Buscando un conflicto donde nunca lo hubo

Bajando de Balaguer llegamos a Jorba, después de llenar el depósito y antes de entrar en los túneles del Bruch, pasamos por el bar-restaurante cercano. Allí una pareja de asiáticos nos atiende en catalán, también a un grupo de jóvenes “estelados”. Aunque con mi hija alternamos últimamente catalán y castellano pues soy Dalmau, pero mi padre era de Cartagena, quien nos toma nota capta enseguida el cruce idiomático y lo sigue. En una mesa cercana dos “mossos d’esquadra”, toman un menú “hablando en castellano” (¿serán guardias civiles reciclados?). Con la impasibilidad típica que les caracteriza, los asiáticos modifican sus expresiones idiomáticas con absoluta facilidad, según quien hable, en un intercambio digno de la mejor convivencia. Estoy seguro de que además de mandarín, hablan también inglés, como debe ser en ese escenario europeo en el que ya no es necesario el pasaporte, y se trata de abrir puentes, no de minarlos. Los estelados siguen a su bola y en ningún momento fruncen el ceño, dispuestos a recriminar a los restauradores, por su fluido paso alternativo de un idioma a otro. Los policías siguen en la mesa debatiendo “en castellano”, y eso quizá les frene. Me siento encantado ante la escena. Efectivamente en Cataluña, nunca hubo ningún problema de comprensión, el bilingüismo transitaba con absoluta normalidad, con alguna excepción que confirma la regla. ¿Quiénes son los que han buscado un problema donde nunca lo hubo? Gente enfermiza, con el delirio de escriturar la finca, decidió engañarnos.

Los medios de comunicación subvencionados, – entonces sin condiciones- lo explicaban una y otra vez: «en Cataluña no existe ningún problema de comunicación”. Alguien ha querido que lo tengamos. Pujol tras reclamar la ética para él y Cataluña, nos puso delante a “La Norma, el avatar femenino que “recomendaba” paternalmente tener en cuenta el idioma natural de la autonomía. No obstante, la historia reciente nos dice que el catalán siempre tuvo un rol significativo durante la dictadura de Franco. Desde las poblaciones del litoral, más bilingües y europeas, que las del interior (ídem EEUU) nunca nos enteramos del sutil y descarado, por mentiroso, adoctrinamiento educativo que promovió Pujol. Constatamos esa adherencia cuando se dispara la “flecha amarilla” y del interior emerge una masa ingente de voluntarios y sonrientes tiets y tietes, que, al no colar las sonrisas, son sustituidos por enfurecidos CDR encapuchados, muy bien organizados, equipados y por ello subvencionados, que nos queman Barcelona.

Hoy, vemos cómo se denuncia a quien no sigue” la norma”, evolucionada en imposición. El líder de las denuncias es un “mosso de escuadra”, activista intocable, que cuando (supuestamente) termina su labor policial, sale orgulloso “de caza” a la búsqueda y denuncia de comerciantes que atiendan en castellano La absurda vehiculización idiomática instaurada desde Moncloa, da legitimidad al govern para desobedecer, una vez más, una sentencia firme de la judicatura, obligando a la ciudadanía a “suplicar” una implementación que ya es de mínimos (25%).Aquel que se queje sufre el acoso y la sugerencia de “apedrearle la casa” en concreto la del “infausto niño de 5 años” de Canet. Los padres habrían cometido la osadía de solicitar el cumplimiento de la sentencia de los jueces. Esto no es todo. En paralelo se provoca a los alumnos que delaten a los profesores que den la clase en castellano, y la masa, aunque minoritaria, consiente y anima. Las arengas de Pujol durante 20 años han tenido su efecto. Ningún padre en su sano juicio quiere que sus hijos hablen solo el idioma local, que les frenará su futuro desarrollo, dejándolos aislados en la “isla” catalana que paradójicamente pretenden “colonizar” una peña de reaccionarios vividores apoyados por esa masa de seguidores que no piensan por sí mismos, excepto para tratar (curiosamente) de “colonos” a sus opositores.

Todos los catalanes deberíamos evitar a que, al salir de la escuela, nuestros hijos sólo hablasen catalán e hicieran el ridículo allá donde fueran. Cualquier padre no querrá que su hijo no pueda salir fuera de Cataluña y le pase, lo que al orgulloso joven concejal de ERC -“como podéis comprobar, me desenvolupo muy bien en castellano”– o a un portavoz de la Generalitat -“si esto no vayase bien..no haubiesemos ido-. El fanatismo oculta el sentido del ridículo. En el stand de recoger firmas por el 25%”, muchos pasan de largo mirando de reojo, un descerebrado, llegado del interior, muy demócrata él, tira el material por el suelo. Unos cuantos llegan ya con el boli en la mano, a otros que se avienen a escuchar se les convence, aunque de estos hay quien se echa atrás cuando sabe que se tiene que identificar con su DNI. Cuando se teme quedar señalado la democracia de un país está en serio riesgo. Me escandalizo cuando me confirman que las élites del govern, que hacen gala siempre que pueden, de desobedecer la sentencia del TS, son de una hipocresía deleznable, pues llevan a sus hijos a colegios privados alemanes, franceses o italianos.

El alma se me encoge de pena, pero también de indignación, cuando recuerdo el largo tiempo en que ser catalán en España era un orgullo, tanto para los de fuera como para los de dentro. La cercanía y colaboración entre nosotros era total, como por el estilo trabajador, honrado, digno, sincero y sencillo, caracterizado por una convivencia sana de “buena gente”. En menos de una década esta convivencia se ha trastocado en una enemistad arbitraria y unidireccional, que provoca en la “boquiabierta” víctima insultada y tratada de no catalán, una incomprensión paralizante que alcanza la estupefacción, al escuchar un posible escenario de “balcanización” en Cataluña.

Desastre absoluto, ¿qué nos ha pasado”?, ¿qué han hecho?, ¿cómo hemos llegado a esto?

La diabólica reversión que hemos sufrido, ante un colectivo minoritario, primero sonriente, después enfurecido, que incendia, rompe, y agrede (mientras pide libertad) impide la libre expresión de los demás. Sin embargo, los hoy decepcionados, se despiden como si no hubiera pasado nada, pero que todavía son capaces de decir “ya me avisareis cuando volváis a hacerlo”. Los cuatrocientos oportunistas oficiales de turno, a los que la independencia les importa un carajo, siguen calentando al personal, da igual que ya no lleven el lazo, hay que seguir nutriendo de leña un fuego que parecía estar apagándose. Mientras dictaduras como la de cuba, contrata CDR´s, que vigilan y delatan y en Venezuela porteros de barrio uniformados hacen lo mismo, aquí, el govern infla la plantilla de funcionarios y paga jubilaciones anticipadas para garantizarse así su voto. Se ha destruido abruptamente una realidad sociológica histórica que ponía al pueblo catalán entre lo mejor de la sociedad española.

Hoy nos miramos en silencio con desconfianza, y suspicacia pues sigue siendo imposible abrir un diálogo. Los no independentistas están muy hartos y han empezado a cerrar filas al comprobar que se intenta someter al pueblo, con la connivencia del Estado español. ¡Parece inaudito, eh! Los constitucionalistas, unionistas o libres de nacionalismo como se les quiera llamar, se defienden, pero nunca se vuelven. Entonces ¿quién recibe?; 1. La relación convivencial con el vecino lazi, con quien no se puede hablar, 2. El precioso idioma catalán, que, al ser percibido como símbolo de opresión, se deja de hablar por reactividad, 3. La economía y decadencia de Cataluña. Éstos son tres hitos de los separatistas, logros que no son como para sentirse orgullosos (¿ellos quizás sí?).

Los libres de nacionalismo, ni agreden, ni insultan, evitan las piedras sin devolverlas. Solo luchan por la neutralidad social, por volver a la democracia y al estado de derecho, con la Constitución en la mano, y por protegerse de los insultos llenos de un odio irracional y absurdo. Una izquierda “antinatura” apoya abierta e incomprensiblemente al separatismo, a pesar de los desprecios que, de ellos, recibe constantemente. Los representantes de los trabajadores, o –“líderes sindicalistas langosta”, que nunca trabajaron en su vida, como otros tantos políticos muy destacados, participan de la cueva de Alí Baba, luciendo descaradamente la “bandera sindicalista” en coches de alta gama, apoyando conscientemente al separatismo que “feliz, los mima”. Se añade al montón el Síndic de Greuges que lleva traicionando -por la pasta- desde 2012, los principios y funciones de su cargo. Una Moncloa servil que abjura del socialismo cede descaradamente competencias al separatismo por delante y por detrás, solo para mantenerse en el “poder”, aunque eso signifique potenciar la ruptura de España. El ejecutivo escucha “empático”, las exigencias de amnistía y de nuevos referéndums, por el derecho a decidir… lo que yo te diga, una y otra vez, hasta que “salga lo que quieren”. Hastiados, catalanes valiosísimos, dudan de irse a otras partes, al no querer verse sometidos a una dictadura aplastante y de descarado nepotismo en pleno siglo XXI. Sin justicia, ni estado de derecho, ni oportunidad alguna, si no te inclinas ante su dogma y donde tu vecino separatista, te puede buscar la ruina.

Cataluña es demasiado valiosa económica y humanamente como para entregarla a un núcleo de nuevos y también de viejos chupópteros incapaces de abandonar el cortijo, mientras estén sustentados por una minoría fanática y por tanto ciega. Vamos a ver quién puede más, pero la ética, la inclusión, la convivencia, los valores y principios, están de nuestro lado.

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