«Interesa tener un profesorado servil»

Entrevista a Manuel Valencia Rodríguez

Profesor de Enseñanza Primaria en la escuela Doctor Ferran i Clua, hasta su dedicación a la acción sindical. Promotor y coordinador del sindicato Alternativa sindical de los profesionales de la Educación en Cataluña (Asinpre), de muy reciente creación. 

 

Se dice que uno de los secretos de la prestigiada educación en Finlandia está en el esmero con que trata a sus profesores ¿Es esto cierto o mera leyenda urbana, visto desde la realidad catalana?

Es cierto que en Finlandia, además de trabajar con grupos reducidos de alumnos y de los buenos sueldos que tienen los enseñantes, cuenta mucho el respeto que se tiene al profesorado. Las familias son en general muy participativas y, además, cuentan con facilidades para conciliar el trabajo con las necesidades de los niños. Los maestros son unos profesionales prestigiados, muy bien pagados, y que disponen de buenas herramientas para impartir las clases. Aquí, ni estamos reconocidos profesionalmente, ni bien pagados, ni disponemos de medios. Carencias que se suplen con la buena voluntad del profesorado. 

Prestigio que aquí también existió en algún tiempo, y que empieza por unos salarios dignos… ¿Cuánto ganan aquí los maestros?

Siguiendo con el referente de Finlandia, los sueldos de los enseñantes están entre los más altos de la escala salarial del país, bastante por encima de la media. Percepciones que se incrementan en función de los años trabajados. Justo al contrario que aquí, donde los primeros sueldos son relativamente aceptables. Pero después de 20 años trabajados la diferencia es de 200 euros, por trienios o estadios trabajados. No se corresponde la experiencia adquirida con las remuneraciones. No existen otros incentivos económicos y, desde 2012, incluso se han recortado los extras. No faltan casos de profesores, que trabajan un tercio de jornada y no llegan ni a los 700 euros. 

¿La tendencia apunta a superar la precariedad del profesorado o, por el contrario, se avanza en dirección contraria?

Se está montando de tal manera, que lo que interesa es tener un servilismo por parte del profesorado. La gente necesita trabajar y con el decreto de plantillas, que fue nefasto, se ha conseguido que profesores veteranos se puedan quedar sin trabajo, si la dirección no te hace una propuesta de continuidad, algo que induce a la sumisión. Anteriormente, iba por tiempo trabajado. Se hacía una solicitud y en función de las vacantes te iban dando centro. Llevamos diez años sin convocar oposiciones y un consejero de Educación que hoy dice que se van a hacer y mañana las substituye por un concurso de méritos. Mientras 14 comunidades autónomas han convocado oposiciones, en Cataluña se ha renunciado a 6.000 plazas de profesores de secundaria para hacer funcionarios, incrementando así la precariedad.

¿Las mejoras pedagógicas, la cualificación del profesorado, ocupan algún espacio relevante en las políticas educativas de la Generalitat?

Aquí lo único que se promueve son los cargos directivos que, en teoría, cuentan con un complemento por especial dedicación que, en realidad, lo tienen todos los docentes. Se camuflan tareas haciendo ver que son obligatorias cuando no lo son. Y la gente está haciendo más horas que nunca. A diferencia, por ejemplo, de la Seat, donde el horario de trabajo se respeta escrupulosamente, un docente empieza a las 8 de la mañana y termina Dios sabe cuándo. Las siete horas y media que, teóricamente, están destinadas a formación o preparación, acaban haciéndose obligatoriamente en el centro. Lo que estamos haciendo es burocratizar la enseñanza. Venga papeleos, programaciones… Nos pasamos el año haciendo programaciones. Llegas nuevo a un centro y preguntas sobre la programación anterior, y resulta que no existe. Algo parecido ocurre con las nomenclaturas. Ahora, entra en vigor un nuevo currículo. Así, no queda tiempo para enseñar, y hay que dedicar el fin de semana a preparar las clases. Se está haciendo lo que se hacía hace 50 años, cuando no había ni libros. 

¿De qué universo de profesionales de la Educación estamos hablando en Cataluña?

Aproximadamente, el cuerpo de profesorado es de unos 74.000. De ellos, 43.000 son interinos, sustitutos; y más de 20.000 funcionarios. Tenemos un problema añadido para el curso que viene. La disponibilidad de Fondos Europeos, que podrían permitir ampliar el profesorado, doblar grupos, parece que no llegarán tan pronto, con lo cual se recortarán las plantillas. De hecho, se están cerrando centros.

 ¿Y cuántos empleados públicos, funcionarios, dedica la Generalitat a la gestión de la Educación?

Pueden ser unos 5.000, sin cotar la externalización de servicios, como el de las actividades extraescolares. Hay centros que están haciendo actividades dentro del horario escolar por personal externo a Educación. Con ello, se reduce aún más lo que tendría que hacer el profesorado. La tendencia es a privatizar más, incluso en materias como podrían ser latín, griego… En vez de promover el desarrollo educativo desde el centro, se contratan fuera, incluida la Formación Profesional para adultos, donde se generan negocios de terceros, como por ejemplo el de abrir abrir cuentas bancarias entre los aprendices.

¿Cómo se conforman los estamentos directivos de los centros? ¿Influyen en los nombramientos adhesiones o querencias políticas? ¿Se está, acaso, sedimentando una clase que actúa no estrictamente en función de los intereses de la Enseñanza?

Me gustaría que no fuera así, que la política no se interfiera en la escuela. Lo que sí ocurre es que, cada vez que llega un nuevo Gobierno, se sustituyen los equipos con gente suya. Esto, quizás no explícitamente, acaba influyendo en la vida escolar. La ideología está presente, claro.

¿Qué papel juegan los padres en la Enseñanza? ¿Cuentan para la Generalitat?

Sí, más que el propio claustro de profesores. En la mayoría de los centros, los padres intervienen, en algunos casos diciendo hasta cómo tiene que enseñar el profesor. Tendría que estar más regulado el papel de los padres en la Enseñanza porque, ahora, en una situación de conflicto entre el profesor y la familia, la Administración tiende a ponerse del lado de ésta, dejando desamparado al profesor. También hay centros abandonados, donde es difícil encontrar un quorum mínimo para constituir un Ampa. Más allá de esto, no existen políticas dirigidas a proporcionar herramientas para mejorar gestionar la formación de sus hijos, en colaboración con la escuela. Existe el Consejo Escolar de Cataluña, en el que intervienen padres, sindicatos y entidades, que actúan de forma coordinada y tienen mucho peso en la Educación. Quizás desproporcionado respecto al de los profesores. Cuando yo impartía educación física, nos reuníamos los profesores para promover mejoras, fuera de matemáticas, biología o lo que sea. Siempre por iniciativa de los enseñantes y fuera del horario de trabajo. La realidad es que, ahora, el profesorado no puede opinar de nada. El equipo directivo dice “hay que hacer esto”, y se acabó. 

¿Medidas recientes, como la modificación del calendario escolar en Cataluña, a qué corresponden y cómo afectan a los docentes?

Adelantar el inicio del curso puede estar bien, siempre y cuando se hiciera como en otras comunidades o países. En Andorra, por ejemplo, empiezan, efectivamente, el 3 o 5 de septiembre, pero resulta que llega noviembre, Todos los Santos, y tienen una semana de vacaciones. En Navidad, tienen las vacaciones correspondientes. En febrero, Carnaval, disponen de otra semana de vacaciones. En Semana Santa, igual. Eso sí, terminan el 30 de junio. Está repartido de otra manera, teniendo en cuenta, desde luego, las condiciones climáticas. Aquí se plantea acabar también el 30 de junio, pero como el mes de julio están a disposición de la Administración, una dirección puede decidir por su cuenta que se trabajen más días. 

Hacer frente a este estado de cosas, incluye iniciativas como la vuestra, de crear un sindicato profesional ¿Desde vuestra perspectiva, observáis un rearme de los enseñantes?

Estamos recibiendo, muchísimas quejas y también demandas de ayuda. Empieza a haber un poco de conciencia de que esto no puede seguir así.  Tenemos muchas carencias y no tenemos que tener miedo en actuar. Para ello, disponemos de argumentos legales. Hay que objetivar los derechos, las obligaciones, las tares, los horarios…, y promocionarlos. Pero hay tantas cuestiones abiertas que, naturalmente, dispersan y la gente no sabe por dónde salir. Han conseguido dividirnos en todos los frentes.

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