¡Viva, esto es lo que hay!

La prensa cambia el discurso y la crítica, ácidos e implacables contra Koeman, por una euforia entregada y optimista a Xavi aunque el equipo sigue igual, sin gol ni delanteros

El barcelonismo en general, en línea e influido en buena parte por el entorno mediático, ha celebrado casi con euforia que el equipo esté a un paso de no clasificarse para los octavos de final de la Champions League, hecho que supondría, desde el punto de vista del prestigio y del palmarés europeo, una hecatombe y un fracaso sin precedentes.

La cruda realidad, básicamente que el equipo de la mano de Xavi Hernández no ha sido capaz de marcar un gol de jugada en sus primeros 180 minutos de juego, sólo uno y de penalti más que discutible en el derbi contra el Espanyol, es que no se han mejorado los registros de Koeman o de Sergi Barjuan. También existe, además de evidencias indiscutibles, una unánime sensación de que el Barça carece hoy de futbolistas determinantes en el área como lo eran Messi, Suárez y Griezmann. 

Su ausencia, además, ha coincidido con lesiones de muy largo alcance de quienes han de aportar esa puntería como Ansu Fati, Dembélé, Kun Agüero y Martin Braithwaite.

Hace meses, como quien dice, que el Barça se está jugando el futuro con la única baza de Memphis Depay en punta, solitario, con mucha ventaja para el contrario a la hora de defenderlo y controlar la peligrosidad, más bien escasa, del conjunto barcelonista.

Las prestaciones y los resultados, con las estadísticas en la mano, no han cambiado ni con uno o con otro entrenador porque se quiera o no el Barça dispone hoy de los recursos que tiene, limitados, y que, como dijeron Gerard Piqué y el propio Ronald Koeman, al final “esto es lo que hay”, frase acuñada defensivamente en los peores momentos del calvario del entrenador holandés que ahora se interpreta y utiliza acusatoriamente en su contra para justificar el derrotismo y el negativismo con el que se le ha etiquetado.

Para ponerlo en contexto, cuando Koeman empataba un partido, más o menos con los mismos parámetros de juego, las ruedas de prensa posteriores constituían un fusilamiento a base de preguntas perversas y maliciosas porque, inexplicablemente, el Barça no metía goles. Para las críticas a Koeman, ácidas, generalizadas y envenenadas, las ausencias de Messi o Griezmann no eran excusas, al contrario, del mismo modo que las bajas de Ansu, Dembélé, Agüero y Braithwaite no podían condicionar la poca efectividad goleadora ni el estilo. 

El equipo debía ser, sí o sí, un rodillo ganador. A Koeman se le exigieron resultados inmediatos, abrir el campo sin extremos, rematarlo todo sin delanteros, sobriedad defensiva aunque Piqué y Jordi Alba son un coladero, y virtuosismo en un centro del campo que, además, había perdido al reciente ganador del premio Golden Boy, Pedri, el nuevo crack de los 1.000 millones de cláusula, como Ansu Fati.

Efectivamente, las sombras, las dudas, el pesimismo, la angustia, las tensiones y el estado colectivo de nerviosismo vivido en torno al equipo de Koeman fue generado por la prensa, que nunca quiso al holandés porque era el entrenador de Bartomeu, en confabulación y con la cooperación necesaria de la propia junta directiva que no dudó, incluso, en contagiar esa misma inseguridad y sentimiento depresivo al propio vestuario.

No hay duda de que ahora, con Xavi, algunos jugadores corren más, o mejor, pero sobre todo que la prensa ha cambiado el discurso, sólo ve brotes verdes, entiende que se le ha de dar tiempo y confianza a Xavi porque él sí que tiene un plan aunque sea el mismo que tenía Koeman, jugar lo mejor posible con los jugadores disponibles, eso sí aceptando sin armar escándalos ni reproches los traspasos, las fugas y el pésimo trabajo de médicos, fisioterapeutas y preparadores físicos, todos ellos relevados con la llegada de Xavi. 

Xavi goza del respaldo eufórico, entregado y desmedido de la prensa que, ahora sí, asume el argumento de que “con lo que hay” a Xavi no se le pueden pedir milagros, mucho menos si están lesionados Dembélé, Ansu Fati, Agüero y Martin Braithwaite. Ahora ya tiene sentido justificar la ausencia de goles por la ausencia de goleadores.

Mejor para Xavi, desde luego, que no ha remar en contra, aunque los resultados sean, tras dos partidos, menos espectaculares de lo previsto. Los opinadores están entregados al nuevo estilo, al ritmo de juego, a las decisiones, sean cuales sean, que tome el entrenador. Poco importa que el Espanyol tuviera dos postes en los minutos finales para darle la vuelta al partido con el equipo roto, sin fuerzas, como le pasaba a Koeman, a causa de la edad de algunos de los fijos, y de la necesidad de darle descansos paliativos a Sergio Busquets. 

También se ha soslayado que, con la misma táctica, el Benfica controló el partido y dispuso de una ocasión de oro, clarísima, para enviar al Barça a la Europa League, perspectiva que con Xavi se afronta como una aventura simpática e interesante y no como lo que es, un completo desastre. 

Ahora sí, el Barça puede y debe encarar el futuro como una temporada de transición con el principal objetivo de clasificarse, cuando menos, para la Champions de la próxima temporada.

El entorno empuja, aplaude y refrenda todo lo que Xavi diga o haga, eso está ahora en el ambiente y en los medios provocando esa entusiasta sensación de que pase lo que pase en el partido clave de Munich el Barça de Xavi habrá dado otro paso adelante en su rehabilitación como uno de los grandes de Europa.

El subidón ha sido de tal calibre que incluso se ha bendecido el fichaje Dani Alaves (38 años) una opción que si se le hubiera pasado por la cabeza a Koeman es muy probable que éste no hubiera visto el amanecer del día siguiente.

Pero es relevante, después de todo, la coincidencia mediática en señalar a Nico, Araujo, Gavi y Demir como los más destacados del equipo y la no menos sospechosa unanimidad en relacionar a toda esta nueva ola de jóvenes con talento con la propuesta futbolística de Xavi. 

Cualquier cosa con tal de negarle a Koeman que fue él, y sólo él, el responsable de empezar a darle oportunidades a los jóvenes, el primero Pedri (Golden Boy del año), Araujo, Mingueza, Nico, Gavi, Demir, etc. la base del gran equipo que el Barça puede volver a tener en poco tiempo.

¡Viva, esto es lo que hay! Es el nuevo grito de guerra del entorno periodístico que ahora también trata de adoptar a Dembélé como un ‘fichaje’ de Xavi. Ha bastado que Xavi le señalara como el mejor del mundo en su puesto para dejar de ser un futbolista denostado y apestado por ser un fichaje de Bartomeu y convertirse en el revulsivo del equipo descubierto por el nuevo entrenador.

La prueba del algodón, como siempre, es Gerard Piqué, que remató la gran noche europea afirmando que a Xavi hay que darle un plus por lo que representa y significa. ¿Quiere eso decir que no se lo daba todo a Koeman o tiene que ver con los inventos tácticos que debió hacer Xavi para no sentar a Piqué y Alba ante el Benfica, estando como están los dos muy cerca de la suplencia? Piqué es muy listo para estas cosas.

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