Otra guerra: tecnólogos y científicos

En coincidencia con la terrible guerra contra Ucrania, existe una guerra en Cataluña, mucho menos cruenta. Quizás se puede pensar que comparar las dos guerras es una exageración. Pues no. Aquellos que son partidarios de hacer, a toda costa, la transición energética han encontrado un nuevo argumento en los tanques de Putin: si queremos la independencia energética de Rusia no hay otro camino que hacer centrales fotovoltaicas y eólicas a raudales y si la normativa de evaluación de impacto ralentiza los trámites, modifiquémosla (justamente lo que ha hecho el RD 6/2022 de 29 de marzo).

El caso tiene relación con el parque eólico marino, con el imaginativo nombre de Tramuntana, que se pretende instalar en el Golfo de Roses. A finales de febrero, un grupo de prestigiosos científicos (es decir, profesores de universidad e investigadores de organismos científicos con publicaciones reconocidas en el ámbito de las ciencias de mar) hicieron público un manifiesto donde alertaban: “los riesgos de implementar estos parques eólicos en un mar como el Mediterráneo, ecológicamente frágil, diverso y sujeto a múltiples presiones humanas, no han sido todavía bien evaluados y, teniendo en cuenta el principio de precaución, no debemos ignorarlos”. La preocupación de los científicos era: por las dimensiones de este parque eólico, la fragilidad ecológica de la zona de implantación, por los daños ecosistémicos a gran escala, por el riesgo del creciente número de fenómenos meteorológicos extremos relacionados con el cambio climático y por el impacto paisajístico.

Por tanto, “los científicos de reconocido prestigio” no se posicionaban en contra de la eólica marina del parque Tramuntana sino que pedían una diagnosis previa e independiente sobre el impacto ambiental, económico y social (incluyendo el impacto paisajístico y cultural) de esta instalación. Y no admitir a trámite ningún proyecto de eólica marina hasta que la planificación energética con criterios ambientales, económicos y sociales no esté estudiada y aprobada. Es decir, el manifiesto era un llamamiento a la precaución y a no manifestar las grandes bondades de estas instalaciones (como han hecho la Generalitat y el Gobierno de España) antes de una evaluación objetiva de los impactos que generará.

Este manifiesto hizo mucho daño a quienes quieren desplegar de prisa y corriendo la eólica marina en Cataluña (es decir, conselleria de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural, promotores, patronales del negocio y fondos de inversión entre otros). El argumento de que el mundo científico pida a las Administraciones el compromiso de estudiar a fondo el tema antes de llevar a cabo ningún proyecto, es muy contundente. ¿Se puede realizar un proyecto como éste en contra del parecer de la ciencia?

Dado que era imposible oponerse a lo que decían “los científicos de reconocido prestigio, la solución ha sido otro manifiesto de unos “científicos sin reconocido prestigio en ciencias marinas” (más bien tecnólogos que no es lo mismo que científicos), que presentaron hace unos días en el parque científico de la Universidad de Girona. El título ya lo dice todo: «Manifiesto para el seguimiento científico de la energía eólica en Cataluña». El texto es un alegato genérico en favor de la eólica marina donde se pide fomentar la incorporación de la eólica marina flotante en el mixt eléctrico de Cataluña; a la vez, propone cosas tan sensatas como un diálogo constructivo entre expertos y buscar fórmulas para que el territorio se beneficie de forma justa de estos proyectos.

¿Dónde está el problema de este segundo manifiesto? Pues que los «tecnólogos» dan por hecho que se implantará este parque industrial de generación eléctrica en el Empordà y lo que hace falta es un seguimiento de cómo se harán las cosas. En cambio, «los científicos de reconocido prestigio» afirman que es necesario estudiar muy bien los ecosistemas antes de decidir hacer nada. Es decir, antes de hacer y seguir hay que ver primero si se puede hacer. ¡No es poca diferencia!

Hay otra curiosidad en este segundo manifiesto: los promotores son IREC, que no parece demasiado reconocido por sus estudios sobre biodiversidad marina o cambio climático. Además tiene un Patronato/Consejo en el que figuran la Generalitat, tres universidades catalanas, el IDAE y también Endesa, Gas Natural, Repsol, etc. Para colmo, el director de IREC acompañó hace un año a los directivos de la empresa promotora del Parc Tramuntana (como informaba El Punt Avui, el día 23 de abril de 2021) a una gira por el territorio para presentar el proyecto e incluso aparece en uno de los vídeos promocionales de la empresa, como fácilmente se puede comprobar en su web. Es decir, los impulsores del segundo manifiesto parecen comprometidos con los promotores del proyecto. ¿Y esto qué significa? No lo sé; me limito explicar que es así.

Ya se sabe que todas las guerras son sucias. Ésta también.

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