Maternidad, conciliación y salud mental

En estos últimos meses he estado leyendo a Marian Rojas Estapé, una psiquiatra especializada en la gestión de las emociones, y una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido el hecho de recalcar la importancia de recibir afecto desde el nacimiento, ya que de no hacerlo el bebé podría padecer una especie de desnutrición hasta llegar a fallecer, sin contar con que además podrían desarrollar desajustes emocionales y problemas de salud mental. Por desgracia se ha llegado a realizar experimentos con recién nacidos que han corroborado la importancia de que un bebé reciba constantes atenciones de afecto, que van más allá de cubrir las necesidades básicas.

¿Y cuál es el problema? Pues que para dedicar mucha atención a una persona, y ya no hablemos de atención de calidad, se requiere tiempo, algo que en las primeras semanas de vida de un bebé es posible en parte gracias a los permisos de maternidad y paternidad, que duran 16 semanas cada uno ¿Pero después que ocurre? Pues que los padres tendrán que hacer encaje de bolillos para conciliar vida profesional con las tareas de cuidado hacia los niños, sin contar con el tiempo que han dedicar a las tareas domésticas y de autocuidado. Si a esto le añades que en España ha existido, y probablemente siga existiendo, una tendencia a que las mujeres trabajen en contratos de jornada completa para obtener salarios mayores, todavía dificulta más esta conciliación, dado que podría caber el riesgo de encontrarse al hijo o hija durmiendo al llegar a casa. Esto demuestra la inviabilidad de nuestro sistema económico con la vida reproductiva, ya que nos arrastra a ir deprisa y corriendo sin parar a detenernos un momento a realizar tareas de cuidado con la dedicación que se requiere.

Muchas veces se ha sacado a la mesa el tema de reducir las jornadas laborales a 35 horas o mejorar el sistema de transporte para acortar el camino de la residencia al lugar de trabajo, y viceversa, pero esto quizás sean parches para solventar un problema de fondo. Y es que resulta difícil que una persona que ha estado muchas horas al día trabajando tenga mucha energía para pasar tiempo de calidad con su hijo o hija al volver a casa, con la consecuencia de que probablemente este no reciba todo ese afecto que le posibilite ser un adulto funcional sin problemas emocionales o mentales.

Hay que recordar que estamos ante un panorama en el que la primera causa de muerte en los jóvenes es el suicidio y han aumentado los problemas de salud mental a raíz del confinamiento a causa de la pandemia. Cuando el mundo paró y nosotros paramos con él nos dijimos que esto nos haría cambiar y que nos convertiríamos en mejores personas. Que nos habíamos dado cuenta de que era necesario poner la vida en el centro. Ahora es momento de demostrar que nuestras palabras no queden en papel mojado y podamos cambiar de dinámica realizando políticas que permitan conciliar la vida personal con la profesional.

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