50 años de la conferencia de Naciones Unidas por el medio ambiente humano

Una vez más se avecina el Día Mundial del Medio Ambiente (el 5 de junio). Se harán proclamas, declaraciones de intenciones, charlas, mesas redondas y también algún llamamiento alarmista. Pero también se avecina el aniversario de un evento que marcó hace 50 años un antes y un después en la relación indivisible entre derechos humanos y medio ambiente. Del 5 al 16 de junio de 1972, en Estocolmo, se hizo la primera conferencia que estableció el desarrollo sostenible como derecho humano y que categorizó el medio ambiente humano.

Hoy no sería posible. Cincuenta años después no sólo no se han hecho los deberes, sino que la polarización en muchos aspectos, más un crecimiento sostenido (contrario al desarrollo sostenible), ha hecho saltar por los aires, la gran aportación que se hizo y que dio paso a la creación del PNUMA el mismo año.

Pero si es grave el abismo al que nos lleva el crecimiento sostenido, ahora «verde» (que se califica ahora ya de inviable, porque si debe ser verde, no puede ser sostenido) más grave es que fruto de la polarización y un retorno a las esencias, la ecología pura o profunda (la deep ecology), se haya apartado en Cataluña, desde el año 2003, de la indivisibilidad acordada en 1972 entre derechos humanos y medio ambiente, como concepto vertebrador medio ambiente humano, y haya realizado una fuga hacia adelante (o hacia atrás, según cómo se mire) con el medio natural.

La actual polarización en Cataluña, con el paisaje, la naturaleza, la conservación de especies (no la especie humana, curiosamente la más amenazada), olvidando u obviando a las personas, los derechos humanos y, por tanto, el derecho humano al medio ambiente, la salud ambiental, los impactos del cambio climático sobre la salud, etc., abre una vía de agua en la lucha global y local por un medio ambiente humano y la debilita.

Consciente o inconscientemente se hace el juego al sistema, que a su vez, ya hace años, importó de Estados Unidos una arquitectura o ingeniería sobre protección ambiental, llamada Natural Capitalism, salida de la Universidad de Oxford. No significó un revulsivo, sino al contrario, una vía de integración del creciente movimiento ecologista mundial, para que se configurara más conservacionista y naturalista, y menos ambientalista, puesto que es este formato el que crea problemas socioambientales y políticos que el sistema no puede digerir.

¿Qué conferencia podríamos hacer hoy, para intentar soldar, de nuevo, al menos en nuestro entorno, los movimientos y entidades de derechos humanos y las corrientes ecologistas? Podría ser el Km 0 con máxima proximidad y máxima presencia, haciendo indisoluble la lucha vecinal, territorial, ambiental, energética, etc., puesto que hoy todas son cada vez más interdependientes. Eso sí, huyendo obviamente de la comodidad del “no al lado de mi casa”. Y hoy muchos movimientos están penetrados por esa razón de ser.

Ya hace tiempo que se habla mucho del Km 0 como un nuevo valor ambiental en alza y la máxima expresión de la sostenibilidad, pero, de hecho, más allá del valor agrícola y gastronómico, poco más hacemos. Pero, ¡atención!, lo que sí se hace tampoco es conocido ni puesto como modelo, no sea que los que aún siguen el camino de la producción y el consumo insostenible entraran en contradicción.

No deja de ser simpático, también, como cada vez se habla más de “economía circular”, como si esta economía no fuera la del Km 0 a todos los efectos, o como si no fuera la que practicaban nuestros abuelos. Una adaptación y un retorno a los orígenes nos iría muy bien para relocalizar la actividad económica, hoy en proceso de desglobalización, y teniendo en cuenta tantos déficits que tenemos a nivel de soberanía económica, energética y alimentaria.

Ya es hora de los compromisos serios. Con la soberanía económica, potenciando al máximo la economía social y cooperativa; con la soberanía energética, ya que se necesitan comunidades energéticas locales a lo largo y ancho de Cataluña, pero, claro, para ello es necesaria una base cooperativa y comunitaria que no se ha cultivado. Por último, con la soberanía alimentaria; tanto hablar de la dieta mediterránea y resulta que está en retroceso. Y no digamos ya la trilogía mediterránea, cultivando más colza que trigo.

Hagamos más Km 0 y más soberanías reales, en el máximo de localidades, con la máxima presencia, volvamos a confluir todos por el medio ambiente humano.

Susana Alonso
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