La solución Umtiti saca los colores a la junta de Laporta

Aunque se recurre al relato de la herencia, lo cierto es que la masa salarial no supera el 60% de los gastos y el abuso de las pérdidas es lo que paraliza la gestión

Samuel Umtiti

El propio entorno del laportismo se ha visto superado por la maniobra, a todas luces impensable, de convertir a Samuel Umtiti en el paño de lágrimas de Mateu Alemany, un final tortuoso e inevitable para un callejón sin salida en el que una vez más Joan Laporta ha colocado al FC Barcelona con el fichaje precipitado, caro y sospechoso de Ferran Torres.

“Hemos vuelto a renovar a Umtiti”, podría ser el nuevo eslogan de Laporta para agitar y excitar al barcelonismo como a él le gusta hacerlo, reflejo de la que ya se viene consolidando como una gestión de continuo desprestigio y errabunda por parte de un presidente que falló cuándo y dónde no podía hacerlo en la renovación de Leo Messi.

Varios meses después de ese incumplimiento y de las terribles consecuencias derivadas de la ausencia del mejor jugador de todos los tiempos, la llegada de Ferran Torres pretende rectificar un sendero de malos resultados y peores sensaciones a pesar de la llegada de Xavi, quien lo primero que hizo fue reivindicar la necesidad de refuerzos y pedir mucha paciencia y más comprensión a la espera de la recuperación de futbolistas clave como Ansu Fati, Pedri o el propio Dembélé. 

Para alcanzar esa conclusión y plantear la urgente llegada de refuerzos en ataque no hacía falta siquiera cambiar de entrenador, también lo sabía Koeman y una prensa que, como la junta de Laporta, al entrenador holandés se lo negó absolutamente todo para entregarse, unos y otros, a todos los caprichos y órdenes de Xavi Hernández. 

Hoy, a Xavi, sus periodistas ya no le miden ni por los goles ni por las victorias ni por el juego ni por la clasificación sino por las ‘sensaciones’, que son cada vez más extraordinarias a falta de todo lo demás. Si, como se prevé, el equipo alcanza cualquier día de estos esa cuarta plaza por la que ahora mismo lucha enconadamente contra la Real Sociedad, el Betis, el At. Madrid y hasta el Rayo Vallecano, el despliegue de reacciones, parabienes y de euforia desatada no tendrá precedentes en la historia reciente del club. 

La cuestión tan mundana de poder inscribir a Ferran Torres se ha convertido en un problema añadido como resultado de una pésima gestión de la situación económica y financiera por parte del equipo económico de Laporta que ha dejado al club prácticamente inoperativo por un exceso de pérdidas artificiales y la extraña obsesión de cerrar la temporada 2020-21 con el récord de números rojos de la historia del FC Barcelona, establecido en 481 millones.

Podrían haber sido, reales, por debajo de los 70 millones e incluso menos si el Barça se hubiera administrado como el resto de los clubs con el decreto covid o hubiera dado beneficios y habría podido renovar a Messi aceptando el extra de LaLiga con la inyección de capital de CVC. 

Pero no lo ha querido Florentino, que es quien manda verdaderamente en el club azulgrana desde los tiempos de la lona y aún más desde que el Barça se vio envuelto en la batalla de la Superliga siguiendo un guión que está crucificando al equipo azulgrana.

Otra cosa es el relato del aparato oficial, que aún relaciona recurrentemente las apreturas para inscribir a Ferran Torres con la ‘herencia’ de Bartomeu.  Albert Llimós, en el diario Ara, escribía: “Es el Barça del mientras tanto. No por culpa de Laporta, sino de Bartomeu. Casi un año después de que hubiera cambio en la presidencia, el club sigue gestionando el ‘mientras tanto’ porque la losa del pasado –sobre todo en términos de masa salarial– es tan gigante que no se puede iniciar el nuevo proyecto sin seguir hipotecando el futuro. El botón de reset no existe. Cada operación para intentar hacer más competitivo el equipo requiere auténticos malabarismos. La famosa ingeniería fiscal que criticábamos en el pasado. Pero con una diferencia. La junta anterior echó mano del trilerismo financiero para corregir sus propios errores, mientras que Mateu Alemany y Ferran Reverter lo hacen para sobrevivir a las pésimas gestiones de sus antecesores. Y, de momento, a pesar de los errores, porque se han cometido, los dos ejecutivos lo están consiguiendo. El Barça tiene mejor plantilla que hace un mes. Y esto que se llegaba a la ventana del mercado de invierno con una masa salarial que impedía imaginar cualquier operación de estas magnitudes”.

La realidad desmiente, sin embargo, este tipo de análisis, pues la realidad del actual presupuesto del FC Barcelona, aprobado por los socios en asamblea el mes de octubre pasado, cifra las magnitudes en unos parámetros muy asumibles, con 784 millones de gastos, de los cuales 470 millones corresponderían a la masa salarial, exactamente 147 millones menos que en la temporada 2020-21. 

Lo que equivale, en porcentajes, a un 59,9 % de los gastos y un 61,1% de los ingresos previstos, que ascienden a 765 millones. Una ratio razonable, controlada, y liberada del peso de una economía, según decían, lastrada por el peso de un futbolista como Leo Messi que lo condicionaba todo. Tanto, que a Laporta le entró el pánico y salió huyendo de esa responsabilidad de mantener al mejor futbolista del mundo en su ecosistema natural del Camp Nou. 

Además, como guinda, del pastel también se aligeró de la masa salarial el volumen de Antoigne Griezmann, de unos 22 millones.

No hay, pues, razones objetivas para seguir ‘llorando’ con los mismos ojos de Josep Maria Bartomeu, mucho menos después de las ampulosas declaraciones de Joan Laporta calificando de ‘héroes’ a los capitanes por haber adaptado su realidad salarial a la situación.  No debería, pues, haber problemas para la fluida entrada de nuevos futbolistas como Ferran Torres a menos que toda esa propaganda haya sido más bla, bla, bla que otra cosa.

A la hora de la verdad, la maniobra con Umtiti viene a confirmar ese estilo de gestión propio del regreso de Laporta, deficiente y anclado en medidas que para los desgarradores de vestiduras del pasado suponen una ofensa y un quehacer difícil de justificar. 

Es el caso de Lluís Mascaró, el director del Sport, que se ha pasado cuatro años despotricando de la renovación de Umtiti por parte de Josep Maria Bartomeu, estigmatizándola sin ningún motivo puesto que el central francés nunca renovó lesionado como se ha estado repitiendo y machacando sin ningún motivo ni base. “Este tipo de malabarismos -ha escrito- son una consecuencia nefasta de la herencia recibida. Sí, la famosa mochila que ha dejado al Barça atado de pies y manos y que le obliga a realizar estas operaciones indignas de un club de élite. Pero es lo que hay. Lo tomas o lo dejas. Esta renovación de Umtiti se puede disfrazar de ‘fórmula imaginativa’ pero en realidad es una chapuza que demuestra la crítica situación en la que se encuentra el club blaugrana por culpa de la pésima gestión de Bartomeu y sus ejecutivos”. 

Más de lo mismo, sin tener en cuenta que todo lo que se quería atribuir a Bartomeu, con razón o sin motivo y exageradamente, ya se descargó en el cierre salvaje de la temporada 2020-21, Ahora ya todo es responsabilidad de Laporta, además especialmente, pues fue advertido del riesgo de ahogarse en pérdidas en lugar pensar en lo mejor para el Barça.

Otro despistado y desubicado, Jordi Cuminal, uno de esos políticos de medio pelo intentando mantenerse en la cresta de una ola barcelonista que le viene grande, salió ayer a poner en valor la gestión de Joan Laporta a pesar de que, afirma, no ha encontrado el suficiente apoyo en líneas generales para sacar adelante el club. 

Debe vivir en la luna. Cómico artículo publicado en El Punt Avui, destacando que hace nueve meses el Barça estuvo a punto de no pagar las nóminas. Desde luego olvida y desconoce que cuando Laporta tomó posesión el 17 de marzo de 2021 hacía cuatro meses que el club no tenía gobierno ni una junta con capacidad para ejercer casos de disposición. Exhibición de ignorancia que no le ha frenado a la hora de escribir del Barça. A eso se atreve cualquiera.

La irritante realidad para el propio laportismo radica en su manifiesta incapacidad para resolver el menor problema ni afrontar de verdad una situación que ya era complicada para el Barça de Bartomeu a causa de la covid y que lo es ahora mucho menos con el Camp Nou abierto de nuevo y sin el lastre de una masa salarial muy elevada (sin Messi ni Griezmann) y perfectamente asumible dentro de un presupuesto de 765 millones de ingresos. 

Otra cosa bien distinta es que, por no admitir el impacto de la pandemia y seguir así destacando los horrores del pasado, los nuevos gestores demuestran ser manifiestamente peores, inútiles y del todo incapaces de encontrar mejores y nuevos recursos. Para renovar a Umtiti como solución de emergencia para inscribir a Ferran Torres, ciertamente de vergüenza ajena, no hacían falta ni elecciones ni referéndum. 

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