«Cuando el PP asume el discurso de Vox le legitima»

Entrevista a Xavier Rius Sant

Xavier Rius Sant

Periodista y escritor. Especializado en derechos humanos, conflictos internacionales, terrorismo y ultraderecha, es autor de numerosos libros. Entre ellos, El libro de la emigración en España (Almuzara). Ahora publica Els ultres són aquí (Editorial Pòrtic S.A.). También es profesor de Historia.

 

¿Los ultras han dejado alguna vez de estar aquí?

Una buena parte de la ultraderecha en España se encontraba escondida en el Partido Popular, pero como existía ese sentimiento de culpa de la Dictadura, estaba calladita. Aparecía también la ultraderecha franquista, de la Falange, Democracia Nacional, España 2000…, que libraban luchas cainitas por personalismos, y no iban a ningún lado. Luego irrumpió Plataforma por Cataluña, en Vic, con Josep Anglada, que llegó a tener, en 2011, 67 concejales. Quería asemejarse a la ultraderecha de Le Pen: “Aunque seamos franquistas, que da igual, fuera los emigrantes”, etc. Se descompuso por peleas internas, expulsaron a Anglada… y también porque el “procés” trastocó la agenda política. A finales de 2013, gobernando ya Rajoy, Alejo Vidal Quadras, que entonces era vicepresidente del Parlamento Europeo, el diputado del PP Santiago Abascal y otros colegas suyos, que estaban muy descontentos con Rajoy porque no derogaba la ley del matrimonio homosexual (que desde la oposición había recurrido ante el Constitucional), la del aborto, la memoria histórica… y también porque no hacía frente al “procés”, aplicando un 155 preventivo en Cataluña, a escondidas del PP, legalizan Vox.

¿En ese jardín tan florido de las extremas derechas, quiénes tenían, digamos, más peso específico?

Los que decían que Franco hizo cosas buenas, la ultraderecha sociológica, que estaba en el PP. Diputados del PP habían sido procuradores en Cortes. Es aquí donde se cobijaba la extrema derecha, bastante numerosa. A diferencia de Le Pen, que va contra los emigrantes y la Unión Europea, esta derecha añora el franquismo. Con Franco no había delincuencia, ni terrorismo…

Por aquello de “primero los de casa”, Plataforma por Cataluña, que empezó llamándose Plataforma Vigatana, parecía un fenómeno propiamente catalán ¿Fue así?

Fue una creación personal de Josep Anglada, que había sido de Fuerza Nueva, y formado parte de diferentes listas electorales. Cuando Blas Piñar no consigue revalidar su escaño, todo eso se va al garete. Entonces, empezaron a llegar emigrantes marroquíes a Vic. Sus niños estaban concentrados en dos escuelas, y el Ayuntamiento decidió redistribuirlos por los otros centros del municipio, incluidos los concertados, cosa que no fue del gusto de algunos padres. Anglada lo aprovechó, junto a otras cosas, para sacar tajada. En la Cataluña profunda funciona mucho lo de “jo soc d’aquí, de tota la vida”, donde ha habido segregación histórica. Los catalanes de primera, los de “de murallas adentro”. Luego los “masovers” que, como se mecaniza el campo, van a trabajar a las fábricas de Vic. Más tarde, los andaluces. A partir de los 80, los marroquíes… Cada grupo segrega al siguiente. Plataforma por Cataluña es, del 2007 al 2011, con 3.000 votos, la segunda fuerza política de Vic, en las municipales. Pero en las autonómicas y generales solo saca 1.000 ¿A dónde van los otros 2.000? A Convergència, y no a Montilla, “porque Montilla no es de casa”.

¿Vox, con todas las salvedades, puede considerarse un partido homologado con Matteo Salvini, el “lepenismo”, etc.?

La ultraderecha europea no puede ir unida. Está, de un lado, la de los polacos, los húngaros (que es donde se ubica Vox) con la cosa de la familia tradicional, católica, y por otro los partidarios del aborto y los derechos de los homosexuales. Marine Le Pen decía que estaba a favor de la ley del aborto de Rodríguez Zapatero. Vox dice aborto cero y en el tema del matrimonio homosexual es curioso porque mientras el número dos del Frente Nacional francés, Florian Philippot, se reconoció públicamente homosexual, y la vicepresidenta de Alternativa por Alemania tenía una compañera emigrante de Sri Lanka, en Vox si alguien es homosexual tiene que disimularlo. En estas cuestiones, la extrema derecha europea está muy dividida. Hasta ahora, solo coincidían en la cuestión de la emigración y Europa.

¿El ultracatolicismo es quizá la componente más numerosa, o el cemento de Vox?

En su origen, Vox contaba con el apoyo de gente como Rocío Monasterio, Iván Espinosa de los Monteros…, muy relacionados con Hazte Oír (los que montan el autocar contra los derechos de los homosexuales) que se dice forman parte de El Yunque, una secta ultracatólica con sede en México. Sin embargo, Abascal se divorció y en 2018 volvió a casarse por la Iglesia. O sea, aunque ultracatólico no es del Opus. En cambio, en Cataluña tenemos a Jorge Buxadé y a los primos Garriga y otros de Vox, que también forman parte del Opus Dei. Los de Madrid no me consta que lo sean. Juan José Aizcorbe dice que es católico, pero no del Opus. 

¿Cuáles son los vínculos de Vox con Trump y el “trumpismo”?

Cuando Rafael Bardají, que fue miembro de la FAES, con Aznar, entró en Vox, viajó a EE.UU. y dijo en las redes que se había reunido con Steve Banon, que intentó crear desde Italia una plataforma europea de extrema derecha, que fracasó, y que acabó peleado con Trump. No le funciona porque, como decíamos, Alternativa por Alemania o Le Pen están a favor del aborto, en oposición abierta con los ultracatólicos. Pero, desde luego, toda la ultraderecha ve en Trump un liderazgo, un caudillo que, además, maneja de manera desacomplejada una estrategia de fake news, que ven que funciona. Todos estos grupos apoyan a Trump, en el que ven un modelo a seguir. 

¿La extrema derecha forma parte, alienta o se vincula de algún modo con la distopía, el negacionismo, etc.?

Hay dos sectores muy distintos entre los negacionistas y anti-vacunas. Uno de ultraderecha, que parte de la conspiración: los de Hollywood, Bill Gates, los lobbys gais, los de Bruselas…, son unos señores maléficos que complotan contra los humanos. Otro sector es más bien izquierdista, ecologista, que también salen con lo del “ellos”: los ricos, los poderosos, los que siempre han mandado… En la ultraderecha, aunque algunos tenían sus dudas, muchos se han manifestado en contra de las vacunas. Cuando Macarena Olona cuelga en abril un tuit vacunándose, Abascal se cabrea y Vox acaba defendiendo el derecho a no vacunarse, algo que no sienta del todo bien a sus médicos. No dicen que el virus es un montaje de Bill Gates, pero sí se refieren a la “dictadura sanitaria”. En la fiesta que organiza el otoño pasado Vox en IFEMA, el rapero G. Babe canta “Los días finales”, una proclama contra las restricciones. Dice su letra que “lucharé hasta el final como un Berlín, y si caemos pereceremos con gloria”, y en off sale una voz que habla de Soros, la gobernanza mundial, las farmacéuticas… Esa voz era parte de un discurso de Pedro Varela en una jornada contra las vacunas. Dice Vox que no es nazi, pero, aunque quieren distanciarse, acaban escogiendo a un rapero anti-vacunas, neo-nazi para cantar en su fiesta.

Puede dar la sensación de que Cataluña está vacunada contra la extrema derecha, pero Vox tiene 11 diputados en el Parlament…

La extrema derecha “catalana, ni española, ni musulmana”, es decir, de impronta nacionalista, no se ha comido ni un rosco. Vox sale aquí, sobre todo, de gente que ha votado a Ciudadanos y el PP.  Cuando con el matrimonio gay, la memoria histórica, el aborto…, no tienen bastante, Ortega Smith (aprovechando que desarticulan Manos Limpias) se encuentra con el camino libre para presentar querellas con el tema del “procés”. Así Vox va ganando visibilidad. Lo que cabreaba a Alejo Vidal Quadras y a Santiago Abascal con Rajoy venía del Pacto del Majestic, por el cual Pujol apoyaba a Aznar en el Congreso a cambio de no oponerse a las políticas de Convergència en Cataluña. Todo ello, sin descartar que hay mucha gente a la que le gusta votar al follonero. 

Hay quien sostiene, quizá piadosamente, que Vox no es más que una forma de gamberrismo ¿Es así o algo peor?

Hay un peligro, porque contamina al PP, como hemos visto en Madrid, con las elecciones de Díaz Ayuso. Cuando el PP asume el discurso de Vox le legitima. Ahora, está por ver de qué lado cae la moneda en Castilla y León, porque ya ha dicho Abascal que si el PP quiere su apoyo le exigirá acuerdos programáticos, e incluso su participación en el Gobierno. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la extrema derecha es caleidoscópica. Intenta ocultar aspectos de su naturaleza, que pueden no gustar, o alardear de cosas que no son. El padre de Marine Le Pen, fundador del Frente Nacional, negaba el holocausto y su madre decía que Israel es el baluarte contra el islamismo. Se les hace callar, pero los militantes siguen siendo los mismos.

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