Laporta protagonizó la pantomima del siglo en el Ajuntament

No tendrá licencia para su plan de Espai Barça al menos en un año y medio, aún no ha presentado el proyecto y es imposible que el Barça juegue en el Olímpic de Montjuïc la temporada 2023-24

Camp Nou

Resulta tan admirable y asombroso el modo en que Joan Laporta es capaz de embaucar a toda la prensa, catalana, nacional y extranjera, que merecería incluso el aplauso si no fuera porque la finalidad siempre es la del embuste, el engaño y la trampa.

La rueda de prensa ofrecida el jueves pasado en el Ajuntament de Barcelona, al lado de la alcaldesa Ada Colau, ha resultado ser finalmente, y como ya se intuía, una pantomima con la única pretensión mediática de distraer a todo el barcelonismo en una semana trágica en la que, tras encadenar tres derrotas seguidas en casa, dos de ellas en Liga, frente al Cádiz y el Rayo Vallecano, el Real Madrid ya podía certificar la conquista de ese título que, de nuevo Joan Laporta, había prometido con insistencia y su soberbia habitual tras ganar 0-4 en el Bernabéu.

Los expertos sobre la realidad del Espai Barça y de su estado constructivo señalan que, en efecto, el Ajuntament de Barcelona no ha concedido a la directiva actual ninguna licencia nueva que no hubiera sido trabajada y consensuada con la junta de Josep Maria Bartomeu, especialmente con el Comisionado del Espai Barça, Jordi Moix, quien en su última etapa también ejerció como vicepresidente económico.

Las licencias ya concedidas previamente son las que permitirán realizar ahora una serie de obras menores ya previstas, por más que fueran anunciadas la semana pasada como el arranque definitivo del Espai Barça. No es así. En ningún caso esos permisos contemplan la presunta remodelación tan reiteradamente anunciada y verbalizada por Laporta respecto de la Tercera Graderia, con esos cambios estructurales -un anillo doble de palcos VIP añadido entre esa zona y la Segunda Graderia- que la alcaldesa Ada Colau dejó claro que no se ha negociado ni aceptado.

El plan previsto a partir de junio, al acabar la temporada, responde al guión de las actuaciones descritas en la licencia otorgada hace tres años, cuando la Covid obligó a la paralización y suspensión de actuaciones como continuar con la urbanización de las calles del entorno del Camp Nou en el barrio de Les Corts, la retirada de escombros de las pequeñas modificaciones en los Gols Nord y Sud y el desarrollo de algunas mejoras tecnológicas sobre el terreno, tareas de preparación para el día en que realmente se acometa la gran reforma del estadio.

Acciones de trascendencia menor contadas a la prensa como si, de verdad, en poco más de un mes empezara la gran obra del Espai Barça y la reconstrucción del Camp Nou. Una realidad muy distinta, por no decir mentirosa, de la expuesta por Laporta principalmente ante los medios, secundada por una alcaldesa y un Ajuntament que han optado por no reaccionar frontal y abiertamente a las locuras y los inventos de un presidente que fantasea demasiado en ese tipo de cuestiones arquitectónicas. No es la primera vez que lo hace.

La modificación que propone Laporta en voz alta no es, de momento, más que una reflexión, una idea que aún no se ha puesto por escrito en un proyecto arquitectónico y técnico que describa el cambio de enfoque aprobado en su día y sus consecuencias. Sin esa documentación, pendiente de presentación, mucho menos puede hablarse en términos cercanos en el tiempo del proyecto de ejecución y de poder licitar esas obras como ya han publicado algunos medios que se han creído el cuento entero.

Los técnicos municipales sostienen que Laporta no obtendría una licencia nueva al menos hasta dentro de un año y medio teniendo en cuenta que, además, en 2023 se celebrarán elecciones municipales. Pasarían dos años contando desde ahora antes de poner esas futuras reformas del proyecto en fase de licitación.

Además, en tanto no se produzcan en este sentido avances significativos, es decir planos, supervisión, aprobación técnica, acaso nuevas alegaciones si hay socios disconformes, etcétera, Goldman Sachs no tiene el menor propósito de dar luz verde al grueso del préstamo de las obras sobre un presupuesto que sólo es una estimación de la junta, la de esos 1.500 millones para los que la asamblea de socios ha dado permiso. Nada más, solo charlatanería y postureo.

Lo único seguro es que el primer equipo no jugará la temporada 2023-24 en Montjuïc, una afirmación ficticia de Laporta para no admitir que, según están las cosas hoy, las obras de gran calado no se iniciarían hasta el verano de 2024, eso yendo las cosas sobre ruedas.

Ada Colau también fue muy clara al respecto de la posibilidad de que el FC Barcelona juegue en el Estadi Olímpic algún día: “Ese es un acuerdo que habrá que abordar” en el futuro, previa inversión de 20 millones a cargo del Barça más el alquiler de las instalaciones.

Otro infundio, uno más de los que se marcó Laporta con la propia Colau mirando hacia otro lado, acotando esas mentiras con desmentidos que, sin embargo, la prensa no captó, como casi siempre. El motivo de este colaboracionismo es pura estrategia política. Laporta no puede ver a Colau y viceversa, todas las reuniones han sido tensas y fracasadas porque Laporta espera la misma sumisión que encuentra en el otro lado de la Plaça Sant Jaume y lo quiere todo de inmediato y gratis, mientras la alcaldía plantea seriamente la necesidad de hacer las cosas bien, como se hicieron hasta la dimisión de Josep Maria Bartomeu.

Otra cosa es que Ada Colau, como el resto de los partidos, quiera evitar un conflicto abierto y público con Joan Laporta, teniendo en cuenta que Les Corts es un barrio muy sensible y muy a favor del Espai Barça, con miles de votantes que antes de un año han de volver a pasar por las urnas para elegir equipo de gobierno. A Laporta le dejan decir en voz alta todas las tonterías que quiera e incluso, como sucedió el jueves pasado, tolerar que las diga desde el mismo Ajuntament.

Los titulares de esa comparecencia que con el tiempo será histórica, pues el Barça no subirá a Montjuïc en la temporada anunciada por Laporta ni se cumplirán los plazos proclamados por el presidente, dieron, no obstante, otra versión completamente distinta, edulcorada, imaginativa, irreal y sobre todo laportista.

“El Espai Barça avanza. Luz verde a las obras del Camp Nou” (La Vanguardia)

“Las obras del Camp Nou, en junio y a Montjuïc, en 2023” (Mundo Deportivo)

“El Estadi Olímpic será la casa temporal del primer equipo en la temporada 2023-2024. El Ayuntamiento de Barcelona y el Barça alcanzan un acuerdo para iniciar las obras del Espai Barça en junio” (El Periódico)

“El Barça, todo un año en la montaña mágica. El club ya tiene la licencia de obras del Ayuntamiento para iniciar las obras del Espai Barça, que espera acabar el 2026 después de jugar toda la temporada 2023/24 en el Estadio Olímpico” (Ara)

“Más de dos décadas después de aquel proyecto Barça 2000 impulsado por Josep Lluís Núñez y cuando hace 15 que Joan Laporta presentó la colorista propuesta de remodelación del Camp Nou ideada por Norman Foster, este junio entrarán las máquinas al estadio del Barça para rehacer de arriba abajo una instalación que ha pasado de ser antigua aquel 2007 a quedar obsoleta por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento” (L’Esportiu)

“Más constructoras pujarán por el Camp Nou. El club negociaba con FCC, Sacyr, Acciona y Ferrovial, pero ahora escuchará ofertas de más empresas. Laporta quiere firmar los 1.500 millones del crédito con Goldman Sachs antes de terminar el año” (Expansión)

El acuerdo con el Ajuntament de Barcelona, que presentaron ayer el presidente Joan Laporta y la alcaldesa Ada Colau, es, en definitiva, el pistoletazo de salida de la puesta en marcha del proyecto que empezará el próximo mes de junio y que significará una transformación absoluta del campo y del entorno” (Lluís Mascaró, Sport).

Esta claro que el entorno del barcelonismo, especialmente el mediático, necesita una puesta a punto urgente.

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