Laporta debió esconderse de Messi en la gala del Balón de Oro

Evitó encontrarse con el jugador cara a cara pues estaba advertido del cabreo de Messi en una noche en la que se reivindicó, con los premios a Alexia Putellas y Pedri, la herencia de Bartomeu

La gala del Balón de Oro correspondiente al año 2021 ha servido, ni que sea de forma tímida y susurrante, para que la gestión de Josep Maria Bartomeu, esa administración que Laporta lleva demonizando y castigando mediáticamente desde mucho antes de su llegada a la presidencia, haya recibido un cierto reconocimiento.

Es difícil, ciertamente, segregar este nuevo ‘triplete’ de Bartomeu de esa herencia tras cinco años de mandato en los que, resulta inevitable no admitirlo, la gestión del Femení del Barça ha sido un ejemplo de rigor, profesionalidad, aplicación del manual del ADN azulgrana y éxito. No puede haber mucha discusión ni debate al respecto, menos aun cuando al hoy presidente, Joan Laporta, lo pillaron en plena campaña electoral riéndose de los nombres de las jugadoras, porque además de que los desconocía en realidad le importaba nada y menos esa sección del club.

Para ser fieles al relato histórico, en la anterior etapa de Joan Laporta, el Femení quedó abandonado a su suerte, olvidado en segunda división nacional sin el menor interés por mejorarlo ni reflotarlo. Aunque ya por entonces, en 2010, la reivindicación del deporte femenino palpitaba en los estamentos sociales y en los clubs más avanzados y progresistas, la actitud de Laporta fue, como en tantos otros frentes donde se requería, además de barcelonismo, una cierta sensibilidad, de absoluta indiferencia y pasotismo. Ni siquiera 11 años después, en la campaña electoral y con el Femení dominando el fútbol europeo se preocupó por disimular esta apatía y desgana. 

Por tanto, el triplete del Femení de la temporada 2020-21 (Copa, Liga y Champions) sólo puede tener una paternidad compartida por Sandro Rosell, presidente desde 2010 al 2014, Jordi Mestre, el directivo que puso sobre la mesa la necesidad de desarrollar un plan para profesionalizar el Femení y el apoyo indudable, entusiasta y convencido de Josep Maria Bartomeu, ya como presidente, a la hora de reforzar esta apuesta por un equipo que, además de ganar, lo ha hecho jugando al estilo Barça, con jugadoras de casa como base y con lideratos como el de Alexia Putellas que se ha convertido en la primera futbolista del club, catalana y española en levantar un Balón de Oro. 

El Barça tuvo la determinación de profesionalizar el Femení sin buscar el éxito a corto plazo, sin presión, estructurando el fútbol formativo y llegando incluso a jugar una primera final de la Champions ante el Olympique Lyon en la que aprendió, con una contundente derrota (4-1), lo lejos que estaba todavía de esa excelencia finalmente alcanzada.

Cualquier intento de Laporta por ponerse esa medalla no se sostiene. Y cuando lo ha intentado, ha hecho el ridículo como en TV3 o cuando su vicepresidenta Elena Fort se quiso otorgar el mérito, tuiteando, de haber conseguido un campo de entrenamiento con hierba como la del campo de entrenamiento de masculino y del Johan Cruyff. Al segundo, le dieron por todas partes porque, por desconocimiento, arrogancia y falta de respeto, el Femení ya disponía hacía meses de un césped de primera calidad como le correspondía. 

Llegar al cargo, querer patrimonializar y hacer suyo el Femení ha sido un reflejo de ese espíritu “okupa” de Laporta y de su núcleo duro, sin vergüenza ni rubor alguno y sobre todo sin memoria de cómo dejaron en su momento esa sección del club. 

A Josep Maria Bartomeu también se le debe atribuir, con pocas o ninguna duda, que Leo Messi hiciera referencia al FC Barcelona en su discurso de agradecimiento en el momento de levantar su séptimo Balón de Oro, un registro récord en la historia del fútbol mundial que seguramente ningún otro futbolista podrá igualar en muchos años. Con el mérito añadido de que el Real Madrid, con su poder absoluto y capacidad de influir en los despachos, le ha arrebatado, vía Cristiano Ronaldo, por lo menos dos o tres Balón de Oro. Puede que esta vez, France Football, indiscutiblemente feliz por premiar a un futbolista que ahora vive en París y juega en la Ligue1, haya hecho justicia apelando a la victoria de Argentina en la Copa América frente a Brasil y al pichichi de la Liga para encumbrar a Leo a otro Balón de Oro.

En cualquier caso, si no hubiera sido por la posición inflexible de Bartomeu de resistir a la presión del burofax y del entorno al principio de la última temporada, el delantero argentino se habría marchado y hoy no se relacionaría este séptimo galardón con su impresionante palmarés azulgrana.

Leo Messi, por cierto, no eludió saludar a la expedición azulgrana presidida por Joan Laporta. Sucedió que Laporta estaba advertido por el entorno del argentino que no habría apretón de manos ni cordialidad si se hubiera producido el encuentro. Leo está muy cabreado con Laporta y los suyos, se siente tan engañado que incluso ha comentado que entre Bartomeu y Laporta entiende que el primero defendía los intereses del club en sus decisiones, le gustaran o no, mientras que el recién elegido el 17 de marzo pasado jugó con su futuro y con el del club mirando sólo por su estatus personal y dominado por avalistas que le pisaron y cerraron el paso sin que Laporta fuera capaz de cumplir con la palabra dada a Leo y sus condiciones de renovación.

En París, Laporta no tuvo más remedio que esconderse de Leo y procurar no cruzarse en su camino si no quería que las cámaras captasen su peor imagen, la de un Laporta que hubo de esconderse del Balón de Oro mientras Bartomeu, a su manera, aparecía como el triunfador de fondo de la noche.

Resulta evidente, además, que el Premio Kopa al mejor Sub 21 del mundo, otorgado al joven Pedri, otro fichaje de Bartomeu, convertido en internacional por Koeman y ganador del Golden Boy una semana antes, tampoco es flor de un día, pues Pedri, junto a Ansu Fati, representa a la nueva generación de oro del fútbol base del Barça.

No puede entenderse, pues, que con ese ‘triplete’ de ganadores azulgrana en la gala del fútbol mundial se siga aludiendo a la ‘herencia’ de Bartomeu como el peor y más monstruoso legado de la historia ni reiterar que ha sido el peor presidente de los 122 años de vida del club. Es posible revisar su mandato y encontrar deficiencias y errores, pero desde luego la realidad, igual que la LaLiga ha desmentido las pérdidas desmesuradas y artificiales infladas por los recién llegados, desmiente ese plus de carga, montaje y abuso mediático en el que Joan Laporta sigue basando su popularidad. 

Tampoco tiene mucho de qué presumir un ganador de las elecciones que no ha cumplido una sola de sus promesas y que sigue viviendo de lo mejor y de lo peor de Bartomeu. No le será fácil seguir caminando por ese alambre.

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