¿Por qué se han suprimido las tertulias del Barça esta semana?

Esta ha sido una semana de silencio mediático en torno al trabajo y la figura de Xavi Hernández, el nuevo entrenador del Barça que, paradójicamente, se ha visto envuelto en un vacío mediático después del que ha sido su mejor resultado en el banquillo del FC Barcelona, la victoria (1-3) en el estadio La Cerámica de Villarreal.

El partido, en efecto, registró un abultado marcador consecuencia de los dos goles finales fruto de dos jugadas de indiscutible mérito, pero en acciones muy aisladas y después de que el equipo azulgrana perdiera el control del partido, del juego y se mostrara incapaz de atacar desde el minuto 20 de la primera mitad. Por resumirlo, el equipo de Koeman no había mostrado tanta debilidad ni falta de personalidad ni estilo ni siquiera en la derrota ante el Benfica (3-0) después de dominar estérilmente la mayor parte del partido.

En Villareal, el Barça desapareció por completo, perdió energía, chispa, estilo, convicción y personalidad. Desde el punto de vista táctico, Unai Emery le dio un buen repaso a Xavi, con la diferencia de que los locales no fueron capaces de convertir esa superioridad en gol y el Barça, a diferencia de los partidos anteriores, llegó vivo y con cierta puntería a esos minutos finales.

Aun así, durante la semana no se han dedicado las tertulias, como las dos semanas anteriores, a cantar y ensalzar las excelencias de Xavi, de sus métodos, su ingenio táctico y estratégico, su capacidad motivadora o su inteligencia psicológica. Simplemente, se ha hablado de otra cosa como de la gala del Balón de Oro, lo justo para no reconocer que esos tres galardones mundiales –oficiosamente, el reconocimiento de los tres mejores jugadores del planeta del año 2021- a Leo Messi, Alexia Putellas y Pedri provenían de la herencia de Bartomeu.

También se ha hablado del referéndum sobre el Espai Barça, un tema propulsado desde el club con el especial interés de generar una cierta expectación mediática por el voto telemático, en este caso del todo intrascendente dadas las circunstancias y el escaso valor social de la convocatoria.

Y, finalmente, para evitar el debate futbolístico después de la victoria sobre el Espanyol, agónica y poco convincente, el empate ante el Benfica, decepcionante, y el triunfo en Villarreal, con el peor juego de los tres partidos de Xavi, se ha echado a los lobos de la prensa presas fáciles de mercado como Ferran Torres para entretener a las “fieras” y esperar que ante el Betis las cosas mejoren.

No es culpa de Xavi ni de su trabajo, sino del error de cálculo de ese lobby mediático que dio por hecho que con su llegada el mundo iba a volverse del revés o que Xavi iba a dar esos pases de gol que tanto se echan de menos. Xavi no podía hacer milagros, no al menos con tres semanas de trabajo y con las mismas bajas que tanto afectaron al juego cuando lo entrenaba Koeman.

El baño de realidad ha sido una ducha de agua fría por culpa de las expectativas, exageradas y sin más base que el entusiasmo de la prensa por enterrar al entrenador holandés y celebrar anticipadamente la revolución Xavi. Le queda trabajo, necesita paciencia y la confianza que se le negó en su día a Valverde y sobre todo a Koeman. Suerte tendrá Xavi si, además, como parece, la propia junta de Laporta juega a favor y no en contra. Que ya es un gran avance.

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