También se batió el récord de incompetencia en la fiesta del Femení

La directiva de Laporta, por inacción y negligencia, provocó colas y atascos interminables en los accesos y la mayoría no pudo ocupar su asiento hasta la segunda parte del partido

El partido de Champions del Femení azulgrana ante el Real Madrid, en el que se registró la mayor asistencia mundial a un partido del fútbol femenino con 91.553 espectadores, también batió el récord de incompetencia de la junta de Joan Laporta.

Fue, en efecto, un día histórico de errores y de negligencia por parte de la propia directiva y de los equipos responsables de seguridad, control y logística que, como resultado, propició que dos tercios de la totalidad de los espectadores no pudieron acceder al interior del estadio prácticamente hasta muy avanzada la segunda parte.

Un bochorno sin precedentes en el estadio azulgrana que ya viene padeciendo a lo largo de esta temporada problemas de filtrado en las puertas del estadio, más evidentes en las zonas de Gol Nord, Gol Sud y lateral de Tribuna. A pesar de que la ocupación del Camp Nou viene registrando un descenso notable, se diría que de un 40% menos, han aumentado en cambio los problemas de todo tipo a la hora de hacer efectivo y fluido el paso de los socios por los diferentes controles.

Pero aún han sido peor y más patéticas las explicaciones ofrecidas por la directiva por mediación de su portavoz, Elena Fort, aludiendo a una serie de problemas que, según su punto de vista, propiciaron el desastre y el caos en que se convirtió el partido.

En efecto, los aficionados se toparon con varias barreras naturales, la principal derivada de la falta de unidades de la Guardia Urbana de Barcelona, fuera del estadio, que pudieran facilitar la circulación de vehículos y de aficionados en los alrededores.

Una vez dentro, a pesar de esos problemas previos, los espectadores cayeron en la trampa puesta por los propios responsables del club, incapaces de prever lo que era evidente, que la mayoría de los aficionados, ilusionada con ese récord y con vivir un día histórico en el estadio del Barça, no era la habitual de los partidos del Barça masculino, normalmente integrada con abonados que se conocen el camino y la ubicación de su asiento de memoria.

La junta y los responsables de las áreas social, instalaciones y  seguridad actuales del club se quedaron de brazos cruzados a esperar el récord con las mínimas prestaciones y gastos, pues la apertura del estadio supone un esfuerzo económico importante, en este caso menor  porque no se desplegó la logística habitual sino la mínima.

Por recortar, se ahorró en el despliegue de la Guardia Urbana, que es posible reforzar a cambio de un cierto desembolso, y en ampliación de la seguridad y de personal de control de accesos precisamente en el partido que más falta hacía potenciar la prevención y la atención.

La consecuencia fue que miles de espectadores anduvieron desesperados, perdidos y desorientados, faltos de información y de servicio y de atención para disfrutar de la fiesta. No fue posible debido a que además con la llegada de la nueva junta de Joan Laporta la cuestión de la seguridad ha pasado por varias manos de ex-altos cargos de Mossos, generando confusión, eso sin contar con la intervención del principal asesor de Laporta en cuestiones muy concretas, su ex-cuñado Alejando Echevarria, especialista en recomendar y afinar a conveniencia de todos determinados servicios en materia de seguridad.

Con los cambios introducidos, en los partidos habituales los socios han detectado más retrasos y dificultades en los accesos sin que con el tiempo hayan mejorado, al contrario, las medidas de detección de elementos violentos y otros aspectos. Podría decirse que, como se despliegan menos medios, o sea menos agentes de control internos, cuando se acerca la hora del partido y aumenta el flujo de espectadores no hay forma de agilizar su entrada. Las colas y los embudos están garantizados.

Como pasó la tarde de miércoles, si además se produce un colapso protagonizado por aficionados sin experiencia ni conocimiento del laberíntico proceso de localización de las localidades en el Camp Nou el resultado inevitable fue el de un estado de confusión inaceptable, provocando en los espectadores un estado de ansiedad y de nervios hasta poder sentarse finalmente en el asiento a disfrutar del espectáculo.

Los medios, de hecho, evaluaron tan baja la asistencia al inicio del partido que dieron por imposible el objetivo de batir el récord mundial de asistencia. Comenzaron a dar cierta posibilidad de éxito a partir de que, en el descanso del partido, los propios aficionados, atrapados en las aglomeraciones, enviaron a los medios mensajes informando de la situación producida por la imprevisión y por la ineptitud de los ejecutivos y directivos del club.

La única solución desde el palco fue retrasar la comunicación del dato de asistencia, obligado por el reglamento de la Champions, a la Delegada de la UEFA y máxima responsable del partido. El dato no se reveló casi hasta el final del partido cuando por fin, o ya la gran mayoría de los que habían intentado entrar en el estadio lo habían conseguido.

La portavoz Elena Fort apareció en algunos medios ayer por la mañana para abundar en la grotesca e inaceptable postura de la propia junta cuando afirmó que “se dieron varias circunstancias como que mucha gente no había venido nunca al Camp Nou, hubo más coches de los habituales y a eso se unió el tráfico habitual de la ciudad”, dijo, admitiendo no haber previsto precisamente que esta situación se podía dar, sin necesidad de ser vidente ni mago, teniendo en cuenta que las entradas eran gratuitas y fueron difundidas a través de los socios, reservadas principalmente para regalarlas a personas de su entorno motivadas a participar en este reto.

No contenta con echar la culpa a circunstancias del todo previsibles y sobre todo susceptibles de contrarrestar simplemente con un poco de actitud, profesionalidad y sensibilidad, Elena Fort también apeló a la lluvia como una de las causas fundamentales. “Ya sabemos todos lo que pasa cuando llueve en esta ciudad”, afirmó. El problema de esta reflexión improvisada y caricaturesca es precisamente que en Barcelona y alrededores dejó de llover aproximadamente a las 11:00 horas, permaneciendo el cielo despejado hasta la segunda parte del partido, momento en el que cayeron cuatro gotas sin mayores consecuencias.

Fort, como su presidente Joan Laporta, se ha acostumbrado a atacar esas situaciones con esa misma determinación de salir airoso diciendo lo primero que se le pasa por la cabeza, irreflexivamente, dando por hecho que cualquier auditorio, medio o interlocutor está dispuesto a creer cualquier afirmación que salga de su boca.

En ese mismo arrebato de furia barcelonista, peligrosa pero tratable, Elena Fort se dejó ir asegurando que cuando Laporta era presidente en la anterior etapa se puso la primera piedra del semi-profesionalismo en el Femení del Barça y que gracias a esa iniciativa el equipo está hoy en cima.

No puede verter mayor embuste ni exhibir mayor desvergüenza, aunque no por falta de memoria, sino por puro instinto de manipulación para falsear la realidad o, lo que es peor, para no reconocer ni admitir que en la gestión de Josep Maria Bartomeu hubo una extraordinaria y acertada labor de promoción del futbol femenino tanto a nivel de profesionalización del primer equipo como de trabajo de estructura en el fútbol base.

Siendo cierto que en un momento dado de la anterior etapa de Laporta el Femenino fichó a una estrella del momento, Marigol, también lo fue que cuando otro equipo le ofreció más dinero el Barça ya no se planteó ningún esfuerzo, la sección siempre fue amateur, nunca profesional ni semiprofesional, nunca jugó en el Miniestadi y además bajó a Segunda por falta de interés y de recursos mínimos, completamente desatendida. Las patrañas de Elena Fort son de la escuela Laporta.

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