El plan de Laporta para convertir al Barça en SA en dos años

Desvelado por su núcleo duro, la operación pasa por pedir 500 millones más a Goldman Sachs para fichar a Haaland y luego afrontar la deuda traspasándole la propiedad

El presidente del Barça, Joan Laporta

No es ninguna sospecha ni una proclama tendenciosa afirmar que, inevitablemente, el FC Barcelona se convertirá en apenas dos temporadas como máximo en una sociedad anónima (SA). Porque ese es el plan de Joan Laporta, llamado a ser, ahora ya de un modo  definitivo, el último presidente de un Barça tal y como lo concibió y promovió Joan Gamper, reflejo de un club arraigado y profundamente atado al sentimiento y naturaleza del socio catalán y catalanista, un tipo de propietario celoso de cualquier injerencia y asedio financiero y demasiado confiado en que el Barça seguirá siendo lo mismo que siempre fue aunque llegue la tercera guerra mundial.

Si existía un pequeño aunque controlado riesgo a partir de que el club, bajo el mandato de Bartomeu, se embarca en el desafío de mantener la longevidad y el valor futbolístico y de mercado de Leo Messi, el mejor futbolista de todos los tempos, la amenaza surge cuando irrumpe el covid, el club no consigue alcanzar, por su culpa y causa, los 1.000 millones de ingresos previstos para la temporada 2019-20 y aparece, como en El Señor de los Anillos, el Sauron que sí extenderá la oscuridad en el mundo del Barça y podrá destruir 121 años de historia sin que nadie, más bien al contrario, se lo impida. Esa es la extraordinaria verdad del mayor embuste de la historia en la que hoy se encuentra la institución azulgrana.

El gran agitador, Joan Laporta, es quien transforma y exagera el relato y la propia realidad, aprovechando que tiene a su favor el aparato político y social del soberanismo y los recursos mediáticos y del poder suficientes para recuperar el trono, que le fue arrebatado por los propios socios en 2010, y además convertir a sus sucesores, Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu, en el mismísimo demonio, en un monstruo de dos cabezas sobre los que se ha construido un guión de destrucción masiva que ahora puede justificar cualquier cosa que pueda ocurrir.

Hoy, los socios del FC Barcelona aún no pueden ver a través del muro que se ha levantado ante ellos el gran enredo tejido por un personaje como Joan Laporta al que su secta y su aparato siguen absolutamente entregados, ciegamente. No es extraño, pues de ese núcleo del poder que domina el club son beneficiarios decenas por no decir centenares de terceras personas, socios y no socios, que han convertido el club en su modus vivendi de uno u otro modo, un colectivo de mediocridad a los que Laporta, cuando llegue el momento, dejará en la estacada, tirado en el camino después de salvarse él, naturalmente.

Uno de los propagadores de ese atentado contra el FC Barcelona, una tragedia en verdad, no es otro que Salvador Sostres, periodista opinativo hoy reducido a las páginas del ABC, asocial, repelente y malévolo barcelonista que, además no conoce otro argumento que el insulto y que ha hecho del supremacismo su propio dogma. Basta con revisar su escalofriante lista de víctimas vilipendiadas y humilladas desde su teclado para percibir su crueldad, insensible, y el porqué de su pertenencia a lo peor de la “banda armada” del laportismo mediático.

Lo indiscutible, en su caso concreto y singular, es que bebe de donde nace ese laportismo y que tal como se empapa de ese credo lo suelta y lo escribe sin que ni los suyos le tosan porque también le temen y sufren. No hay guerrero más amenazador y letal en ese entorno donde de verdad se cuecen las grandes líneas maestras del plan.

Así lo escribía en su último artículo, sin desperdicio, referido a la consulta del Espai Barça. “El presidente del Barcelona obtuvo el domingo su primer título, y el más importante, y el que más va a pesar en su segundo mandato. Con la estulticia que le caracteriza, sobre todo cuando vota, al socio del Barça, no se dio cuenta, cuando masivamente validó en referendo la construcción del nuevo Espai Barça, de que lo que de hecho estaba haciendo era venderle el club a Goldman Sachs. Si Joan Laporta y su junta tuvieron especial interés en recalcar que construir el nuevo estadio era una decisión soberana de los socios, y así convocaron la consulta a pesar de que la asamblea de compromisarios ya había aprobado el proyecto, fue precisamente para poder ponerles ante el espejo cuando la deuda sea imposible de devolver –de hecho ya lo es desde hace tiempo, aunque todavía no se haya ‘escenificado’– y recordarles que ellos eligieron su destino. Con los por lo menos 1.500 millones que el Barça va a tomar prestados de Goldman, más los aproximadamente 500 que está negociando con CVC para reforzar al equipo para la próxima temporada, y por los que alguien –Goldman– tendrá que responder cuando el Barça no pueda devolverlos, el club le va a deber 2.500 millones de euros a la banca de inversión judía (anteriormente le debía ya 500) de los 4.300 en que está valorado”. 

El desprecio y repugnancia que siente, admite y verbaliza hacia el socio del FC Barcelona son los atributos de Salvador Sostres que más le seducen a Laporta del personaje. De hecho, en los últimos meses de su anterior mandato Laporta le pagaba a él y a Vicent Sanchis  -hoy director de TV3- por su show en Barça TV donde se hacía verdadera escatología y mofa de los socios, como siempre y como hasta ahora con la complicidad y complacencia de la prensa del régimen. Llama la atención, pero no es sorprendente, lo que apunta: que Laporta busca financiación vía Goldman Sachs también para fichar a Haaland al precio que sea a sabiendas de que nunca podrá devolver esa deuda y menos aún recuperar el margen salarial ante LaLiga a menos que lo consiga vía CVC, pues de otro modo debería pedir un nuevo permiso a la asamblea para endeudarse ¡500 millones más!

El columnista de ABC, poco o nada leído por el barcelonismo de a pie, detalla todo lo que va a ocurrir: “Por si quedara alguna duda del cerco de Goldman Sachs al fútbol español en general, y que se concreta en su interés por quedarse el Barcelona, es significativo saber que aporta 1.000 de los 1.900 millones de euros que sustentan el acuerdo que Javier Tebas promueve con CVC. Todo es como un carruselito sin demasiadas alternativas. Pero, aunque sólo sea moralmente, el Espai Barça es la gran estacada al famoso ‘més que un club’, porque probablemente este referendo ha sido lo último que van a votar los socios del Barça. Es verdad que un nuevo estadio resulta imprescindible. Es verdad también que Joan Laporta heredó un club en una situación financiera imposible y destruido deportivamente. Pero también es cierto que hay una operación en marcha de venta del club, de acabar de llevar a los socios al fondo del callejón sin salida en el que ellos mismos se adentraron votando a Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu como presidentes”. 

Para Salvador Sostres, claro está, Rosell es el enemigo desde que lo echó de Barça TV sin contemplaciones y sin miedo a la represalias de ese comando laportista tan peligroso y conspirador formando tándem con Vicent Sanchis. 

Finalmente detalla el futuro con esa clarividencia de quien está en el bunker desde donde se dirigen las grandes operaciones: “Por lo que refiere al socio común y mayoritario, además de poco inteligente y pobre, es profundamente mezquino y nunca ha mostrado ninguna generosidad con el club al que tanto dice amar. Una vez más ha quedado claro, en este caso a pequeña escala y siguiendo un procedimiento perfectamente legal, hasta qué punto los referendos pervierten la democracia y son herramientas que usan los que quieren imponer su voluntad valiéndose de la ceguera de la masa. No hay mejor coartada que un referendo para un tirano. Joan Laporta no es ningún tirano, pero mientras le pedía a sus socios que votaran en favor del nuevo estadio en realidad les estaba haciendo firmar el acta de renuncia a su propiedad. La pirueta es, por decir lo menos, remarcable. Ferran Reverter, CEO del club, hace tiempo que trabaja en distintas fórmulas, todas ellas inspiradas en el modelo del Bayern de Múnich, cuya propiedad es el 75% de los socios y el 25% de marcas comerciales e inversores. El Barça está demasiado endeudado para mantener este porcentaje, y Reverter trabaja en un 60- 40 para endulzar la medicina de entrada, haciéndoles creer a los socios que mantienen el control del club, pero sabiendo que ni siquiera a largo plazo, sino más temprano que tarde, los que van a continuar pagando van a querer –como así tiene que ser, y así es en todas partes– controlar las decisiones que con su dinero se tomen y capitalizar las ganancias. De este modo, la plena propiedad de los socios pasará en una primera fase a ser fraccionada y, en la segunda tajada, reducida a mero simbolismo. Es la mejor noticia para el Barça que su destino deje de estar en manos de las pocas luces de sus actuales propietarios. Es un alivio. Pero no es una casualidad. Hay un camino trazado, un camino claro, y Jan está siguiendo todos y cada uno de los pasos. Ni los socios ricos ni los socios pobres han defendido lo suyo con agallas, de modo que perderlo es lo que exactamente merecen. A partir de aquí, Laporta no tardará más de uno o dos años en plantear la primera disyuntiva: o compartimos la propiedad, o pagamos la derrama. Probablemente someta la decisión a referendo, como siempre que quieres que los demás te den algo sin que se enteren”.

No es un artículo para reflexionar sino para entrar en pánico porque revela la verdadera naturaleza de las decisiones que, poco a poco, ha ido tomando la junta, si es que puede hablarse de un colectivo bajo la comandancia única y totalitaria de Laporta. Prescindir de Messi y aumentar en más de 400 millones las pérdidas reales, asumiéndolas en la práctica, no son errores de cálculo, sino peldaños camino del infierno.

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