Una alucinación llamada 1714

Tenía muchas ganas de contarlo, aunque todavía en estos momentos dudo de si es el adecuado. He empezado a escribir y ya me estoy arrepintiendo, pero ahora ya sí que no puedo parar. De hecho, al principio fue como una sorpresa, pero cuando ya vi que se repetía tres o cuatro veces por semana, entonces ya me alarmé. Justo a una hora concreta sentía la necesidad de mirar el reloj; y no era porque tuviera que hacer algo o ir a algún sitio. Se trataba más bien de un acto reflejo, como si la mente me obligara a levantar el antebrazo y mirar hacia mi muñeca. Y justo en ese momento eran las 17.14. Y, como digo, lo que empezó como una mera coincidencia sin importancia, se ha convertido en una paranoia. Intento algunos días no llevar el reloj, para que no alterarme, pero el móvil cumple con el ritual, haciendo llegar un mensaje a esa misma hora.

No creo que un fantasma indepe me esté martirizando desde el más allá. Ya lo hicieron y siguen y siguen, algunas de mis amistades reales recordándome la “derrota de Cataluña” en esa fecha fatídica e instándome a “abrir los ojos” ante lo que está sucediendo, el típico “España nos roba” y que hay que irse de aquí metamorfoseado en una República. No sé si considerarlo una coincidencia o una cosa del destino. Igual existen unos poderes en algún sitio que me persiguen para convertirme al procesismo, para integrarme en ese movimiento de pacifistas falsos. Yo, como pueden imaginar, me niego a traspasar esa línea y, seguramente por eso, alguien o algo me manda señales en forma de fecha patriótica.

Pero es que la semana pasada iba yo tranquilamente por la calle y me llamó la atención un cartel que anunciaba la celebración de una “milla creualtenca”, dentro de los actos de la Fiesta Mayor de la Creu Alta en Sabadell. Pensé que a algunos de mis amigos les podría interesar participar en una carrera de 1,60934 kilómetros. Así que hice una foto y la envié a media docena de personas. Cuál fue mi sorpresa al recibir una respuesta de uno de ellos con un emoticono partiéndose de risa y un pequeño comentario en el que me instaba a fijarme en los kilómetros de esa milla, que difícilmente eran perceptibles a simple vista. Sí, sí, imaginan bien: 1714 metros. En la Creu Alta habían decidido que “su” milla iba a ser diferente de todas las millas del mundo y, consecuentemente, el que la corriera nunca iba a poder homologar su marca.

Y entonces me vinieron a la mente multitud de casos que ejemplifican esa vuelta a la tribu, a encerrarse en un mundo en el que no existen los demás, en la creación de puestos fronterizos donde se reparten pasaportes patrióticos, donde ondea una sola bandera y donde se atrincheran bajo entes políticos inexistentes. Y me da risa. No puedo parar. Me los imagino felices en su agujero, renegando de lenguas invasoras y de todo aquel que no se ajuste a los cánones establecidos en sus retorcidas mentes. Y toda esa parafernalia mental y propagandística en forma de recuerdos conmemorativos se les viene abajo cuando se les recuerda la realidad, esa de la que reniegan, pero que es la que verdaderamente existe.

Pero es que en Sabadell pasan cosas muy raras. Al ponerse en marcha la nueva línea de los Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya, surgieron estaciones nuevas. Y nuevamente la Creu Alta, juntamente con Can Feu-Gràcia, otro de los reductos tribales de nuestra comunidad, lucharon en los despachos para renegar de Sabadell; y lo consiguieron. Las otras tres llevan el añadido de la ciudad (Sabadell-Plaça Major, Sabadell Nord y Sabadell-Parc del Nord).

A veces pienso que me gustaría salir de mi cuerpo, metafóricamente hablando, y acceder a una de esas irrealidades que otros viven como una realidad plena y ver lo que se siente. Estoy plenamente convencido de que son felices en ese mundo. Bien es verdad que se es corto de mente y de espíritu, pero seguro que tienen muchos menos problemas, al tratarse de personas que coinciden en la concepción de ese universo. Pero, claro, eso significaría para mí dejar de relacionarme con personas con ideas muy diferentes a las mías, pero que han aportado mucho a la realidad que soy en estos momentos. Y todas ellas han contribuido a forjar mi personalidad y, lo más importante, a basar mi pensamiento en el respeto mutuo. Y, además, voy a dejar que ese 1714, aparezca donde aparezca, siga persiguiéndome porque me voy a reír con él.

Susana Alonso
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