Los independentistas no son independientes

La renovación de los cargos que ya tenían el mandato caducado, desde hace tiempo, en algunas de las principales instituciones de nuestro autogobierno era una de las grandes anomalías que arrastrábamos, por culpa de la incapacidad y la irresponsabilidad de los presidentes Carles Puigdemont y Quim Torra, que habían dejado pudrir la situación. Para ellos, la Generalitat es un “estorbo” para desarrollar su proyecto independentista y han teorizado y verbalizado que hay que “autodestruirla”.

Si algo hay que valorar del actual presidente, Pere Aragonès es que, de entrada, ha sido capaz de recuperar la cordura y de abordar las cuestiones esenciales de todo gobierno democrático: aprobando cuando toca los presupuestos de la Generalitat y procediendo a desbloquear la provisionalidad de la cual eran víctimas organismos como el Síndic de Greuges, la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA), el Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC) o la Sindicatura de Cuentas.

En general, se puede valorar que el pacto logrado entre PSC, ERC y Junts x Catalunya (JxCat) para cubrir los cargos caducados es correcto, dada la urgencia imperiosa para restablecer la normalidad institucional. Además, dos organismos fundamentales para garantizar la transparencia y el buen funcionamiento de la Generalitat –el Síndic de Greuges y la Sindicatura de Cuentas- serán dirigidos por dos personas que serán muy escrupulosas con el trabajo que tienen encargado: Esther Giménez- Salinas y Miquel Salazar.

Sin embargo, hay un nombramiento que chirría: el de Xevi Xirgo como próximo presidente del CAC. Con todo el respeto personal y profesional por este periodista, que hasta ahora era el director del diario El Punt Avui, considero que no es la persona idónea para encabezar un organismo que se encarga de velar por la ecuanimidad y ponderación de las radios y televisiones y, en especial, las de titularidad pública. Su principal “calidad” es ser una persona de la estricta de confianza de Carles Puigdemont y director del diario donde trabajó, y que tiene el “honor” de ser el más subvencionado por la Generalitat.

El CAC también tiene la competencia de dar y quitar las licencias de emisión en el espacio radioeléctrico. Por lo tanto, a su frente debería estar una persona de reconocido prestigio y sensibilidad contrastada en ámbitos como la ética, los derechos de la infancia, la comunicación, la regulación de la publicidad… Una autoridad de consenso avalada por un denso currículum académico y que sus decisiones y dictámenes al frente de este organismo no presentaran ninguna sombra de parcialidad o de partidismo.

Xevi Xirgo tiene un perfil político muy marcado como militante de la causa procesista y es, sobre todo, el editor de los dietarios del ex-presidente Carles Puigdemont que han sido publicados en dos libros (Me explico y La lucha en el exilio). Su hooliganismo puigdemontista es incompatible con un cargo en el cual es imprescindible la independencia de criterio, en vez del sesgo independentista.

El nombramiento de Xevi Xirgo como presidente del CAC es, sin duda, una imposición directa de Waterloo, al margen de los órganos de dirección de Junts x Catalunya. Como la designación de Laura Borràs como presidenta del Parlamento; la colocación de su mujer, Marcela Topor, a sueldo de la televisión de la Diputación de Barcelona; la de su amigo del alma, Jami Matamala, en el Senado; o la del también periodista Pep Riera, vinculado a El Punt Avui, propuesto como nuevo miembro del consejo de gobierno de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA).

Carles Puigdemont reniega del Estado español y de la Generalitat, pero no duda en aprovechar los espléndidos salarios que se pueden obtener del sector público para colocar a la familia y a los amigos de confianza. Su idea es que los “independentistas pata negra”, como él, merecen disfrutar de un alto nivel de vida y que esto solo lo pueden conseguir a través de los presupuestos públicos, vía nóminas, contratos o subvenciones.

El presidente Francesc Macià propugnaba que el sueño que había que lograr para los catalanes era “la caseta i el hortet”. Carles Puigdemont lo ha pervertido y ahora propugna el “chalé con piscina”, pero solo para la “nomenklatura independentista” que él dirige y ampara. El paradigma de este delirio de nuevo rico es la casa familiar que se compró en el golf de Sant Julià de Ramis, el chalé que ha alquilado en Waterloo o la mansión de Pilar Rahola en Cadaqués.

Carles Puigdemont mezcla la independencia con su bienestar personal, que hace extensible a su círculo de íntimos amigos. Supedita la acción y la negociación política al hecho de colocarse y colocarlos en cargos muy bien remunerados. No importan la idoneidad ni la capacidad profesional, solo el importe de la remuneración –el más alto posible- y su duración en el tiempo.

Con estas reiteradas e impresentables prácticas nepotistas, el eurodiputado de Waterloo ha perdido toda la credibilidad. Si a Xevi Xirgo le queda una brizna de dignidad personal y profesional tendría que renunciar, de entrada, a la presidencia del CAC antes de verse, tarde o temprano, enfangado.

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