vida sindical, récord en España de un sindicalista “casi todavía en activo”, según sus palabras. Autor de más de medio millar de artículos en El País, Cinco Días, Ahora, y otros medios. Al inicio de la Transición, publicó dos libros, muy vendidos, sobre CC.OO. Ha sido condecorado con la Legión de Honor, francesa. Ahora, sale a las librerías “El precio de la libertad” (Los Libros de la Catarata).

     

    ¿Cuál es el precio de la libertad? ¿Se puede medir en dinero, como cualquier mercancía?

    Yo traté de medirlo subrayando los aspectos negativos para mi persona, durante todo el período de la Dictadura. Me refiero a los procesos, los despidos, la persecución de la policía, los años de cárcel… Al mismo tiempo, también para reivindicar una serie de hechos de aquel período, algunos en clave interna. Por ejemplo, el origen de CC.OO., que yo sitúo a principios de los años 60, no con las huelgas espontáneas de los 50, donde también participé. En definitiva, el precio de la libertad se evalúa en el devenir de las Comisiones Obreras desde su origen. Los vericuetos que hubo que recorrer para que aquel pequeño movimiento inicial llegara a transformarse en el principal opositor al régimen y, en democracia, en el primer sindicato del país.

    Ahora, desde la izquierda se ha cuestionado la libertad y lo que hubo que pagar por ella ¿Por qué? ¿Por postureo, desconocimiento, interés…?

    Es una mezcla. No creo que sea ignorancia de determinadas personas. Tiene que ver con algo muy conocido que se llama “adanismo”, que en el caso se refiere a creer que la izquierda empieza cuando uno nace y se hace. Lo anterior, serían, digamos, derivaciones, pequeñas cosas… Lo atribuyo, primero, a estupidez, porque se pueden poner muchas cosas en cuestión, pero decir como se dijo en su día (aunque hay que decir, que se ha rectificado) que la Constitución es un candado que hay que romper ¡Madre mía! ¡Qué frase! Yo me indigné y tuve que publicar algo al respecto. A los que de niños nos hicieron cantar el “Cara al Sol”; de adolescentes, cuando empezamos a trabajar con 14 años nos encuadraron en el Sindicato Vertical…; después, cuando protestas, te meten en la cárcel, te echan a la calle, o te sancionan… Justamente, la Constitución del 78 lo que hace es romper el candado del franquismo, no al revés. 

    CC.OO. se autodenominó movimiento socio-político ¿Ese gen permanece de algún modo activo en su ADN?

    Al principio, lo que acabamos llamando socio-político no era ni siquiera eso. Se trataba, simplemente, de un movimiento de reivindicación cotidiana de las condiciones de vida y laborales de los trabajadores, en contra de los Sindicatos Verticales. Era un movimiento de naturaleza sindical, pero que transcendía a lo estrictamente a ella. Tenía un trasfondo evidentemente político, que era acabar con la Dictadura. Eso era un poco el magma de esas Comisiones Obreras, que sobre todo se desarrollan a partir de los 60. No pretendíamos ser un sindicato, sino ir a un congreso constituyente en el que los trabajadores, en libertad, decidieran qué es lo que querían. Al final, en la Transición decidimos, a trancas y barrancas, transformarnos en sindicato y hoy somos un sindicato, con un fuerte sentido de clase y una cierta vocación transformadora, todavía. Más allá de lo estrictamente laboral y mediato de la empresa, se preocupa de otras cuestiones del trabajador, como ciudadano: sanidad, fiscalidad, educación… Sin ocupar espacios que no nos corresponden.

    El proletariado, homogéneo, tan propio de la cultura industrial está siendo, en alguna medida, substituido por, digamos, trabajadores y colectivos cada vez más dispersos, atomizados ¿De qué modo puede el sindicalismo abrirse paso en un contexto tan aparentemente adverso a la organización y la representación?

    Asocio trabajador a proletario, cuya noción es, en definitiva, la de trabajador dependiente, para entendernos. Es verdad que se ha producido una evolución, en muchos aspectos positiva (hay mejor nivel de vida…), pero sigue existiendo algo tan elemental como que uno compra el trabajo de otro. Es decir, sigue existiendo la figura del empleador, aunque sea una sociedad anónima y lo haga a través de un empleado de alto nivel. Efectivamente, hay alguien que contrata y un contratado. Mientras eso exista y seamos capaces de transmitir que en ese marco la manera de defender tus intereses es mejor hacerlo de modo colectivo que individual (la relación de fuerzas vista individualmente es muy desfavorable para el trabajador), mientras tengas claro el conflicto capital-trabajo y la idea de que junto a otros te defiendes mejor habrá sindicatos. CC.OO seguirá funcionando ahí, aunque dentro de cien años nos llamemos de otro modo. No soy nada pesimista de cara al futuro, lo que pasa es que todo es mucho más complicado, porque, efectivamente, la homogeneidad que de alguna manera existía hace 50 o 100 años ahora no existe. Hay una enorme heterogeneidad, dentro de la clase trabajadora.

    ¿Qué se podría recomendar encarecidamente a los sindicalistas, de aquí y allá, para movilizar hoy en día a los trabajadores, en defensa de sus intereses?

    Habría que recomendarles lo mismo que, modestamente, yo intenté aplicar hace ya muchos años. Me parece muy importante que el sindicalista esté muy pegado a la realidad. Me refiero a que esté muy cerca de los trabajadores, evitando entrar en una gestión burocrática. Que no se olvide la necesidad del encuentro, el intercambio… Si firmas un convenio colectivo, previamente hay que discutir de su contenido; y luego su difusión. Hay que pegarse mucho al centro de trabajo, aunque haya que tener una estructura y gente que se dedique al tema sindical. Es necesario tener como una inspiración permanente de que el sindicato es, sobre todo, una forma de auto-organización de los trabajadores. Para que se sientan parte de ella, hay que facilitar su participación en lo que hace esa organización. Si esto se ejerce con una cierta honestidad, dedicación y sacrificio terminas prestigiando la propia organización.

    Uno de los grandes aciertos estratégicos de CC.OO. fue su novedosa y valiente decisión de utilizar los sindicatos franquistas para promover un sindicalismo de clase ¿Existen hoy algunas rendijas por donde hoy podría hacerse algo parecido?

    Ahora está todo institucionalizado. Vivimos en un régimen de libertades, con todas sus limitaciones e intereses para deformarlo y restringirlo. Hoy la idea de entrar en un tercer lugar para, como hicimos con el Vertical, minarlo desde dentro, además de desde fuera, sinceramente no lo veo. Lo que tendremos que hacer es muchos esfuerzos por democratizar la empresa, pero hay que hacerlo a través de cauces que ya existen. No veo el “entrismo”, como se le denominó, porque lo que hicimos fue aprovecharnos de algo que ya existía. Se podría entrar en los consejos de administración, en los que algunas empresas, sobre todo públicas, tienen representación de los trabajadores. Pero hay limitaciones, como el secreto empresarial, y sobre todo la enorme desproporción de la representación del trabajo en su composición. 

    ¿A escala global, las grandes organizaciones, como la OIT, juegan algún papel significativo en la defensa de los derechos de los trabajadores?

    Tengo de ellas buena opinión, en la medida que resultan útiles. Lo que pasa es que su sistema, en el que están trabajadores, empresarios y gobiernos, y sus actuaciones, que en la mayoría de los casos son recomendaciones, hace que su eficacia es muy limitada o prácticamente nula. Por ejemplo, el franquismo, sin derechos sindicales, estaba reconocido en la OIT. En fin, eficacia limitada pero necesarias porque, se quiera o no, terminan transmitiendo principios que deben regir las relaciones de trabajo.

    ¿Qué hacer con el creciente escalón de proletarios sobre-explotados, marginados, semi-delincuenciales…?

    Venimos trabajando desde hace tiempo, por ejemplo, con los emigrantes que forman parte de esto. Pero hay algo más amplio, que es el conjunto de personas casi fuera del sistema. Peleamos por la igualdad de derechos para que quienes se encuentran en zonas de marginalidad tenga algún tipo de protección, como los salarios de inserción. Para que, en definitiva, cuenten con alguna posibilidad de integración. Esa gente no se afilia a los sindicatos e incluso están contra ellos.

    ¿Y cuándo se acaba el capitalismo?

    Va para largo. Llevo muchísimos años escuchando con excesiva frecuencia y buena voluntad que el capitalismo está en crisis ¡Una crisis que es la hostia lo que dura! Tiene una capacidad de adaptación para sobrevivir extraordinaria. Va variando de cara, pero permanece. Lo que se ha venido abajo, y lo digo con mucho dolor, es lo que empezó con la Revolución de Octubre. Pero hay que tener claro que el capitalismo es una lacra que padece la Humanidad, porque es injusto, discriminatorio y puede llegar a ser enemigo de la propia democracia. Hay que acabar con el capitalismo, aunque tardemos mucho.

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