El laportismo empieza a partirse como resultado de sus contradicciones

El presidente, desesperado, ahora no ve clara la venta de BLM, reniega de la oferta de CVC, tampoco tiene alternativas y se enfrenta a una asamblea sin sentido. Su entorno afirma que está superado, irascible y en fuera de juego.

La confusión avanza a un ritmo acelerado, amenazando con apoderarse de una administración y de su entorno mediático, social, económico y político como el de Joan Laporta, cada día con síntomas evidentes de fisuras y de indicios de desacuerdos y polémicas en sus propias filas. Con demasiada frecuencia, el presidente cambia de estrategia, de ideas, de actitud y sobre todo de estado de ánimo, factores que en su conjunto están provocando situaciones surrealistas como que, a una semana de la asamblea de compromisarios y del desahucio de los últimos y más valiosos activos del club, la propia junta no sabe a qué atenerse ni qué discurso preparar.

La operación clave de la venta de BLM, de la que se ofrecieron bastantes detalles y la identidad de sus presuntos compradores, Fanatics e Investindustrial, se ha frenado de momento desde el despacho de presidencia a la espera de que Laporta dé instrucciones de reanudarla.

Paralizada y sin alternativa. Laporta ha dejado de confiar en que esa sea la mejor solución por la sencilla razón de que la negociación se vuelve más cuesta arriba cada día que pasa. Los ofertantes tienen la sartén por el mango, son conscientes de la desesperación de la junta, de la prisa y de la necesidad que finalmente ha conducido a un punto en que la firma de un acuerdo antes del 30 de junio resulta imposible.

¿Para qué quiere Laporta un arreglo que no es tan bueno como parece cuando lo que necesita ahora son beneficios antes de este final de mes? Con BLM, el pacto pasa por una valoración del negocio cada día más baja, sin posibilidad de recompra en muchos años y a cambio de ingresar la mitad del negocio del retail a partir de la próxima temporada o de cuando quiera que se firme.

Un portazo imprevisto que los suyos, su ‘camarote’ y sus trovadores de la prensa, ahora han de criminalizar y justificar su falta de idoneidad cuando hace solo una semana era una operación genial, oportuna y necesaria.

Lo mismo ha sucedido con LaLiga Impulso de CVC, que hace una semana parecía el camino más directo para obtener fair play financiero y empezar a reforzar el equipo, motivo por el cual se filtró a los medios, exactamente coincidiendo con la reunión de la junta en la Jonquera, horas antes de la nota pública del club anunciando la convocatoria de una asamblea extraordinaria para el día 16 de junio próximo.

La urgencia del anuncio sólo tenía como pretensión efectiva obtener el aval estatutario para compensar con la venta de activos el déficit que ahora mismo presentan las cuentas y empezar a reponer las pérdidas absurdas y mastodónticas de la temporada anterior.

Laporta se trae entre manos, según él mismo afirma, una negociación mejor que la propuesta de CVC con otro fondo -se ha citado a Bank of America- a cambio de más dinero por menos años de cesión de los derechos de TV. De momento, sólo humo y especulación, seguramente con la idea de presionar a Tebas.

La prensa a su servicio no sólo es consciente del despropósito de la situación, ante una asamblea manipulada, vacía de contenido e innecesariamente telemática. También busca la forma de eludir ese frente informativo, obviando la verdadera razón del enésimo rechazo a CVC, propuesta que el resto de la junta aprueba, porque Laporta sigue atado de pies y manos por Florentino Pérez, víctima de haber vendido algo más que su alma al demonio madridista.

El destino del Barça, condenado a arder en el infierno laportista, se gobierna desde el Bernabéu como consecuencia de la ambición de Laporta por volver al palco del Camp Nou. Los medios que tanto presumen de practicar el periodismo de investigación deberían seguir la pista de esos 300  millones de penalización que, como se conjetura en su propio entorno, le podría reclamar Florentino al Barça si Laporta se desmarca de la Superliga, retira la demanda contra LaLiga Impulso y abraza de nuevo a Javier Tebas.

Otra anécdota deprimente, por no elevarla a tragicomedia, la ha protagonizado el vicepresidente económico Eduard Romeu, personaje abandonado a la merced de Laporta y obligado a una servidumbre deshonrosa una vez que hubo perdido la fuerza del aval de José Elías. La semana pasada, por orden del presidente, fue enviado a RAC1 y Catalunya Ràdio, tras fijarse la fecha de la asamblea, con la misión de enviar un triple mensaje a los socios y al barcelonismo: Javier Tebas ha urdido una conspiración contra el Barça, la herencia de Bartomeu sigue siendo el origen de todos los horrores y a la fuerza se ha de rebajar la masa salarial a base de renegociar una reducción de las fichas de los capitanes.

Lo triste de su actuación fue afirmar que la masa salarial del Barça estaba por encima de los 560 millones cuando en el presupuesto confeccionado por él, presentado a la asamblea y aprobado por los socios para esta temporada, es de 470 millones. No solo dio por buena esa cantidad para reforzar la necesidad de acusar y poner en el centro de la diana popular a los capitanes, sino que opuso como ejemplo al Real Madrid con 400 millones en fichas, cuando en realidad es una cifra superior a los 500 millones.

Triste papel, no se sabe si atribuible a su ignorancia real de los números del club o a otro episodio de manipulación de la opinión pública. Ambas posibilidades son igual de vergonzantes, también la reacción de la prensa, incapaz de rectificarle y de preguntarle por su papel de florero en la junta actual. Algún periodista incluso buscó la forma de justificarlo en base a los pagos diferidos que toca hacer efectivos la próxima temporada. Inadmisible y fuera de lugar.

Por lo que se ve, Eduard Romeu está dispuesto a todo con tal de ser nombrado nuevo presidente de la Comisión Económica que ahora preside Jaume Guardiola en el caso de que se produzca una vacante si sale elegido presidente del Cercle d’Economia.  Romeu se ha creído que Laporta lo elegirá a él en otro ejercicio de ambición e ingenuidad por su parte. “La intervención de Romeu me ha parecido de mucho nivel”, afirmó Marc Ciria, el analista más radicalmente laportista de cuantos merodean en el entorno controlado de la junta.

Mientras tanto, en las tertulias periodísticas de estos días, los propios personajes laportistas que han basado su argumentario y posición en ese corolario sólidamente anclado en la criminalización de Bartomeu empiezan a enfrentar sus propias convicciones y criterios por seguir ciegamente las consignas del aparato oficial de la junta, las filtraciones con las que son permanentemente embaucados y manipulados y las contradictorias actuaciones de un presidente cada día más nervioso y desesperado.

Lo ha retratado con realismo y precisión el cronista Salvador Sostres, probablemente quien mejor puede comparar al Laporta del pasado y al actual. El lunes así lo presentó en su artículo de ABC: “Joan Laporta está superado. Su entorno dice que está irascible, insoportable, que en lugar de tender puentes los dinamita y que duerme poco y tiene crisis de ansiedad (…) Lo que Laporta creía que podría resolver con carisma y empatía, está estancado, bloqueado, y el fútbol mundial ha cambiado mucho desde 2003, cuando por primera vez llegó a la presidencia. Es cierto que el Barça está pagando las consecuencias de la nefasta gestión del anterior presidente, Josep Maria Bartomeu, pero no es menos verdad que Laporta no es capaz de entender el negocio al que se enfrenta. No sabe leerlo bien (…) Propone soluciones mágicas a problemas reales, intenta operaciones que todo el mundo menos él ve desde el principio que van a fracasar; y además ha perdido la mordiente y la osadía de su primera etapa y no tiene ni el valor ni el orgullo de defender sus apuestas y se pliega a lo que le dicen los demás (…) Y se ha enrocado con sus amigos, que poco o nada entienden de la complejidad del negocio del fútbol. Laporta está de mal humor y sin saber qué hacer ni qué va a pasar, lo que le lleva no sólo a no solucionar los problemas que tiene sino a crearse otros que no existen con sus reacciones absurdas y desaforadas”.

En consecuencia, el siguiente acto es el de una asamblea de compromisarios  improvisada de nuevo, con propuestas opacas y diluidas en un mar agitado de necesidades y de urgencias después de un año que la junta de Laporta se ha pasado tomando el sol, comiendo y viajando a la espera que entre unos y otros, como ocurrió con el aval, le salven el cuello.

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