La mano corrupta de Pujol

A menudo ponemos la mano o las manos en el fuego con ligereza, sin darnos cuenta de que podemos quemarnos. La expresión toma sus orígenes en la edad media, cuando se celebraban las ordalías o juicios de Dios, en los que se inferían las inocencias o culpabilidades con pruebas de fuego. Ante el tribunal, el acusado debía sujetar hierros candentes o introducir las manos en una hoguera. Si la persona salía de la prueba indemne o con pocas quemaduras significaba que Dios la consideraba inocente y, por tanto, no debía recibir ningún castigo.

Sin poner la mano en el fuego, aceptemos por un instante la última prédica de Jordi Pujol, la que soltó en la despedida radiofónica de Josep Cuní en la Ser -como canta Miguel Ríos, Los viejos rockeros nunca mueren…-: admitimos así, y es mucho admitir, que él no cobró “ni una peseta” y que, como el expresidente afirma, no es corrupto -lamenta: “Claro que me duele que me llamen corrupto”. Cuní, que mantiene intactos los reflejos, repregunta: «¿Y su familia?». «No lo sé»… balbucea de inicio el presidente catalán más longevo de la historia de la Generalitat restaurada, y añade: «Pondría la mano en el fuego por la gran mayoría (de los familiares)”. Así, cuando dice “la gran mayoría” admite, al menos, que si la pone en defensa de la totalidad familiar podría quemarse; de hecho, en algún caso ya ha quedado demostrada la chamusca.

Me he referido a ello en anteriores ocasiones, pero parece oportuno insistir en la cita; escribía hace mucho tiempo premonitoriamente el periodista y escritor Gregorio Morán, defendiendo la presunta no corruptela de Pujol: “Sencillamente, no pregunta (Pujol) ni de dónde sale el Lamborghini de su vástago ni por los éxitos empresariales de la floristería de su señora, por citar sólo lo más vulgar y llamativo”. Dicho por el mismo autor de otra manera: “No tiene ninguna afección al dinero, le basta con la que le tiene su entorno”. Entonces, aceptando como base que Pujol no es tonto -tiene, en todo caso, otros defectos, pero no éste-, convendríamos que estaba al corriente de las aficiones de su entorno familiar más inmediato -y por supuesto, político-, lo que le convierte, al menos, en cómplice de corrupción, y se convierte en un fraude -nos aleccionaba a transitar por el buen camino… Desconozco si, como afirmaba Fidel Castro, la historia -él mismo reconocía a Albert Om, “todavía puedo estropear mi biografía” …- acabará o no absolviendo a Pujol por lo que ha malhecho él o su entorno. Cuando escribió a cuatro manos su biografía -con Manuel Cuyàs– ignoró fragmentos oscuros de su historia. Decía Jean Pau Sartre, “incluso el pasado se puede modificar; los historiadores no paran de demostrarlo”. Otra cosa es poner la mano o las manos en el fuego y no quemarse…

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