Laporta homenajea al Barça del 3% en del derbi catalán

Recibió a Jordi Pujol en el palco y también a la prensa que destapó el Barçagate y ahora calla ante casos peores

Joan Laporta y Jordi Pujol

Joan Laporta siempre fue más del entorno de Marta Ferrusola que del propio Jordi Pujol, que se las tuvo con Núñez durante muchos años hasta que ambos, ya retirados, firmaron la paz a lo largo de una imprevista, aunque muy larga sobremesa en un restaurante de Puigcerdà. Aquella guerra interminable provocada desde la Plaça de Sant Jaume contra el que fue durante 22 años el presidente del FC Barcelona (1978-2000) demostró que no habrá otro, como él, capaz de resistir un acoso político, económico y mediático tan colosal.

Hoy las fuerzas han cambiado tanto que no hay un presidente del Barça que, al contrario, no pueda sobrevivir sin servir a la clase política, a las fuerzas económicas intervencionistas y a quienes dominan los medios de comunicación en sus diferentes facetas de empresarios, directores, prensa de a pie y grandes productoras. Nadie puede resistir el acoso y derribo de TV3 como sufrió Josep Maria Bartomeu, como los ataques de otros muchos enemigos públicos, ni nadie ha podido tenerse en pie tras el embate conjunto de las cloacas del Estado y de las alcantarillas del soberanismo. Que se lo pregunten, si no, a Sandro Rosell, abatido históricamente por la conjunción de fuerzas de un bando y del otro que sólo se dejan ver en momentos de desesperación.

La venganza de Florentino Pérez por el “robo a cara descubierta” de Neymar les puso nombres y caras a esa maniobra para poner a los pies de los caballos de la Audiencia Nacional a Rosell y a Bartomeu tras la denuncia de un socio del Barça al que esperaban en Madrid con las puertas abiertas, un socio, Jordi Casas, orientado por uno de los abogados de cámara de Laporta, Xavier-Albert Canal. Los hilos que permitieron la entrada de una querella sin fundamento ni forma ni competencialmente de la Audiencia Nacional se movieron desde el palco del Bernabéu.

Rosell había escapado de un primer misil que consiguió desarmar con su dimisión para salvar a su familia en un acto que en las películas sería de pura extorsión. Evitó el caso Neymar porque fue una chapuza y finalmente fue encarcelado durante dos años por un presunto delito que no aguantó diez minutos de juicio.

Detrás estaban las fuerzas del 3% y las otras, las del aparato del Estado, siempre en contra del poder y del simbolismo del Barça, más aún si en un momento dado consigue armar la mejor delantera de la historia con Messi, Suárez y Neymar. Aquello fue el principio del fin definitivo. 

Como resultado, seis años después, entre unos y otros no queda ni Messi (PSG) ni Neymar (PSG) ni Suárez (At. Madrid). Tampoco Rosell ni Bartomeu, los dos últimos presidentes que, como Núñez, se vieron obligados a dimitir por la enorme presión de los diferentes entornos del club combinados en su contra.

Joan Laporta, que el domingo pasado homenajeó al presidente Jordi Pujol en la Llotja, ha asumido el relevo sin mayores necesidades que los apoyos clave de los enemigos de la anterior junta, caídos en la defensa de los intereses propios del FC Barcelona y no de quienes probaron la miel del poder y su generosa y productiva gestión entre 2003 y 2010.

La guerra ganada por el entorno se visualizó en ese ‘rendez-vous’ de Joan Laporta en el mismísimo palco del Camp Nou al señor de las herencias en Andorra, padre de la patria del 3% y padrino de personajes como el propio actual presidente del club, el primero de la historia que ha conseguido vivir y patrimonializarse gracias al cargo, sin esconderse y sin disimular, tampoco su pleitesía hacia Florentino Pérez. Sabe de qué va y cómo las gasta.

El del derbi del pasado sábado fue un palco significativo de los tiempos que corren, pues también fueron homenajeados los periodistas de la SER ganadores del premio Ondas por el mérito de haber destapado el Barçagate, esa presunta trama de envíos de tuits de la que se hablará todavía unos cuantos meses más.

Es cierto que, acaben demostrándose o no algunos de los hechos que se investigan, la documentación filtrada en su día ha conseguido causar más ruido que Ferran Reverter y toda la  nueva junta removiendo cajones y rebuscando papeles incriminatorios contra la administración de Bartomeu. O son del todo inútiles e incapaces, pues daba la impresión que los delitos iban a convertir a la anterior junta en carne de presidio, o no han encontrado en ocho meses esas pretendidas pruebas que demuestren tanta corrupción prometida.

Todo formaba parte de una campaña de desprestigio y de un gran plan para echar a Bartomeu por ser quien era, el discípulo de Rosell y el representante de lo opuesto a la visión de un Barça controlado como ahora o como en la anterior etapa de Joan Laporta por el nacionalismo del 3%, ese que ha ido mutando en función de sus propias necesidades más que las del país. 

Los periodistas del ‘Què t’hi jugues?’, recibidos por Laporta en el palco como héroes por cantar las trastadas de la junta de Bartomeu, se encuentran, sin embargo, con las manos atadas y los micrófonos silenciados a la hora de explicar, denunciar y acusar las fechorías de Joan Laporta desde que llegó al cargo. ¿Por qué no se investigan los negocios del hermano, hermana, prima y amigos del presidente? ¿Por qué no investigan la causa real del relevo en la seguridad? ¿Por qué no investigan a qué se dedica el liquidador del Reus en la administración del club? ¿Por qué no se habla de las condiciones de la cláusula de Xavi? ¿Por qué no investigan quién es Moshe Hogeg, el empresario israelita arrestado por estafa y delitos sexuales?

Sencillamente porque ni quieren ni se atreven, porque ellos mismos pertenecen a ese aparato mediático con la obligación de servir a la causa que no es precisamente la de explicar la verdad, exigir transparencia y denunciar las trampas. Forman parte de la trampa.

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