Las cuentas de Laporta ocultan pérdidas que pueden aflorar a lo largo del mandato

Si no se generan y consolidan ganancias, los 74 millones de impuestos positivos aplicados al ejercicio 2020-21 se verían revertidos en los próximos años. La junta decide hoy, a la desesperada, a qué salvavidas agarrarse para salvar el cierre de la temporada.

Joan Laporta
Joan Laporta

Ocultas en la contabilidad azulgrana existen otras pérdidas, latentes y agazapadas, como consecuencia de la aplicación de impuestos positivos cuando una entidad presenta pérdidas que pueden considerarse y justificarse ante los auditores como coyunturales. En el caso del cierre del año pasado, esta compensación ascendió a 74 millones, que se descontaron de unas pérdidas antes de impuestos de 555 millones, resultando finalmente como definitivas esos 481 millones tan ampliamente comentados por haber establecido la administración de Joan Laporta una plusmarca mundial prácticamente insuperable.

Se trata de un concepto que, al contrario del impuesto de sociedades que grava los beneficios de cualquier sociedad o entidad, en lugar de añadir un coste más al déficit del ejercicio cuando éste se produce, lo que posibilita es rebajar estos números rojos. Se acompaña esta operación de un amparo legal técnico-contable y de un argumentario basado en la firme promesa de la junta directiva, también el compromiso, de rectificar las políticas económicas y financieras para volver inmediatamente a la senda de los beneficios.

Antes de emplear, como ahora, el concepto bases imponibles negativas, este recurso se denominaba crédito fiscal y ya fue ampliamente utilizado y gastado en su día por Ferran Soriano en los primeros tiempos de Laporta como presidente. La norma contable establece un margen temporal de diez años para la corrección de esas pérdidas y para la correcta deducción contenida en los dos últimos ejercicios.

Dicho de otro modo, para que esa ventaja fiscal acabe siendo finalmente correcta y asentada, el club debe hacer los deberes y demostrar en sus balances una recuperación en los términos que la ley lo permite a lo largo del periodo establecido para la regularización de las cuentas negativas.

Así quedó reflejada esta incidencia fiscal en la última memoria editada y aprobada por la asamblea: “Las pérdidas del ejercicio 2020/21 han sido motivadas por un descenso muy significativo de la cifra de ingresos por la covid-19, que ha afectado especialmente a los ingresos por competiciones (taquillas y hospitality), comercialización (merchandising, museo y otros) y abonos, y una importante disminución de las operaciones de transferencia de derechos federativos de jugadores entre clubes.

Esta reducción de ingresos no ha podido ser compensada por una disminución similar de los gastos, en especial los correspondientes a la masa salarial del primer equipo de fútbol. Una vez la actividad se normalice, se prevé volver al nivel de ingresos del ejercicio 2018/19 (última temporada previa a la covid-19). Asimismo, las pérdidas del ejercicio 2020/21 incluyen el deterioro de derechos federativos de determinados jugadores, así como la dotación de provisiones por diversos contenciosos, que no son recurrentes”.

Parece tener cierto sentido en una primera lectura, asumiendo el impacto de la covid como principal causa de la situación. Dice y firma textualmente la junta de Laporta sobre esas cuentas que se trata de “un descenso muy significativo de la cifra de ingresos por la covid-19”, es decir la justificación que hipócrita y perversamente el propio Laporta y los suyos han negado en público y en la asamblea, acusando a Josep Maria Bartomeu y a la herencia de ser responsables de esos estados financieros.

También establece que el resto de las pérdidas son atribuibles a su propia decisión de deteriorar el valor de jugadores y de provisiones. Un discurso para Hacienda, el real, y otro manipulado y embustero de cara a la opinión pública, con la finalidad de seguir promoviendo esa sensación de culpa de todos los males al pasado.

Como es habitual, una acción propagandística y mediática basada en buena parte en falsedades que la propia LaLiga de Javier Tebas ya le ha desmentido mediante una auditoría independiente que calcula en 300 millones el descenso de los ingresos directos por causa de la pandemia.

En la misma memoria, la directiva se ve obligada a prometer y hacer planes que rectificarán la situación mediante el siguiente párrafo: “A 30 de junio de 2021 se han registrado activos por impuesto diferido por importe de 128.206 miles de euros, al considerar la Junta Directiva del Club que, de acuerdo con la mejor estimación de los resultados futuros, es probable que estos activos sean recuperados en un horizonte temporal no superior a 10 años, tal como establece la normativa contable. La recuperación de estos activos por impuesto diferido se basa en el plan de negocio para los próximos 5 años aprobado por la Junta Directiva del Club, que prevé la generación de resultados positivos a partir del ejercicio 2022/23. Este plan de negocio se basa en un incremento de los ingresos y contención de los gastos, especialmente los correspondientes a la masa salarial del primer equipo de fútbol. El crecimiento previsto de los ingresos se basa, entre otros, en: (i) venta de merchandising mediante la potenciación del e-commerce, nuevas líneas de productos, nuevos canales de venta y nuevas licencias; (ii) potenciación de las actividades digitales; (iii) suscripción de nuevos acuerdos de patrocinio; y (iv) monetización de diferentes áreas de negocio mediante socios estratégicos. A partir del ejercicio 2026/27, las proyecciones han considerado un crecimiento moderado del beneficio previsto para el ejercicio 2025/26”.

Un plan recurrente que, sin embargo, aún está por activar, pues es notorio que la junta de Joan Laporta, a un mes del cierre, está pendiente hoy mismo de adoptar una serie de decisiones ante la urgencia y la amenazante posibilidad de presentar aún más pérdidas y, consecuentemente, de ampliar también esas bases negativas que, de momento, provocan rebajas en los números rojos, pero que a larga también exigen hacer las cosas bien y recuperarlas para que no vuelvan, envenenadas, cuando se cumplan esos plazos temporales.

Se trata de un beneficio fiscal de indudable eficacia para este tipo de coyunturas que ya fue, por cierto, utilizado un año antes en la formulación de las cuentas cerradas por Josep María Bartomeu, correspondientes al ejercicio 2019-20, en las que ya se registró un saldo negativo final de 101 millones como consecuencia del primer impacto covid a partir de marzo de 2020.

La activación de esas bases negativas supusieron una rebaja de 31,9 millones también sujetas a esos diez años de margen para compensarlas. La memoria correspondiente suscribió los siguientes términos para afrontar la recuperación: “Las pérdidas del ejercicio 2019/20 han sido motivadas por un descenso muy significativo de la cifra de ingresos por la covid-19, que ha afectado especialmente a los ingresos por competiciones (taquillas y hospitality), comercialización (merchandising, museo y otros) y retransmisiones y derechos televisivos al no haber concluido la temporada 2019/20 a 30 de junio de 2020. La Junta Directiva del Club considera que las pérdidas del ejercicio 2019/20 son coyunturales y, una vez la actividad se normalice, se continuarán generando resultados positivos como en ejercicios anteriores. La Junta Directiva y la Dirección del Club han puesto en marcha una serie de medidas para mitigar el impacto de la covid-19, con las que se espera equilibrar la cuenta de pérdidas y ganancias de la temporada 2020/21. A partir de la temporada 2021/22 se prevé volver al crecimiento significativo y sostenido de la cifra de ingresos y de beneficios, mediante la potenciación del negocio digital, las actividades de merchandising de la sociedad dependiente Barça Licensing & Merchandising, S.L.U., o a la comercialización del naming right del Estadio, entre otras líneas de actuación”.

Resultan significativos los matices de un texto y del otro, respectivamente redactados por dos juntas directivas. La primera (2019-20), por Josep Maria Bartomeu, anuncia la necesidad de utilizar BLM y la venta de los naming right del Estadio para estabilizar el flujo de ingresos. La segunda (2020-21), por Joan Laporta, viene a ampliar esas medidas en base a la venta de parte de BLM y de otros patrocinios de forma vaga e inconcreta que, de momento, se ha traducido en la venta efectiva del nombre del Camp Nou a partir de la próxima temporada, aunque sin efectos en la cuenta de explotación más allá de contar como un ingreso más, ordinario, que viene a intentar igualar los ingresos por esponsorización que ya tenía al Barça antes de la pandemia, es decir sin aportar beneficios.

La cuestión diferencial básica es que contra la previsión de equilibrar ingresos y gastos de la temporada 2020-21, la junta de Laporta se dedicó a buscar y encontrar fórmulas para multiplicar por cinco el efecto adverso de 100 millones del primer zarpazo de la pandemia.

No sería, como se ha demostrado, la estrategia más inteligente para su propio futuro, pues se lo ha hipotecado gravemente, ni mucho menos para la fortaleza económica y financiera de un Barça que por su mala cabeza y por esa obsesión enfermiza contra Bartomeu se encuentra atrapado en su propia trampa.

A esa negligencia de su planteamiento de hace un año, cuando tuvo la oportunidad de formular las cuentas de la temporada 2020-21, debe añadirse su propia inacción y dejadez a lo largo del actual ejercicio, hasta que por fin se ha dado cuenta, demasiado tarde, de la urgente necesidad de rectificar ese gran error cometido y de intentar llegar a final del ejercicio sin nuevas pérdidas.

Hoy, precisamente, la directiva de Laporta se reúne para escoger los pocos salvavidas que tiene a mano, entre ellos vender a la desesperada, por debajo de su valor, sin derecho a recompra y renunciando a la mitad de algunos ingresos a partir de la próxima temporada, algunos de los más valiosos activos del club. Asusta pensar qué tipo de acuerdos son capaces de adoptar Laporta y una directiva cada vez más asediada por su propia y acreditada incapacidad.

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