Los planes para la implementación efectiva de la República catalana

Documentos intervenidos a Víctor Terradellas detallan los pasos a seguir después del 1-O

El plan independentista después del 1-O era nombrar inmediatamente después de la declaración unilateral de independencia (DUI) un gobierno republicano presidido por Carles Puigdemont, sustentado por los comités de defensa de la República (CDR) y por mossos d’esquadra leales. Así lo reflejan documentos confiscados durante las investigaciones que lleva a cabo el juzgado de instrucción número 1 de Barcelona. Entre los documentos encontrados por la Guardia Civil, hay dos comunicaciones de Víctor Terradellas, exresponsable de Relaciones Internacionales de Convergència (CDC), que son muy reveladores.

El 29 de octubre de 2017, apenas 40 horas después de que el Parlament aprobara una resolución proclamando la independencia, Terradellas enviaba una propuesta a su amigo Carles Puigdemont, con quien había mantenido una intensa relación durante los días previos, hasta el punto que le había llevado tres supuestos emisarios rusos que llegaron a Barcelona para tantear las posibilidades de la independencia y ofrecer el supuesto apoyo del Kremlin.

Los contactos con los rusos no pasaron de ser poco más que anecdóticos, puesto que los emisarios –que habían ofrecido financiación para independizarse de España, el apoyo de Vladímir Putin y 10.000 soldados rusos para apoyar el nuevo gobierno republicano– se esfumaron al cabo de poco tiempo y nunca volvieron a Cataluña.

Después de las polémicas reuniones en la Casa dels Canonges de Carles Puigdemont con Serguéi Motin y Nikolai Sadovnikov, dos de los emisarios de Moscú (y entre Elsa Artadi y otro enviado, reunión que tuvo lugar en el Hotel Colón, ante la Catedral), Carles Puigdemont no se fiaba de la ayuda que pudiera llegar del Kremlin, a pesar de que Víctor Terradellas le presionaba para que aceptara con a ojos cerrados su hoja de ruta. Por eso, se valía también de un asesor y íntimo amigo de Puigdemont, Miquel Casals, con quien también estaba en contacto permanente para influir en el presidente.

El “Maidan de Sant Jaume”
En realidad, Terradellas y Casals confeccionaron juntos un épico documento el 15 de octubre de 2017, con el cual pretendían influir en Puigdemont. “Estos días, hemos hablado con gente que te quiere, gente poco interesada, con pocos intereses, y está claro que podemos movilizar decenas de miles de personas para bloquear el Palau de la Generalitat. No habrá policía o ejército que pueda acceder. Nos sentaremos y mostraremos las manos levantadas. No pasarán y no se atreverán a usar el fuego. Será nuestro Maidan pacífico, será nuestro Sant Jaume, presidido por Sant Jordi desde el balcón del Palau del Govern”, decía el documento.

Para los dos amigos de Puigdemont, “si aguantamos dos días este bloqueo en palacio, con el ejército incapaz de entrar, habremos ganado”. Y añadía: “No sé cuántos de los que os rodean quieren llegar hasta el final y estar a vuestro lado hasta aquel momento. En mi caso, y como decía también en el de Miquel, lo tenemos claro, y por eso lo dejamos por escrito. Él y yo te acompañaremos en palacio. Y como nosotros, somos legión”. El escrito estaba firmado por los dos.

El modelo esloveno
El día siguiente, 16 de octubre, Terradellas intenta reunirse con Puigdemont, pero la agenda de este se lo impide. Pero le envía la resolución que aprobó el Parlamento esloveno en su independencia. “Si haces un discurso de rotura, recuerda la recomendación que nos hicieron desde Eslovenia. he hablado con gente diferente, porque a mí me gustó mucho y es una muy buena propuesta”.

El 17 de octubre, Terradellas intenta que reciba unos políticos austríacos de los cuales no dice el nombre, pero los acontecimientos se precipitan y el presidente no tiene tiempo. El 18 de octubre, Terradellas insiste. “Del mundo he aprendido una cosa, básicamente porque me ha pasado a mí: tienes que recibir a todo el mundo y escuchar. Es lo que han hecho conmigo y creo que es lo que tenemos que hacer nosotros”. Los días siguientes, hay una intensa correspondencia entre los dos. El 24 de octubre, después de varias llamadas, por fin Puigdemont responde. “Estamos reunidos todo el día y sin teléfonos”, se disculpa. El 25 de octubre es cuando Miquel Casals y Terradellas le dicen que tiene que retrasar una rueda de prensa para anunciar elecciones porque están con unos emisarios del Kremlin y que Vladímir Putin hará una videoconferencia con él, por lo cual los recibe en palacio.

El mismo día 26 hay de nuevo una intensa comunicación. “Nos habían garantizado declaración esta tarde, Gorbachov […] dinero por parte china […] te pedíamos apurar. A las cinco venía emisario de Putin. Estamos en la puerta de Palau. Nos tienes que recibir”. “Yo ahora tengo que comparecer”, se excusaba Puigdemont. “Pues lo retrasas. Estamos Carles, Miquel y yo aquí. A 50 metros de Palau. Vamos hacia Canonges”. “Subíd por Canonges”, se rinde Puigdemont, que les recibe en la sede del gobierno. A esta reunión asistieron, según manifestaron posteriormente sus protagonistas, Motin y Sadovnikov.

El 29 de octubre de 2017, pues, con las reuniones rusas todavía frescas y la DUI aprobada en el Parlament, Terradellas veía muy claro el camino. “Después de vuestro discurso de ayer, ahora toca jugar y ganar la partida de las legitimidades. Demostrar nuestro sentido de Estado y control del momento político. Ejemplos como el del canto de Els Segadors, en tu entrada al partido de hoy a Girona nos situarían en este nuevo estadio”, decía la comunicación enviada a Puigdemont a primera hora de aquel domingo.

La intención del alto cargo convergente era hacer efectiva la independencia el día siguiente, 30 de octubre, por lo cual le señala la ruta a seguir: “Hay que seguir este camino y hace falta que mantengáis el liderazgo y el mando. Mañana, en palacio, habría que arriar la bandera española y blindar el edificio con un llamamiento pacífico en la población. Hace falta que nombráis de nuevo el mayor Trapero y ordenáis a los Mossos que estén, y así sabremos, también, su nivel y grosor de lealtad (muchos os serán leales a Vos y a Trapero). La actividad normal incluye la firma de decretos y el cese de los consejeros que no vayan a la consejería, así como el nombramiento de los sustitutos, ya como ministros. En esta línea, hay que nombrar el fiscal general de la República de Cataluña (un nombre podría ser en Santiago Vidal) y destinar 400 mozos a su servicio”, explicaba Terradellas en su misiva a Puigdemont.

El veterano dirigente de Convergència le aseguraba que el nuevo gobierno tendría el apoyo popular. “La población os es fiel y reclama directrices: sobre todo, el tejido asociativo y los CDR”, le advertía, todo y sabiendo que la movilización en la calle estaba bajo cero. Para convencerle, además, le aseguraba que todo el mundo estaba mirando hacia Cataluña (en Francia, el porcentaje de la población que estaba al caso del que pasaba en Cataluña era mínimo). “Hay que hacer entender que muchos Estados han callado, no hay casi ningún no rotundo y que la mayoría han ofrecido reacciones estándares. Poca cosa. Y, sobre todo, que la mayoría hablan de diálogo y no ofrecen carta blanca a Rajoy (Mariano). Significativo el mensaje de Tusk (Donald)”. En realidad, ningún país se había interesado por la independencia de Cataluña y, cuando alguno lo había comentado, se había referido al tema como “un asunto interno de España”. Y el mensaje de Donald Tusk, presidente de la UE, era una advertencia a Puigdemont que no hiciera ningún paso que fuera irreversible para el diálogo.

Puigdemont huyó
El objetivo de Terradellas era que Puigdemont tomara la iniciativa y diera un paso adelante, a pesar de que no tenía nada seguro sobre el que podría pasar: “Hace falta vuestro liderazgo. En el partido, Bonvehí (David) está de acuerdo (lo sé por conversación entre Tarin y Bonvehí) y la CUP se aviene a este escenario. Las entidades de la sociedad civil ya han demostrado que siguen vuestras directrices”. Sin este paso, el proceso se hundiría definitivamente. Y el temor de Terradellas y del núcleo duro del independentismo era que Puigdemont convocara elecciones autonómicas. En realidad, las reuniones con los emisarios rusos fueron orquestadas para hacer ver a Puigdemont que podía haber apoyos internacionales importantes y evitar de este modo que convocara nuevos comicios.

Por eso, en el mensaje enviado aquel día al presidente, Terradellas insistía: “La gente de la calle, la que ha conducido este camino, quiere esto, quiere el que os digo. ¡No unas elecciones autonómicas, se verán engañados! No podéis decidir por ellos que no quieren sufrir para ganar esta libertad, lo deciden ellos. Y si hay elecciones, gran parte nos dará la espalda como pasó en el Quebec y nos la dará por tiempo. Habéis hecho lo más difícil, presidente, ahora toca retomar y mantener la iniciativa. Nos lo tenemos que creer y tener sentido de Estado”.

Mensaje a Marta Rovira
La respuesta de Carles Puigdemont fue abandonar su domicilio aquella misma tarde, atravesar la frontera en secreto y viajar a Marsella, primera etapa de su periplo de fugitivo, desde donde cogió un avión hacia Bélgica, una posibilidad que había planificado desde hacía un par de días con altos dirigentes del partido flamenco NVA.

Para presionar el presidente, Víctor Terradellas envió minutos más tarde la misma misiva a Marta Rovira, secretaria general de ERC. Poco cambiaba, solo el encabezamiento y la despedida, puesto que a Puigdemont le decía que estaba a su servicio y a Rovira le decía que estaba al servicio de Cataluña. Públicamente, esta comunicación no existía: era solo para los iniciados, para el núcleo duro del independentismo. Pocos días más tarde, Terradellas colgaba un anodino tuit en el cual hacía referencia a las elecciones que ya había convocado Mariano Rajoy para el 21 de diciembre siguiente. “Tareas día 22-D de la lista de electores, encabezada por el presidente/gobierno/Jordis: 1. Reinstaurar Gobierno legítimo de Cataluña; 2. Empieza andar República; 3. Inicio proceso constituyente; 4. Buscar apoyos internacionales –carta de inicio en todas las cancillerías de relaciones diplomáticas”.

“El encargo está hecho”
Pero también hubo un invitado estrella en todo este proceso, un invitado a quién Terradellas le envió también una copia de la comunicación que había tenido con Carles Puigdemont: el vasco Arnaldo Otegi, gran amigo suyo y con quien mantenía una intensa relación. Media hora después de que el presidente hubiera visto la propuesta del convergente, Otegi recibía una copia. Aquella noche, el abertzale enviaba a Terradellas un breve mensaje: “El encargo está hecho”.

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