Política visceral y política racional

El comportamiento de los humanos es el resultado de reflexiones racionales y de los impulsos que generan nuestros sentimientos y emociones más o menos viscerales. Es bien sabido que el mundo independentista se basa mucho más en los sentimientos que en la racionalidad. Pero lo que quisiera analizar hoy es el componente visceral del discurso y las acciones del mundo independentista. Dicho de otro modo, lo que quiero destacar es que la política del mundo independentista es básica y fundamentalmente visceral.

De acuerdo con los diferentes diccionarios de la lengua catalana y castellana, la visceralidad es el conjunto de sentimientos originados en los órganos del cuerpo, en los sentimientos más instintivos, más elementales y desnudos de racionalidad. Pero la visceralidad es inevitable, natural y legítima, ya que surge de los sentimientos generados por nuestras necesidades más profundas y animales.

No debemos olvidar que los humanos somos animales que hemos sido capaces, evolutivamente hablando, de gestionar racionalmente esos sentimientos e instintos. Es precisamente esta capacidad de someter a los instintos y sentimientos uno de los factores que han permitido evolucionar del estado más animal hasta la complejidad actual. Somos viscerales, pero al serlo somos también políticos, ya que nuestros sentimientos afectan y se ven afectados por las decisiones y los comportamientos políticos.

Somos muchos los que pensamos que las democracias liberales están en crisis. Un elemento en esta crisis es el papel de las emociones, tanto de la ciudadanía como de la esfera política. Hay quien ha llamado a la nuestra era el tiempo de la ansiedad o del miedo e incluso de la ira. Tanto en TV 3 como en otros medios catalanes la ira y la visceralidad predominan. Si los sentimientos, las emociones y la visceralidad se sitúan al frente del comportamiento político de ciudadanía y políticos, lo único que podemos esperar es división, enfrentamientos estériles, destrucción de la actividad económica y aislamiento internacional. En mi opinión, la visceralidad del mundo independentista nos está llevando a un populismo que sólo puede ser negativo.

El cambio climático, el reto de la sostenibilidad, la crisis económica y la presente pandemia de la covid-19 no podrán afrontarse ni resolverse con visceralidad, que sólo producirá sentimientos de vulnerabilidad. La visceralidad traerá guerras culturales y enfrentamientos en los que el miedo, la ira, el odio, la tristeza, la indignación y el resentimiento pueden destruir la Cataluña que hasta ahora hemos sido. Para salir adelante, estamos obligados a ir más allá y encontrar una pragmática armonía entre razón y visceralidad. En el panorama político catalán actual se hace difícil conciliar con la afirmación de Aristóteles de que los seres humanos son criaturas «naturalmente racionales» o son «animales políticos» que sólo pueden florecer dentro de una comunidad política o polis. La polis, como escribió Aristóteles en Política, «nace para la vida y existe para la buena vida». Las diferentes maneras de organizar la polis para gestionar la buena vida y los desacuerdos sons la esencia de lo que llamamos “política”. Todo lo contrario de lo que el mundo independentista radical dice y practica.

Si como se ha dicho mil veces, el comportamiento catalán oscila entre la cordura y el arrebato, entre el pactismo y el todo o nada, yo propongo que la cordura y los acuerdos racionales imperen a la hora de resolver los graves problemas políticos que tenemos. Para mí y para muchos, la salida está en que los diferentes sentimientos de pertenencia compartan un proyecto de país federal a construir entre todos, en el que la voluntad de la ciudadanía sea la base de la convivencia y en la que los acuerdos amplios sirvan para dibujar un futuro basado en la negociación, y no cómo están haciendo los independentistas: impedir, oponerse, no colaborar e incluso imponer.

En una época llena de rabia y miedos, como la que vivimos en Cataluña, soñar que resolveremos los problemas con una política puramente racional es tan erróneo como pensar que sólo con la visceralidad saldremos adelante. Los comportamientos políticos exclusivamente viscerales o racionales son una negación de nuestra humanidad y animalidad. Pero no es menos cierto que los indepes han hecho un uso abusivo de la visceralidad, dejando a un lado el racionalismo y el pragmatismo, que son el fundamento tanto de las sociedades modernas y avanzadas como de las primitivas que se han mantenido durante siglos.

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