¿Por qué el Espai Barça vuelve congelarse y Goldman Sachs duda?

Joan Laporta

Joan Laporta posee la habilidad de convertir cada mentira, cada incumplimiento y cada negligencia en una noticia aún más fantasiosa y de mayor recorrido entre una prensa que, si se viera a sí misma cómo blanquea la gestión del primer año de su mandato, se sonrojaría de vergüenza.

Sin entrar en demasiados detalles, el presidente convocó el martes de esta semana a los principales periodistas de la ciudad, los que dictan titulares y enfocan la información, a un desayuno en el que, abiertamente, abordó la totalidad de los frentes de la actualidad del club.

Eso sí, desde esa plataforma privilegiada en la que se ha instalado frente al periodismo y frente a la opinión pública donde no cabe la crítica ni el revisionismo, sino sólo el éxito y un futuro extraordinario, sin precedentes, detrás de cada decisión.

Por ejemplo, si Messi no renovó en el relato de Laporta fue Leo el que tenía ofertas y el Barça quien, generosamente, le espera para un homenaje. Si Ferran Reverter, el CEO que sigue en su casa, cobrando, porque no quería validar el nepotismo y las fechorías del presidente, la suerte es que Laporta frenó sus alocados devaneos de transitar hacia una SA.

Si envió a Xavi y Jordi Cruyff a hablar secretamente con Haaland no fue para comentar su futuro, sino para que hablaran de fútbol. Si Koeman no pudo sacar el equipo adelante no fue porque tuviera la junta, el entorno, la prensa y el propio vestuario azuzado en su contra por el propio presidente, ni tampoco porque Laporta decidiera empezar la temporada con él, sino porque Xavi, al que no quería ver ni en pintura, no llegó antes. Y si Goldman Sachs ha frenado la concesión del préstamo para el Espai Barça no es porque tras la renuncia de Ferran Reverter la financiera ha entrado en pánico, si no porque los nuevos inversores aún han de viajar Barcelona en breve.

No fue, para nada, un desayuno de off-the-record, fue una nueva ceremonia de propagandismo y de alienación de una prensa que, al echar la vista atrás, había dejado entrever, aunque filtrado y edulcorado, un rastro de informalidad, frivolidad, errores de gestión, pánico financiero, frustración comercial, fuga de patrocinadores y un largo etcétera de desviaciones que se han tapado, sobre la bocina, con los goles de la nueva y carísima delantera fichada en el mercado de invierno, además de la autorrecuperación de Dembélé, sin ayuda de nadie o mejor dicho pese a la estulticia de una directiva y cuerpo técnico en su contra, los goles SOS de Luuk de Jong, de quien la prensa de Xavi se reía, y la explosión de un Pedri, un precoz genio del fútbol que, se quiera o no, forma parte de la herencia de Bartomeu.

La prensa se lo creyó todo incapaz de preguntar e insistir en por qué, por ejemplo, tres meses después del referéndum del Espai Barça aún no se ha avanzado un papel en la tramitación de ese crédito, hoy imposible sin nuevas garantías, por qué Goldman Sachs ya ha descartado financiar el Palau Blaugrana y por qué no se iniciarán este verano las obras del Camp Nou.

La razón es que ni hay dinero, ni hay proyecto arquitectónico, ni hay licencias ni tampoco un presidente que sepa cómo gestionarlo.

Lo peor es concluir que Joan Laporta no puede ejercer de CEO, en la vida, y que existen serias dudas, a la vista de este primer año de gestión, si puede estar a la altura del nivel que se exige a un presidente. De momento, han aumentado la deuda, las pérdidas y el descontrol de un club con un presidente con un poder casi infinito, de una magnitud inversamente proporcional a su incapacidad para gobernar. Terrible combinación.

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