La prensa laportista intenta esconder el drama de los 150 millones más de pérdidas

Aunque diversos reportajes estratégicos han ‘renovado’ las críticas a la herencia de Bartomeu, la pésima gestión de la actual junta, que no ha cubierto el 20% del presupuesto, es la única responsable

De forma recurrente y sistemática, coincidiendo con esta agónica cuenta atrás de Joan Laporta intentado tapar un agujero de 150 millones de pérdidas, los medios señaladamente colaboracionistas y serviles a la actual junta han ido reproduciendo historias sobre la herencia de Bartomeu, sobre la imposibilidad de remontar una situación económica de la cual vuelve a ser responsable, una vez más, la anterior administración. Es una forma de distraer la atención barcelonista para evitar poner el foco donde ahora corresponde verdaderamente, en el enorme desfase y fallo de cálculo, pura negligencia e incapacidad, de un presupuesto de 765 millones de ingresos elaborado exclusivamente por el equipo económico, financiero, ejecutivo y deportivo de Laporta hace un año.

La última revelación, puesta en portada y amplificada por el propio aparato laportista, ha sido publicada por el diario Ara mediante un relato confuso que, básicamente, daba a entender que Josep Maria Bartomeu había engañado a su propia junta sobre el precio del Espai Barça y la imposibilidad de su ejecución. Una afirmación arriesgada y poco consistente, sobre todo por esa segunda parte en la que, citando fuentes internas, sobre todo anónimas, se ponía en duda el proyecto constructivo y urbanístico.

Un hecho incontestable y desde luego nada sencillo de conseguir es que el Ajuntament de Barcelona, excepto la CUP, aprobó una modificación del Plan General Metropolitano (MPGM) especial, ciertamente compleja y de una elaboración de enorme exigencia técnica, de forma unánime una vez superado el rigor de los controles municipales y la sensibilidad social del barrio de Les Corts. De las MGPM cursadas por el Ajuntament de Barcelona de esta misma dimensión e incluso menores, la del Espai Barça ha sido la que menos alegaciones ha provocado en reacción a su propuesta. Fueron dos en total, ambas desestimadas en las sucesivas instancias previas a la luz verde total y absoluta del proyecto.

Cuesta creer por tanto que desde el club, el propio presidente Bartomeu pudiera urdir una trama interna para no informar a sus directivos de una gestión administrativa pública y fiscalizada por los grupos municipales y por cualquier ciudadano con voluntad de ejercer su capacidad de examinar una obra de tanta trascendencia.

En cuanto al resto de la información, sobre la actuación en secreto de Bartomeu para ‘engañar’ a sus directivos sobre los costes reales del Espai Barça, también presenta dudas más que razonables, puesto que tanto las obras como las ejecuciones, por ejemplo la construcción de estadio Johan Cruyff o la demolición del Miniestadi, figuran con todo detalle en las memorias del club sometidas a la aprobación de la asamblea.

El diario Ara plantea que, finalmente, cuando ya se pudo afrontar la parte importante de las obras, una vez avanzado el largo proceso de varios años de trabajo y de negociaciones con el Ajuntament de Barcelona, el presupuesto inicial de 600 millones presupuestados en 2014 había ascendido a poco más de 800 millones, tal y como se explicó no sólo a la junta sino a los socios y especialmente a Goldman Sachs para preparar la operación financiera.

La fuente que pone en duda el acceso de la junta a la información del Espai Barça desconoce, por lo que se ve, que la Comisión del Espai Barça estaba compuesta por una serie de directivos capitaneados por Jordi Moix, Josep Miquel Vidal Abarca, Enric Tombas, Albert Vilajoana y otros, junto a una serie de ejecutivos, entre ellos el CEO Òscar Grau, el director financiero Pancho Schroder y otros.

La Comisión realizaba reuniones semanales y daba cuenta al resto de los departamentos y a la propia junta de su contenido, avances y problemas a resolver

Es curioso, de nuevo, que mientras este medio, el diario Ara, dedica un gran espacio a una situación que en cualquier caso nunca fue objeto de polémica ni de alusión por los directivos disidentes de Bartomeu, no ha dedicado espacio ni interés periodístico a que en la Comisión del Espai Barca actual, bajo la presidencia de Joan Laporta, uno de sus integrantes, el ex-avalista José Elías (foto) dimitió porque nadie le informaba ni le consultaba nada, hasta que se marchó aburrido dando un portazo.

Lo mismo que ha hecho el comisionado de Joan Laporta, Ramon Ramírez, su máximo responsable hace poco más de una semana. Una baja más, trascendente y polémica en el núcleo duro de esa “empresa familiar” de Joan Laporta, que ha sido conveniente y rápidamente sofocada porque el aparato mediático del club se ha especializado en manipular y controlar la información a extremos que recuerdan los tiempos del Caudillo.

La dimisión, indudablemente significativa, del responsable del Espai Barça el mismo día de la asamblea extraordinaria del día 16 de junio pasado, para acabar de desmantelar el club al más puro estilo Reus, no podía salpicar la actualidad social.

Una vez más, por tanto, la prensa colaboracionista ha procurado desviar la atención sobre la gravedad económica de un callejón sin salida en el que se ha metido Laporta él solo, como casi siempre, a causa de su pésimo sentido de la gestión y la lamentable evidencia de que no le dedica al club el tiempo y el esfuerzo suficientes para resolver los problemas de la entidad.

Como ese fallido presupuesto realizado y diseñado con las manos libres y bajo la absoluta y exclusiva paternidad de la nueva junta para una temporada, la 2021-22, condicionada por una serie de teóricas buenas noticias con relación a los dos anteriores ejercicios que sí se vieron directa y extraordinariamente afectados por la pandemia.

Para empezar, Laporta podía contar con la reapertura del 100% del aforo para el Camp Nou, el Museu y las Mesgastore. También el regreso del turismo estaba garantizado y aunque 27.000 abonados aprovecharon la moratoria para no pagar su cuota anual es bien cierto que esas entradas fueron liberadas para su venta partido a partido.

Otra cosa es que, excepcionalmente, la junta solo hiciera un esfuerzo más que sospechoso para activar esa reventa en el partido contra el Eintracht Frankfurt correspondiente a la vuelta de los cuartos de final de la Europa League.

Por último, y no menos importante, Laporta había optado por rebajar la masa salarial en 150 millones con las fichas de Messi (135 millones) y de Griezmann, una reducción del 24% de los costes de personal deportivo.

Aún así, sobre un presupuesto de 765 millones de ingresos, Laporta no ha sido capaz de conseguir cubrir ni el 20%, un hecho verdaderamente excepcional. Para el diario Ara todo eso no es noticia ni tampoco un hecho relevante.

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