El laportismo recurre al relato de la herencia para justificar la debacle

Ridícula reacción contra el pasado por parte de la prensa dominante y dominada que, hace un mes, certificaba el ‘entierro’ de la era Koeman y daba por irreversible el “¡Hemos vuelto!”

Xavi Hernández

El fútbol resulta sorprendentemente sencillo de entender y de analizar si se observa desde una perspectiva más general y objetiva. Con fanatismo, intereses comerciales y dependencia de la junta, como hace la prensa laportista, el resultado suele ser cómico, esperpéntico y degradante.

El Barça que hoy pasa su peor momento después de tres derrotas consecutivas a domicilio, un registro histórico sin precedentes, no puede considerarse el peor equipo de todos los tiempos. Sería tan absurdo como haberlo elevado a la categoría excelsa, superlativa y dominante antes de tiempo, precipitadamente, como resultado de la absurda obsesión por señalar el ‘pasado’, o sea a Koeman y a Bartomeu de fondo, como culpables de todos los males del barcelonismo.

Con el tiempo, esa manipulación exagerada, artificialmente proyectada desde la junta y desde la prensa dominante y dominada, también quedará muy matizada por la realidad. Ya se verá. Por ahora, sin embargo, sirva de ejemplo la trayectoria del equipo, que sea con Koeman o con Xavi sigue siendo el Barça, para comprender que los extremismos forman parte un peligroso juego en el que fácilmente cualquiera puede hacerse mucho daño.

El verdadero relato de esta temporada se explica desde el shock futbolístico de haber echado del Camp Nou a Messi y al segundo mejor goleador del equipo, Griezman, una situación envuelta en una apuesta por mantener a Koeman contra la propia desconfianza, recelo y dudas de Joan Laporta, de su junta y de su círculo de influencia. Nada podía salir bien si, además, en un vestuario con los capitanes escépticos y fríos con Koeman, tampoco se podía contar con los delanteros Ansu Fati y Dembélé ni con Pedri, el verdadero ‘cerebro’ de un equipo sin liderazgo.

La llegada de Xavi, en quien Laporta tampoco creía, se produjo más por la necesidad de interponer un escudo mediático y una cura de urgencia a la secuencia de errores cometidos desde la presidencia. Eso sin olvidar que la temporada se preparó y diseñó dando por hecha la renovación de Leo Messi. Para sustituirlo a él y a Griezman llegó Luuk de Jong.

Decidido el relevo en el banquillo, Xavi reclamó, exigió y le fue concedido aquello que se le negó a Koeman: tiempo para recuperar a los lesionados, paciencia, tolerancia y apoyo de la prensa en la etapa crítica que padeció el propio Xavi en los partidos de muy mal juego que no se rectificó hasta la recuperación de Pedri, Dembélé y la inversión de 100 millones en una delantera nueva con Ferran Torres, Aubameyang y Adama.

Hubo, consecuentemente, un subidón que se malinterpretó con el 0-4 del Bernabéu en un momento en que el rival dominaba con amplia holgura el campeonato de Liga y estaba inmerso en difíciles y complicadas eliminatorias de Champions. Para entonces, el equipo de Xavi ya había caído en la liguilla de Champions, en la Copa y en la Supercopa.

Sirva de referente de esa euforia contenida, de la compulsión del laportismo por señalar el pasado, la visión del primero de los laportistas, Lluís Mascaró, director del diario Sport. Así lo escribía: “Con esta incontestable victoria, el Barça ha demostrado que está de vuelta, que es un equipo listo para ser campeón. Xavi ha construido un SuperBarça en tiempo récord, apelando al modelo y al orgullo. Recuperando la mejor versión de todos sus futbolistas y acertando con todos los fichajes del mercado de invierno, especialmente con Ferran Torres y Aubameyang, dos de los grandes protagonistas del triunfo de anoche en el Bernabéu. Este Barça es el mejor Barça en muchos años. Y eso es una gran noticia, Una extraordinaria noticia”.

Semanas después, aunque el equipo no lograba recuperarle terreno al Real Madrid, abundaba en el acierto y extraordinario futuro del efecto Xavi: “Cruyff, Guardiola y Xavi conforman la trilogía de entrenadores del Barça con un argumento común: el estilo. Cruyff creó un modelo, a principios de los 90, que cambió la historia del club blaugrana. Con el Dream Team se conquistó la primera Copa de Europa y cuatro Ligas consecutivas. Guardiola fue su discípulo más aventajado y acabó sublimando el estilo hasta convertir el Barça en el mejor equipo del mundo: el sextete del 2009 ya forma parte de los anales del fútbol. Ahora le toca el turno a Xavi, el único sucesor posible de los dos maestros. Si Guardiola aprendió de Cruyff, Xavi aprendió de Guardiola. Y con su llegada al banquillo del Camp Nou se cierra el ciclo. Desde la marcha de Pep, ningún entrenador había mantenido el espíritu de Johan. Ni siquiera Luis Enrique, que hizo su particular adaptación”. Esa es otra perversión del laportismo que vive en las redacciones, la querencia por borrar de la historia y degradar el Triplete de Luis Enrique y de Bartomeu con Messi, Suárez y Neymar.

Pensando que la Liga y la Europa League eran posibles, Mascaró siguió subiendo el listón: Xavi ha recuperado las esencias perdidas durante demasiados años. Ha necesitado un par de meses para implementar sus ideas, pero cuando los jugadores han mecanizado su propuesta, el rendimiento del equipo ha dado un salto cualitativo espectacular. Las tres goleadas consecutivas ante Valencia, Nápoles y Athletic son el punto de inflexión. Xavi está construyendo un equipo campeón, como hicieron antes Cruyff y Guardiola, partiendo de un estilo irrenunciable (…) Xavi lleva 20 partidos al frente del Barça. Desde su debut el 20 de noviembre ante el Espanyol, han pasado 102 días en los que ha demostrado que es el entrenador ideal para la construcción de un nuevo proyecto. Más allá de los resultados, lo realmente trascendente es la resurrección de un equipo moribundo después de tantas derrotas. El equipo triste y perdedor ha dado paso a un conjunto competitivo y reconocible”.

Aunque ya dando algún signo de debilidad, Mascaró cerró el círculo después de la victoria en el Camp Nou ante el Sevilla, hasta entonces segundo en la Liga: “La revolución de Xavi -escribió- es futbolística y anímica. La eufórica celebración del gol de Pedri ante el Sevilla es el reflejo de la total transformación que ha vivido el Barça desde la llegada de Xavi. El entrenador, por cierto, fue de los que más festejó ese tanto que daba tres puntos trascendentales a los blaugranas. Y es que el técnico se encontró con un equipo desorientado y sin personalidad que estaba clasificado en novena posición de la Liga y lo ha convertido en un conjunto ambicioso y reconocible que ya es segundo del campeonato. Todo eso en solo cuatro meses y medio. La influencia de Xavi en la resurrección del Barça ha sido decisiva. Y no solo en lo futbolístico. Ha recuperado el estilo y le ha devuelto al equipo la identidad perdida. Pero también ha provocado una profunda metamorfosis anímica. Los jugadores vuelven a creer en sí mismos y han abandonado aquel carácter perdedor que arrastraban desde hace demasiado tiempo”.

Leídos sus argumentos y afirmaciones está claro que, con Xavi, no podía volver esa realidad descrita por Koeman cuando se vio obligado a atacar los partidos con Luuk de Jong, Jutglà, Abde o Yusuf Demir. Con su relevo y la revolución de Xavi se había pasado página para siempre, se había demostrado -según sus escritos- que el pasado era un compendio de errores y horrores felizmente superado. Esa era la línea hasta que se lesionó Pedri y el mazazo de la invasión del Eintracht, la noche en la que sobre todo el equipo percibió la vulnerabilidad, cinismo, incapacidad e hipocresía de la directiva en la que creían.

El propio Xavi, aunque los medios han escondido la importancia de esas declaraciones, exigió explicaciones por la gravedad de lo ocurrido, señaló y responsabilizó de la derrota a unos hechos excepcionales y añadió a su propio relato que “la realidad es la que es, aunque no nos guste”, o sea su propia versión de “Esto es lo que hay”, cuando han vuelto las derrotas. El presidente no se ha atrevido a pisar el vestuario desde entonces.

Lo mismo han hecho los altavoces de la junta como Mascaró, eliminar la responsabilidad de Xavi en el devenir de un equipo que ahora vuelve a ser la ‘herencia’ y no el que había sido mágicamente transformado por el nuevo entrenador. Previo al partido ante el Cádiz ya puso excusas: “Puede que (quedar segundos) no sea un objetivo especialmente atractivo para los culés. Pero hay que recordar de dónde venimos. Hay que recordar que el Barça ha estado sumido en una grave triple crisis deportiva, económica e institucional de la que empieza a recuperarse, poco a poco, gracias a la gestión de Laporta en los despachos y de Xavi en el campo. Hay que recordar que a mediados de noviembre parecía impensable optar a las plazas de Champions”.

El resultadismo es el refugio de los mediocres y de los charlatanes. El epitafio se lo puso ayer el propio director del Sport en su artículo: “Lo mejor que le puede pasar al equipo blaugrana es que acabe esta terrorífica campaña. Cuanto antes. Y que Xavi pueda planificar con calma la siguiente. Con buenos fichajes. Imprescindibles. Solo nos queda soñar con un futuro mejor…”

La conclusión más razonable es que no se ha avanzado tanto como parecía, que los fichajes responden mejor si alguien como Pedri maneja el juego con ese talento que no es posible aportar desde el banquillo a un equipo con pretensiones reales de competir por la Liga y por la Champions. También que el vestuario quedó muy tocado, desprotegido por los suyos cuando Laporta abrió el libre mercado de entradas a los alemanes y puso en riesgo a socios, seguidores y el propio equipo, que sigue en shock y traumatizado.

En cuanto a fichajes, lo mismo. No hay dinero para casi nada. Dembélé se puede escapar finalmente y tanto Araujo como Gavi no renuevan porque falta algo de estímulo económico para firmar. Y un dato que debe hacer reflexionar a la dirección deportiva y técnica: Alves, Busquets, Alba y Piqué acusan el cansancio al final de esta temporada más que los jóvenes. La temporada que viene tendrán 39 (Alves), 34 (Busquets), 34 (Alba) y 36 (Piqué), o sea una media de casi 36 años. Ahora se habla de revolución y de regeneración. Como cada verano desde hace demasiados años.

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