La ausencia de dinero fresco aleja a Roures del Barça de Laporta

El FBI concluye que Mediapro actuó por “pura codicia” y la Fiscalía de Nueva York considera fugado a Gerard Romy, co-fundador de la empresa, junto con Tatxo Benet y Jaume Roures

Hasta la fecha, Jaume Roures y Mediapro sólo han volado sobre el nido del cuco del laportismo, aunque por ahora sin aterrizar ni tener una presencia determinada y concreta, igual que sí lo había hecho anteriormente como proveedor de Barça TV, luego como directo gestor del canal azulgrana y también modernizando el Museu, eso al margen de haber sido el tenedor durante bastantes años los derechos de la televisión del club azulgrana para su comercialización, antes de que el resto de los clubs y LaLiga decidieran finalmente la explotación agrupada y conjunta con el propósito de dar un salto de calidad frente a otras grandes ligas europeas.

Mediapro, no obstante, está detrás de la mercantilización de los partidos de LaLiga en la producción de la señal que se envía a unos 130 países del resto del mundo. 

La última vez que Jaume Roures metió la nariz en los asuntos del Barça fue, como se recordará, para aportar, vía una tercera persona, un aval de 30 millones para salvar la presidencia de Laporta cuando se vio comprometida por la falta de recursos propios y de su junta. Roures quiso evitar la repetición de las elecciones participando con un aval del todo irregular, al margen de la normativa, aunque admitido por Javier Tebas también con la intención de darle estabilidad al club. 

La lectura de los medios, siempre confundida sobre la realidad y excesivamente protectora con Laporta, apuntó a otra “hazaña” de Laporta, last minute, cuando la falta de los avales sólo respondía, como se ha demostrado posteriormente, a una falta de plan, de ideas, de conocimiento del club y de verdadero interés por sus problemas, más allá de utilizarlo para sus intereses personales y para regalarse un tren de vida de cinco estrellas. 

Además de no prever  los avales, también se dio a la fuga su vicepresidente económico, Jaume Giró, como después seguiría sus mismos pasos, asustado, Ferran Reverter, el primer y último CEO de Laporta antes de oficializar y consolidar la improvisación, el amiguismo y la mediocridad como el nuevo y más moderno estilo de gestión. 

Esta es la razón por la que Mediapro no ha acabado de entrar hasta ahora por ninguna de las puertas posibles de acceso como la compra y gestión de los derechos de televisión de LaLiga o Barça Studios y Barça TV, las que serían sus especialidades.  Si Jaume Roures no lo ha visto claro el único motivo radica en que hoy el Barça no es una organización seria ni fiable, puesta en manos de ejecutivos “amateurs”, inexpertos y torpes, incapaces de anticiparse a los problemas ni de resolverlos. 

La otra cuestión que a Roures le separa ahora mismo de hacer negocios con Laporta hay que buscarla en la propia insolvencia y falta de recursos actuales para hacer frente a sus compromisos o reforzarse para formar un equipo competitivo.

No hay posibilidad de ganar dinero fácil como en los felices tiempos en los que Mediapro obtenía suculentos beneficios con los derechos de TV de la Liga y con Barça TV especialmente. Tan bien le iba que incluso bajo la presidencia de Sandro Rosell le hizo una oferta irrechazable: asumir los gastos de mantenimiento y de personal de Barça TV a cambio de prorrogar un año más el contrato de explotación de los derechos audiovisuales. 

Siendo un buen acuerdo, no se enriqueció tanto como cuando mandaba Laporta, que le firmó un contrato de proveedor exclusivo de los medios de producción del canal azulgrana. O sea que, para grabar, editar, producir programas, etc., el Barça pagaba a precio de oro los equipos técnicos necesarios a Mediapro como único suministrador. El coste del canal se disparó a unos 15 millones anuales, casi más que la Masia, mientras de forma complementaria Mediapro comercializaba contenidos exclusivos con rentas también prodigiosas. Por eso, cuando Rosell se planteó cerrar Barça TV porque los costes eran inasumibles Roures propuso quedárselo en propiedad.

Hoy, con el club saqueado por el clan Laporta, no hay ningún buen negocio que pueda hacerle ganar dinero a Mediapro, excepto la posibilidad de asumir, como ha propuesto ya de forma pública, la externalización del Museu. Como Roures lo ve, se trataría de pagar una buena cantidad por ese derecho de comercialización, de abonar al Barça un fijo a cambio de hacerse cargo de los costes y también de los beneficios. 

Sería, no hace falta decirlo, una locura que el club no debería permitir pues el Museu se ha convertido en la verdadera joya de la corona, una mina de oro desde que el presidente Josep Lluís Núñez abriera una pequeña caseta en los accesos al estadio para vender cuatro productos básicos licenciados.  

Aunque el peligro está ahí, latente, no parece que Laporta se haya planteado aún esa opción que, por el contrario, sí ha apuntado el propio Jaume Roures en una reciente intervención, sugiriendo incluso que, en lugar de avanzar ingresos futuros por derechos de televisión, no sería una mala idea ceder la explotación del Museu a una empresa como Mediapro.

Sobre si sería un error caer en las garras de Mediapro la respuesta se encuentra en una información recién llegada de Estados Unidos, actualizando la evolución del caso judicial por el que fue condenada. Según ha publicado Crónica Global, el FBI ha descrito como «pura codicia» el caso de sobornos que afecta a Mediapro. Una opinión concluyente del investigador del Departamento de Justicia tras aprobar una compensación adicional de 92 millones de dólares (87 millones de euros al tipo de cambio actual) a las víctimas de la trama criminal en la que participó la matriz del grupo de Jaume Roures. 

En el relato de la Fiscalía del Distrito Este de Nueva York hecho público en un comunicado, se detalla que “el resarcimiento se repartirá entre el organismo de gobierno del fútbol mundial, la Concacaf de Suramérica, la Conmebol y diversas federaciones nacionales». La cantidad compensada por esos 87 millones de euros debe sumarse a pagos anteriores hasta los 201 millones de dólares (192 millones de euros). 

La misma nota aclara, por parte del Ministerio Público, que “el montante se enmarca en la voluntad de Estados Unidos de investigar y perseguir la corrupción en el fútbol mundial”. La Fiscalía recuerda que por el momento hay 50 personas físicas y sociedades de 20 países imputadas por delitos de similar naturaleza.

Breon Peace, el fiscal que dirige la investigación, ha recordado que la indemnización llega después “del ofrecimiento de pagos y sobornos por parte de empresas de marketing deportivo a diversos altos cargos a cambio de los derechos televisivos y de marketing de diversas competiciones de fútbol”. La trama incluía «el lavado» de dichas transferencias monetarias ilícitas. Esos 87 millones de euros por las reparaciones a las víctimas de la trama criminal se destinarán al beneficio de las estructuras que promocionan del deporte y lo democratizan para su acceso y disfrute universal. La prioridad del fiscal ha sido, por lo que respecta a los delitos atribuidos a la filial de Mediapro en EEUU, «resarcir a las víctimas» por la vía más directa de incautar bienes a los autores y utilizarlos para indemnizar a los afectados. 

Otros testimonios, como el de Michael J. Driscoll, director adjunto de la oficina de Nueva York del FBI, han explicado que fue un «volumen inenarrable de dinero el que circuló entre directivos corruptos y empresas privadas en una artimaña de tamaño colosal». También se ha referido a la codicia de las sociedades imputadas y acusadas y se ha mostrado satisfecho con el Departamento de Justicia por su decisión de haber incautado bienes y canalizado su valor a favor de las federaciones afectadas por los corruptos. “Los activos congelados se dedicarán a los colectivos que necesitan apoyo, como la promoción del fútbol entre las mujeres y los niños. Es la única buena noticia de la codicia pura que ha destapado esta investigación», afirma.

El caso destapó una trama criminal de empresas del sector audiovisual que sobornaron a directivos de federaciones de fútbol en Suramérica a cambio de conseguir derechos de retransmisión de partidos de las selecciones nacionales de estos países. Una derivada del caso  Fifagate que, en el caso de Mediapro, centró la investigación en Gerard Romy, co-fundador del grupo con Jaume Roures y Tatxo Benet. Estados Unidos lo considera fugado. 

La Fiscalía asegura que Imagina US, filial vinculada a Mediapro, participó activamente en esa trama. Por ahora, el holding de Roures ha admitido solo un soborno vía Panamá y ha pagado 21 millones de euros para intentar cerrar el caso. La Fiscalía del distrito Este de Nueva York ha anunciado la reapertura de caso y seguirá investigando.

Si todos los negocios de Mediapro se inspiran en el mismo principio de ‘codicia pura’ con el que coinciden en calificar el FBI y la Fiscalía de Nueva York, su actitud empresarial, cualquier aproximación al Barça de hoy, escuálido y golpeado por la Covid y la pésima gestión de sus directivos, suena más a amenaza que otra cosa. En cualquier caso, si Roures no ha mostrado un excesivo interés en los asuntos de Joan Laporta es porque no huele el dinero por ningún lado. Al menos, de momento.

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