Antonio Escudero, el vicepresidente más asocial del Barça

Laporta lo elevó al más alto cargo de las relaciones con los socios y las ‘penyes’, pero lleva meses desaparecido

El vicepresidente del área social del FC Barcelona, Antonio Escudero

El vicepresidente del área social del FC Barcelona, Antonio Escudero, se encuentra en paradero desconocido prácticamente desde el día de su nombramiento como directivo del club, el 17 de marzo pasado. Han transcurrido ocho meses sin que haya concedido una entrevista a los medios, un hecho que podría ser explicado y hasta justificado por las circunstancias especiales que se han dado, aunque sólo si el motivo era porque necesitaba adquirir conocimiento del nuevo mundo que le rodeaba y establecer un contacto más directo y estrecho con los socios y con el departamento del club.

La realidad, sin embargo, apunta a una desaparición en toda regla y a una dejación de sus funciones, especialmente en los temas más candentes como el establecimiento de nuevas condiciones para los abonados con la reapertura del Camp Nou y sobre todo con el espinoso y polémico estallido del conflicto con las “penyes” del Barça.

Es más, algunas fuentes próximas al presidente Joan Laporta afirman que su ausencia en la asamblea del 27 de octubre le provocó un fuerte malestar, por no decir que explotó en su contra, y contra Jaume Guardiola, presidente de la Comisión Económica, porque a la hora de la votación para sentenciar y ejecutar la extinción de las “penyes” la propuesta no fue aprobada por solo dos votos. Si ambos hubieran asistido y votado, hoy las “penyes” del FC Barcelona ya no tendrían el reconocimiento estatutario que les fue otorgado en el pasado y que la nueva junta quiso borrar para siempre.

Es curioso que quien debía haber liderado esta batalla campal contra las “penyes” debería haber sido Antonio Escudero, un directivo que tiene comercios en La Jonquera, pero que prestó aval en su día para disponer de una silla en el palco y una mesa en las reuniones de junta. El vicepresidente del área social no ha estado en ningún momento en el frente de la batalla que sí ha capitaneado el propio Joan Laporta junto con su verdadero hombre de las “penyes”, Joan Ignasi Macià, fiel escudero, nunca mejor dicho, de las excursiones de Laporta a las fiestas en las que por ahora ha aparecido como en Andalucía (Palos de la Frontera), en Galicia coincidiendo con el Celta-Barça y la semana pasada en el 50 Aniversario de la Penya de Puigcerdà, donde anunció, otra vez, que está preparando una gran revolución en el universo de las “penyes”. Más o menos lleva el mismo tiempo anunciando ese cambio y el de los resultados del “forensic” que habrán de dar con la junta de Bartomeu como mínimo en el juzgado de guardia. Mucha palabrería y mucha promesa que al final se queda en nada.

Escudero tampoco estuvo en Puigcerdà y eso que esa es su zona pues, según reza en su presentación como directivo, este albaceteño de Salobre administra el Grupo Escudero y preside la Federación de Hostelería de las comarcas de Girona. También es vicepresidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos, vicepresidente de la Confederación Empresarial de Hostelería y Restauración de Catalunya, miembro del Pleno de la Cámara de Comercio de Girona, miembro de la Comisión Ejecutiva de Pimec Girona, miembro de Pimec Turismo y consejero del Patronato de Turismo Costa Brava-Pirineu de Girona. También fue presidente del Girona FC entre los años 1998 y 2001.

Otra ausencia destacada de quien por ahora ha demostrado ser el directivo más asocial de la junta y el menos indicado, o predispuesto, a servir al club desde un cargo con unas connotaciones y una responsabilidad históricamente muy bien definidas. Al vicepresidente social se le exige ese contacto cercano, intenso y continuado con los socios y de un modo más activo y abierto una relación con el mundo “penyístico” azulgrana.

No es su caso. Ni está ni se le espera, como si su paso por el club se ha de limitar a figurar como avalista y a asomar la cabeza por el palco de cuando en cuando. Da la sensación de que no desea ir mucho más allá ni asumir tampoco las funciones que le correspondería realizar. 

Su caso es un ejemplo más de esa extraña junta integrada por miembros que más que directivos han acabado siendo solo avaladores, como es el caso de Antonio Escudero. Además, según informó ayer Culemania, Jaume Roures ha exigido que le sean reembolsados los 400.000 euros del coste de su aval, a cubrir por el resto de la junta, en espera que el Gobierno central cumpla con su promesa de dejar apenas sin efecto la carga de los avales. Esta nueva situación viene a crispar y a complicar las relaciones internas de una junta tan variopinta y antinatural que tarde o temprano cambiará ese silencio de Escudero, y de otros, por portazos o crisis.

El problema sigue siendo el mismo, que unos empezaron poniendo dinero para la campaña, Laporta ni un euro, unos inversores a los que se prometió recuperar lo gastado y una rápida reducción del aval de 124.6 millones del que el presidente apenas cubre el 1%. Lo mismo que las cuentas del club en general no cuadran, las de los directivos aún menos.

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