Cuidado con la revolución de los tejados

Susana Alonso

Quiero manifestar de entrada todo mi respeto, reconocimiento (e incluso admiración) a la campaña publicitaria de una empresa energética, puesto que va más allá, incluso, de lo que entendemos por marketing. Va acompañada de unos contenidos y un hacer pedagogía que ya me gustaría verlos a nivel institucional. A esta campaña se han añadido otras empresas, lógico dado el déficit que tenemos en pedagogía ambiental, energética y climática.

Ahora bien, dicho esto y reconociendo el mérito de esta iniciativa privada, resulta muy chapucero y oportunista, con un fuerte componente demagógico, que una serie, esperamos no sea en cascada (si se pone de moda), de administraciones, científicos y políticos estén empezando a incorporar como propio este discurso, el de la revolución de los tejados, llevando el agua al molino de sus intereses (o incapacidades) y convirtiendo esta alternativa energética, en políticamente correcta, como si realmente la transición energética que necesitamos y que ellos están encabezando viniera dada por la revolución de los tejados. Estamos hablando obviamente de la energía solar fotovoltaica.

Vayamos por pasos. Es sabido, y hay datos publicados en Cataluña por diferentes autores, que aunque en todos los hogares catalanes se instalaran placas solares, sólo con esta alternativa no llegaríamos al 20% de lo que se necesita para cubrir las necesidades energéticas en renovables que tendremos en los próximos años (si queremos cumplir con los acuerdos europeos de 2030 y 2050). Este 20%, a lo sumo, puede llegar al 30% si sumamos todas las instalaciones y edificios municipales de los 947 ayuntamientos de Cataluña. Aún quedaría, pues, el 70%. Todo bajo la hipótesis de que todos los hogares, o sea el 100% de los hogares, lo hicieran, y que el 100% de los ayuntamientos hicieran instalar placas en todos los tejados de sus edificios.

Pues bien, está compartido en el sector de los instaladores, que si los precios de la instalación no están de alguna manera subvencionados o muy subvencionados, el porcentaje de hogares que pueden permitirse este gasto, por inversión que sea, en algunas localidades puede llegar al 10% como mucho, y en poblaciones de mayor renta, al 20%. Obviamente estas cifras serán mucho mejores que las que tenemos en estos momentos. Resultan un mercado muy provechoso para las empresas de energías renovables, pero obviamente con esto no llegamos ni a la esquina.

Curiosamente, sigue siendo un misterio, un tabú y un anatema, ahora ya convertido en políticamente incorrecto, hablar, preguntar, proponer o abiertamente pedir por la urgente implementación de la energía eólica (sea tierra adentro o sea eólica marina). Entonces todo son obstáculos, rechazo, problemas, reglamentación, permisos, moratorias, campañas en contra, etc. Obviamente, ateniéndonos al mapa eólico de Cataluña (es decir, donde sopla el viento) y a criterios de solidaridad territorial: no saturar más las Tierras del Ebro, la Terra Alta, etc., que ya asumen una buena cuota de eólica y ver qué ocurre con las comarcas gerundenses y el Empordà, que parecen tener exención por casuística divina (o del Gobierno de la Generalitat).

Es decir, es sabido, habida cuenta de los estudios técnicos publicados, que el 70% restante de renovables, si es que queremos asumir el cierre de las nucleares en las fechas previstas y la reducción de combustibles fósiles, con los porcentajes establecidos para el 2030 y de neutralización de emisiones para 2050, debe venir de la energía eólica.

Empieza a repetirse y mucho, estos días, un discurso monotemático con la revolución de los tejados, que no nos gusta nada. Ni nos gusta que ciertos científicos sólo hablen de los tejados, como si la eólica no existiera, ni que muchos ayuntamientos estén vendiendo su transición energética con placas en edificios municipales. Dado que estamos a un año de las próximas elecciones municipales es evidente el objetivo electoral que se persigue… lucir unas instalaciones que serán vistosas y deslumbrarán, pero que serán un engaño energético cuando el grueso de la población de cada localidad no puede sumarse a la revolución de los tejados. Y lo mismo cabe decir de las comunidades energéticas locales, si únicamente se dedican, allí donde se hagan, un 3-5% de los ayuntamientos a hacer lo mismo. ¡Mucha vistosidad y a depender de Aragón!

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