Bienvenidos a la República Democrática Popular Catalana

Imagine por un momento un país que decide externalizar sus instituciones y dejar en manos de una entidad privada la representatividad popular. Imaginemos que este país organiza unas elecciones en las que sólo pueden votar los miembros de esta entidad. Imaginemos que a estas elecciones sólo se presentan en la práctica miembros de un único partido y que los pocos que no comparten formación comparten ideario. Imaginemos que en estas elecciones el presidente obtiene más del 90% de los votos. Imaginemos que una de las funciones de esta entidad privada sea impulsar un proyecto de constitución de un país.

Ésta es la Cataluña imaginada por el Consell per la República Catalana y éste es su concepto de democracia. Este artefacto, pensado para rescatar del olvido a un expresidente huido de la justicia, que lucha desesperadamente por no pisar la cárcel, como hicieron algunos de sus consejeros, a los que abandonó a su suerte, no tiene ninguna influencia política en la vida real, pero es inquietante ver que personajes destacados de nuestra vida pública como la presidenta del Parlament, Laura Borràs, ignora la institución que preside y otorga la representatividad del pueblo catalán a esta entidad privada, a la que pertenecen menos de 100.000 personas y votan poco más del 25%.

Este falso concepto de democracia que tienen aquellos que injurian al Estado español por considerarlo de una calidad democrática a la altura de Rusia o Turquía contamina poco a poco nuestras vidas y nuestra sociedad. Es la idea de democracia de quienes se escandalizan porque TV3 decide no emitir un sketch donde se fantasea con una felación de la reina y de su hija, una menor de la que se dice que sería genial esnifar cocaína en su culo, por considerarlo un ataque a la libertad de expresión, mientras aplauden que se vete la entrada del periodista Xavier Rius a las ruedas de prensa del Govern por preguntar sobre el tema. Lo hacen habiendo negociado con el Colegio de Periodistas de Catalunya y logrado antes su silencio y el de alguna asociación periodística más. Una complicidad que deja clara la profunda enfermedad que padece la sociedad catalana y el grave sometimiento de un periodismo servil.

La visión excluyente del poder catalán con los que no son de su cuerda, y la permanente tentación de rehacer la historia ha tenido otro episodio inquietante con la exclusión de Raimon Obiols de la lista de invitados al acto de conmemoración del 50 aniversario de la Assemblea de Catalunya celebrado en el Parlament. Laura Borràs dice que era un acto “autogestionado” y que, como presidenta del Parlament, tiene cosas mejores que hacer que controlar a quien se envían o no las invitaciones de los actos a los que invita. Suena a excusa barata cuando el mundo procesista sabe muy bien qué papel jugó Obiols en la Assemblea de Catalunya, y si no, sólo había que preguntárselo a su sobrina, Clara Ponsatí. También parece raro que no lo supiera Rafael Ribó. Que en este contexto de sectarismo ideológico Ribó hablara de la necesidad de “evitar partidismos en el combate de los discursos de odio” suena, como mínimo, extraño. Tan raro como el intento de obviar el papel de la izquierda en la Assemblea de Catalunya. Basta con leer el listado de los 113 miembros que fueron a parar a la cárcel para ver que había unos cuantos comunistas y socialistas, y que el grueso de los represaliados lo formaban albañiles, pescadores, administrativos, estudiantes… El homenaje escondía un intento de reinventar la historia y convertir un clamor a favor de la democracia en pleno franquismo en el embrión del independentismo. Borràs lo dejó bien claro, «la Asamblea de Cataluña representa los valores de la unidad y del consenso, los mismos principios que en los últimos diez años han dado fuerza al pueblo de Cataluña para avanzar hacia su emancipación nacional».

Susana Alonso

El totalitarismo es reducir la representatividad del pueblo a varios tocados por la gracia divina, apagar las voces incómodas, retorcer la historia para amoldarla a sus intereses y presumir de una democracia interpretada de forma peculiar. Hoy en Cataluña tenemos una versión light de lo que hacía Erich Honecker en la República Democrática Alemana y de lo que hace Kim Jong-un en la República Popular Democrática de Corea.

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