«El cemento más fuerte que existe en política es el poder»

Entrevista a Oriol Bartomeus

Oriol Bartomeus | Foto: Àngel Guerrero

Politólogo y profesor de Ciencia Política en la Universitat Autònoma de Barcelona y en la Universitat de Barcelona. Especializado en comportamiento electoral, hizo su tesis sobre los efectos del relevo generacional en Cataluña. Actualmente trabaja en el mismo tema a escala española. Ha publicado El terremoto silencioso (Eumo).

¿Qué indican los sensores demoscópicos catalanes este otoño del 2021?

Electoralmente, en Cataluña estamos en un periodo de resaca. Las elecciones fueron en febrero y todavía nos encontramos, digamos, en aquel escenario, sin que se divise una activación electoral. Estamos digiriendo el que pasó el febrero que, básicamente, fue una recuperación del PSC en el espacio no independentista, sobre todo a caballo de la caída espectacular de Ciutadans. Una originalidad, porque el electorado de Ciutadans en Cataluña es diferente del resto de España. Si miras Madrid y Cataluña, que, más o menos, han tenido elecciones en el mismo periodo (y en ambos casos ha habido un descalabro del voto de Ciutadans), a Madrid el voto de Ciutadans es básicamente PP, mientras que en Cataluña es un voto sobretodo PSC, con mucha aportación de la abstención. Hay también el pequeño espacio de PP y Vox, que también ha tenido cierto repunte.

Y por la otra vertiente?

Quizás el más importante es que en febrero se mantuvo el empate entre Esquerra y Junts. Este es el punto principal, puesto que la competencia entre los dos partidos desde el año 2003, y claramente desde el 2012, es un poco el baremo que define el clima y las decisiones políticas en Cataluña. De hecho, es una cosa que estamos viviendo desde hace bastantes años, y yo diría que el proceso se explica en parte por eso. Por una competencia entre estos dos que no se resuelve. Por primera vez, Esquerra ha pasado delante de Junts, pero no ha conseguido dejarlo a distancia. Con esto, creo que el que estamos viviendo, y el que queda para vivir en esta legislatura en el Parlamento, es un intento muy evidente de Esquerra para diezmar el voto de Junts. Establecer distancia por, así, ganar autonomía. Sin embargo, Esquerra y Junts siguen gobernando plegados.

¿Cuál es el cemento que los mantiene unidos, más allá de la concurrencia?

El cemento más fuerte que existe en política, que es el poder. Esquerra tenía la posibilidad de hacer un gobierno diferente, esta vez. Pero Junts solo se entiende como partido de gobierno, como poder. Fuera del gobierno no existe. Ya lo era Convergencia, que adquiere su característica principal como una fuerza de gobierno a partir del 1980. Por eso, Convergencia sufre tanto cuando es desplazada del gobierno. Es como la UCD. Es un parido muy diverso, pero lo rejunta, digamos, un liderazgo muy fuerte, una idea de representar Cataluña, así en grande y sin profundizar mucho. Y, el más importante, con poder: local, provincial y autonómico. ¿Qué los une ahora a estos siameses? Básicamente, es el poder. Después de las elecciones del 14 de febrero, la única opción que tenía Esquerra de acceder a la presidencia era reeditando la coalición con Junts. Sabía perfectamente que no podía hacer un pacto con el PSC, porque este había obtenido más votos y, por lo tanto, podía pedir la presidencia. La idea de Esquerra es construir un poder que reemplace la antigua Convergencia, en el sentido de ser el espacio central y dominando del espacio político catalán en los próximos 15 años.

En cualquier caso, sí que llama la atención esta diferencia entre los partidos en sentido clásico (PSOE, PNB, ERC, PCE…) y las formaciones, como la de Macron, CiU, Podamos…, que más bien parecen haber nacido con vocación de gobierno.

Tengo la impresión que ha pasado la época de los partidos. Junts es un partido moderno, en el sentido de agregación de gente, con un objetivo, una idea, sin mucha estructura, casi virtual, sin sedes… Es un partido mucho más coherente con la política moderna del que pueden ser Esquerra o el PSC, que son partidos-partidos. Convergencia ha sufrido un proceso de volatilización. ¿En este sentido, existirá un partido que sea la representación de una clase social? Creo que esto ya no funciona así. Los partidos son agregaciones de gente que obtienen un apoyo puntual de unos electores, basándose en unas propuestas o un liderazgo cada vez menos definidos, en términos ideológicos, y más de agenda. Macron es un ejemplo muy acabado de esto. No necesita una estructura y va mucho a su aire, en función del contexto, de la coyuntura. ¿Qué es Junts? ¿De izquierdas, de derechas…? No se entiende mucho. ¿Es radical en sus planteamientos independentistas? Pues, depende. Se mueve en función de sus intereses, y así captura el voto, la simpatía de una gente, que no se define como una clase social sino por la opinión en este momento.

¿En este sentido, Junts está carecido de núcleo llevar, de sancta sanctórum, de alma…, digamos?

A Junts conviven especies muy diferentes. El puigdemontismo es como una cosa que sobrevuela. También tiene un sector muy pragmático. ¿Esta gente, quien son? Es muy difícil saberlo. Parece que se definen en su confrontación con Esquerra.

¿A esto se le puede augurar larga vida, cronificación, o existencia efímera?

Tiene larga vida siempre que mantenga esta cosa gaseosa. Aceptémoslo. La política es cada vez más una cosa incopsable, volátil… Hay un electorado que es fiel a una sigla, a un partido, a una posición, pero también hay mucha movilidad. Los partidos dúctiles, que se mueven, que entienden por donde sopla el viento y cogen las corrientes, son los partidos gritados a sobrevivir. Lo cual no los asegura una larga vida arriba de todo. Igual cómo has subido, madrigueras.

El macronisme, por ejemplo, tiene su razón de ser cuando va asociado al poder. Afuera, obviamente, está bastando carecido de sentido. En cualquier caso, Junts, igual que el PP o el PSOE, o el PSC, dispone de una base fiel, que tiene el suyo centro en las generaciones viejas, cosa que le asegura cierto suelo. Un voto que responde menos a la coyuntura. En todos los casos, votan. Los cuesta mucho abstenerse. Esto mujer una seguridad que no tienen las formaciones que se basan en el voto más joven, como es claramente el voto de Ciutadans.

¿En este paisaje, como se presentan las cosas para Esquerra?

Esquerra tiene un panorama bastante complicado, en el sentido de donde viene, y con un competidor en la parte más radical. Está haciendo pasos, todavía muy tentativos, para ser el partido central en la siguiente fase. Creo que es consciente que el proceso se ha acabado, pero, al mismo tiempo, no puede salir diciendo “el proceso se ha acabado”, porque tiene esta presión en su flanco más radical. Es un partido que se mueve (de momento bien, en el sentido que no ha derrapado) en este espacio estrecho, entre las brasas del proceso y la nueva etapa, en la cual quiere ser el actor dominante.

¿En cualquier caso, y dada la aparente liquidez de la atmósfera política, las contradicciones entre Junts y Esquerra parece que se tendrán que resolver más bien que tarde?

La cosa no se resolverá hasta que no haya unas nuevas elecciones. Hay un interés por parte de Esquerra de generar una figura presidencial; de un presidente para durar. Cosa que siempre ha pasado en Cataluña y que el sistema favorece, también #bastante en España. Esquerra pretende posicionarse de forma que en unas próximas elecciones deje Junts a una distancia suficiente para tener las manos libres para desarrollar, seguramente, una estrategia de acuerdo con la idea que el proceso se ha acabado, y hay que encaminarse a una nueva fase histórica en Cataluña, que, evidentemente, todavía no se sabe como será. Y esto no depende solo de su voluntad, sino de la evolución de las cosas al conjunto de España. De aquí que Esquerra nade y guarde la ropa. Junts los dice “pagafantas”, y esto se puede ir a pique si hay un adelanto electoral y el PP y Vox consiguen el Gobierno de España.

¿El clima electoral catalán tiende al calentamiento, como pasa con el tiempo a escala planetaria, o por el contrario se mantiene estable?

No hay clima. Hay una fecha clave, que es la primavera del 2023, con las municipales, que darán cierta idea de cómo está el panorama. Si, a nivel español, aparece una oleada conservadora, creo que empezaremos a ver un giro en el Gobierno de la Generalitat, y concretamente en Esquerra. Si, como está previsto, no hay elecciones generales hasta finales del 2023, aquí no se moverá nada. Cosa que no quiere decir que los socios del Gobierno no se hagan putadas…

¿Y de Vox que se augura?

La oleada nacionalpopulista no se ha erosionado. Se divide. Es volátil. Pero en España Vox ha solidificado un espacio. Y la posición del PP, que sabe que tiene que conquistar espacios de centro y, al mismo tiempo, vigilar su espalda…, no es fácil.

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