¡¡¡La preocupación por la emergencia climática cae 20 puntos!!!

En Cataluña, cada día “vamos a más”. Y a peor. No sólo climáticamente hablando, superando el aumento de temperatura media (1,8º), de niveles pre-industriales, por encima de la española, sino porque ya estamos por encima del famoso 1,5º a alcanzar el 2.050 por los Acuerdos de París!!. Si a esto añadimos que el Mediterráneo, recordemos, se está calentando el doble de rápido que otros mares y océanos, deberíamos estar no sólo en emergencia climática, sino en alerta total, con el semáforo rojo, restricciones, tomando medidas drásticas de transición energética, aumentando controles y vigilancia, poniendo en marcha programas y dispositivos de todo tipo (consumo, transporte público, ambientales, ¡renovables!, sanitarios, de riesgos, etc.). Al igual que se hizo con la emergencia sanitaria. No es de recibo, que por la emergencia sanitaria el mundo se estuviera acabando y por la emergencia climática, que resulta, se nos dice, avisa, advierte, que es muy grave y acelerada (el peligro nº1 para la humanidad), exista una simultánea relajación. No resulta creíble, provoca escepticismo y por último desmovilización.

También hace unos meses advertí, y se sigue olvidando u obviando, del peligro de no dar crédito o gravedad al porcentaje de población negacionista (entonces un 6,4%) y de la que sin serlo, no vincula el cambio climático a la actividad económica no sostenible… (un 23%). Si estos datos ya deberían preocupar y mucho para hacer de una vez campañas masivas de sensibilización climática, hace pocos días se ha publicado un informe demoledor por parte de la Generalitat, que en mi opinión es muy significativo.

Tan estremecedor y alarmante, que hacía muchos años no tenía tantas dudas existenciales de si debería escribir una valoración sobre este hecho, pues puede dar indirectamente munición a los que ya les va el desencanto y frustración que pueden dar estos datos, pues si afloja la presión y la movilización, pueden seguir retrasando o obstruyendo medidas.

Pero también, por otra razón, porque otros y más reconocidos y “prestigiosos” analistas y científicos no han dicho nada al respecto. Es una «patata caliente», y ya sabemos, que según qué analistas y científicos, prefieren la «teoría» y la disidencia ambientalmente correcta, que analizar a fondo datos que podrían de rebote cuestionar su «brillante» discurso, a menudo más teórico y académico, que no activista y comprometido, o que podrían poner en el espejo, a muchos políticos (o no) supuestamente ambientalistas o sensibles a la sostenibilidad, que lucen en sus solapas el colorido pin de los ODS 2030 (Objetivos de Desarrollo Sostenible)Resulta que en Cataluña, si tenemos que hacer caso a una reciente encuesta del Departamento de Acción Climática, que apenas ha trascendido a los medios o ha sido publicada en letra pequeña (?), el pasado 21 de abril (Ref. Nació Digital ), pero que fue editada en diciembre de 2021, la preocupación de la ciudadanía por la emergencia climática, ha caído 20 puntos!!, en relación a la que había en 2017. La primera pregunta es, ¿cómo es que si se editó hace cinco meses, no ha sido publicada hasta ahora?. La segunda pregunta es, ¿cómo ha tenido tan poco eco, incluso en las organizaciones más activistas sobre la emergencia climática (y cómo decimos, en estos científicos que tanto se prodigan en cambio y alarman sobre la biodiversidad, el paisaje, el fondo marino, los impactos de las energías renovables en el “territorio”, el colapso o el decrecimiento). Y que tan generosamente edita TV3?

Vamos a ver primero esta espectacular caída en 20 puntos, sobre la preocupación por la emergencia climática, en tan sólo 4 años. ¿Qué ha pasado, para que esta caída sea de 20 puntos y no de 2, 4 o 6?Por un lado, hubo de forma ascendente hasta el año 2019, cuando irrumpió como un tsunami la pandemia, un auge de los movimientos, plataformas y manifestaciones en todo el mundo y en Europa por el clima, para que se tomaran medidas definitivas en el marco de las Cumbres de Naciones Unidas, y de los últimos informes del IPCC, etc. (no sólo la COP 25 y 26).Fue una explosión que vislumbraba posibilidades de cambios, coincidiendo con la aparición de Greta Thunberg y nuevos movimientos ecologistas. Pero como digo, esa ola fue truncada por la aparición de la pandemia y de una alarma social mundial que lo canceló todo durante dos años.

Por tanto tenemos, una desmovilización y una muy probable frustración de muchos colectivos y ciudadanía en general.Pero claro, también tenemos lo que se hizo o no, en el marco de estos dos años en la sombra, confinados y con limitaciones y restricciones presenciales, de forma digital (y teórica). A muchos científicos y no sólo, se les ocurrió que la mejor forma de aprovechar el tiempo era escribir libros (más de diagnóstico, que de pronóstico, más de análisis que de síntesis). Coincidiendo con este marco, también se han publicado en los últimos años, informes sobre el cambio climático o datos sobre éste, muy alarmistas. Excesivamente alarmistas, por no decir catastrofistas.

A modo de ejemplo, el último informe del IPCC hablaba de los “daños irreversibles para los próximos siglos o milenio”. Obviamente, sólo con este dato y titular, “apaga y vámonos” y ¡Carpe Diem!Datos no acompañados de explicaciones y de pedagogía climática adecuada y adaptada a los distintos grupos de población. Pedagogía climática, que recordaré se debería estar haciendo desde hace 30 años, pues tanto el Estado español, como la Generalitat, firmaron el Convenio de Cambio Climático de Naciones Unidas, Cumbre de Río de 1992. Seguro que hay cargos en Acción Climática que no saben que en Cataluña deberían estar peinándose hace años los 947 municipios, con programas de sensibilización climática, ambiental, energética, etc.

Seguramente si hace años que se estuviese haciendo esto, no sólo no habría el nivel de rechazo actual a la extensión de las energías renovables, sino que media Cataluña estaría llena de molinos de viento y muchas localidades serían autosuficientes con huertos y parques solares comunales, como en Dinamarca (ya que queremos -¿o queríamos?- ser Dinamarca del Sur.)En su lugar, periódicamente se tira de titulares y de alarmismo, en función de cómo se va agravando la crisis climática. Al por mayor y con trazo grueso. Y no acompañados de medidas, dispositivos y limitaciones drásticas.Obviamente se podía producir el efecto contrario al deseado (que se ha producido).

En paralelo, aquí en Cataluña, vamos muy atrasados ​​en derechos y deberes ambientales. Muchísimo. Y los datos de calentamiento, que sigue aumentando, los más altos de Europa, no parece vayan con nosotros. Es evidente que dada «la alegría de la huerta» en la que estamos, cada vez haya más gente no se cree que estemos en emergencia climática. El escepticismo y el derrotismo, junto con la irritación e impotencia al ver cómo casi todas las instituciones y organismos van haciendo el “vivo” y las empresas greenwashing (lavado de verde), llevan a una incredulidad y a una fuga a mi “huerto”, que ante también el “no future” que tanto pregonan y repiten los “revolucionarios” científicos colapsistas, en lugar de llevar a una movilización creciente, están provocando el efecto contrario. Hecho, que algunos, como quien suscribe, estamos advirtiendo hace tiempo, pero ni caso.

Por si éramos pocos, no faltaba más que una película, que en lugar de ayudar a hacer pedagogía, todavía invita más a la confusión. La reciente “Alcarràs”, de la que tanto se habla, y no negamos tenga buena factura cinematográfica con un buen elogio de la proximidad, pero que en cambio, parecería vincule la desaparición del campesinado, a la aparición de las energías renovables y huertos/parques solares. Que se haya cogido como hilo conductor esta trama, creo es algo desafortunado.En cualquier caso, la combinación de inacción climática con la repetición de mensajes catastrofistas, más los que tapan el problema, creando otros artificiales, se demoledora: 20 puntos por debajo del 2017!!

Felicidades a todos los que están haciendo posible este bajón en la preocupación por la emergencia climática y más cuando algunos de ellos, lo hacen desde planteamientos maximalistas o catastrofistas, aparentemente muy anti-sistema, pero que al mismo sistema ya le va bien que se extiendan, pues desmovilizan a la población (si la situación es irreversible, para que preocuparse?!). No es una frase vacía de contenido volver a repetir y recordar “lo mejor es enemigo de lo bueno”.

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