Laporta culpa a causas externas del escándalo del 14-A

Ofreció ridículas, vergonzosas y banales explicaciones, admitiendo que la junta y la seguridad no se enteraron de nada hasta la hora de apertura del Camp Nou

Insuficientes, pobres, ridículas y grotescas fueron las explicaciones ofrecidas por el presidente Joan Laporta sobre la triste e inolvidable, también imperdonable, noche del Eintracht. Tratando inútilmente de eludir la plena culpabilidad de los hechos, el presidente sólo admitió una parte de la responsabilidad, matizando que fueron una serie de imponderables y de circunstancias, ajenas al propio club, las que provocaron que 40.000 alemanes pudieran comprar entradas por todos los canales posibles.

La comparecencia fue una sarta de excusas insolventes e injustificables como que, por ejemplo, como consecuencia de la presión de los seguidores visitantes a la web del Barça, intentando comprar entradas, el sistema colapsó, se rindió. Vino a decir Laporta que el bloqueo de miles de aficionados intentando comprar desbordó la resistencia informática, no obstante haber rechazado, dijo, 27.000 intentos desde Alemania.

Por un lado, Laporta se refirió como siempre al modelo de gestión heredado de Bartomeu como parte del problema, contradiciéndose cuando quiso destacar y corregir que la web sí evitó los intentos de compra de seguidores del Eintracht con tarjetas de compra alemanas.

Referirse al pasado era un argumento que no se sostenía, pues aunque sugirió que ese colapso había dado paso a la libre adquisición de localidades, después hubo de rectificar, aclarando que sencillamente los aficionados se dedicaron a buscar otros caminos porque la web los rechazaba.

Uno de esos atajos fueron las “agencias no oficiales” y “grupos organizados”. Los periodistas presentes, mayormente indocumentados y poco osados en sus preguntas, se mostraron incapaces de reaccionar ante este otro embuste de dimensiones mastodónticas.

¿Cómo puede alguien atreverse, sin sonrojarse, a señalar a las ‘agencias no oficiales’ como parte del problema? El concepto ‘agencia no oficial’, para empezar, no existe, no cuenta, es sencillamente un invento de la estrategia vacía y trilera de Laporta, pues en cualquier rincón de internet donde se pueda comprar una entrada legítima para un partido como el del 14-A, entre el FC Barcelona y el Eintracht Frankfurt, su procedencia sólo puede tener como origen el propio club, sea porque un socio se ha hecho con ella y la revende, sea porque ha sido adquirida en la web de un modo legal y oficial o sea porque las agencias oficiales las han distribuido bajo otras páginas falsas, pero con su mismo software, sin el sello de distribuidor oficial.

Si la directiva quería seguir el rastro de su ‘viaje’ sólo tenía que realizar, en el momento del acceso al estadio, un control del comprador como se había hecho anteriormente cuando se había detectado algún tipo de fraude.

Lo mismo sirve para el concepto ‘grupo organizado’ que, como tal, para actuar con fines delictivos, especuladores y de piratería en la distribución y venta de miles de entradas, necesita disponer previamente de esa cantidad de tickets expedidos exclusivamente desde el club por cualquiera de los caminos anteriormente descritos y legales.

No puede, por tanto, derivarse ni externalizarse como algo ajeno a la gestión de la junta el destino de las entradas a la afición rival, práctica absolutamente prohibida por la UEFA.

El directivo Juli Guiu, que acompañaba a Joan Laporta, admitió que la directiva no disponía de la trazabilidad del camino seguido por las entradas y, sin el menor rubor ni vergüenza, se quejó de que había portales webs por todo el mundo que “son imposibles de controlar”. Falso, pues basta con realizar el mismo ejercicio que los aficionados, tan simple como buscar entradas por internet con una sencilla búsqueda.

Aún fue más lamentable el papel de Lluís Venteo, jefe de seguridad, que confesó no haber previsto la magnitud de la tragedia “hasta que por las imágenes de los drones vimos que a la hora de abrir las puertas del Camp Nou había miles de seguidores alemanes. Ya no pudimos hacer nada porque además tenían entrada”.

Laporta añadió un comentario indignante: “Pensábamos que venían sin entrada, eso es lo que nos habían dicho en las reuniones con la UEFA”. O sea, que mientras la prensa y miles de aficionados de Barcelona seguían por las redes cómo estaban preparando los seguidores de Frankfurt la invasión del Camp Nou de cara al partido de vuelta, nadie del club supo ni pudo prever lo sucedido.

Venteo también reconoció que el dispositivo de seguridad estaba diseñado para controlar a los 5.000 alemanes de la zona reservada a la afición visitante, es decir a los que sí estaban vigilados y no suponían el menor problema.

En resumen, que las cifras y las sospechas fueron estimadas, aproximadas, un compendio de suposiciones y conjeturas encaminadas sobre todo a echarle la culpa a fenómenos no controlados y externos desde la junta, reconociendo que “no nos enteramos hasta que ya no se podía hacer nada”.

El titular que Laporta trató de vender a los medios fue que el “club nunca vendió entradas directamente a los seguidores alemanes”. Por eso, añadió, “entendemos que somos responsables, pero no culpables”.

En efecto, el club, el Barça como institución no promueve ni consiente la reventa. Ha sido la directiva, sus gestores actuales la única culpable de que los socios del Barça fueran vejados, humillados, maltratados, agredidos e insultados en su propia casa, indefensos, a causa de la negligente gestión de Joan Laporta, que ahora es el directo y principal máximo ejecutivo del club.

Bochornosas y huecas explicaciones más allá de señalar y cortarle el contrato a una de las agencias oficiales, PU Corporate Hospitality, una maniobra de distracción para dar la apariencia de haber actuado enérgicamente en contra, mientras que el resto, el grueso de los revendedores oficiales recuperados por Laporta después de haberlos echado Bartomeu, seguirán disponiendo de miles de entradas y barra libre como ante el Eintracht.

No cambiará nada. PU Corporate Hospitality no es más que una agencia tapadera, satélite de las importantes que causaron el escándalo del 14-A.

Cuando las sospechas y las informaciones ya apuntaban una semana antes el peligro de ocupación, la directiva de Laporta pudo y debió haber tomado medidas, como suspender la venta de entradas y activar, como reclamaban muchos socios, el pasaporte infantil para que miles de hijos de socios y acompañantes pudieran vivir en familia una gran noche europea. La directiva escogió seguir vendiendo entradas a cualquiera.

Finalmente, el propio entrenador, Xavi Hernández, admitió que el factor ambiental contribuyó al mal juego y agarrotamiento del equipo, agredido y acosado en su propio hotel hasta entrar en el Camp Nou como si fuera el equipo visitante.

Desde luego, la culpa de la derrota y eliminación internacional no la tuvo el club, la tuvo la directiva.

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