¿Se pueden cambiar las reglas del juego a media partida?

¿Alguien puede imaginarse un juego en el que cambiaran las reglas a medio partido, sin previo aviso?. Por ejemplo en el fútbol: que alguien hiciera un gol en fuera de juego y que el árbitro le diera validez porque ha decidido alterar las normas. O que en baloncesto un jugador avanzara con la pelota entre los brazos, sin botarla, e hiciera canasta y los árbitros la dieran como válida simplemente porque acaban de alterar el reglamento. O que de repente, en una partida de póquer, una pareja fuera más que una escalera de color. Sería un caos, sin duda. Pues justamente es esto lo que ocurre con las energías renovables: en este país los gobiernos cambian las reglas de juego a medio partido.

Repasemos la historia. En 2007  el ministro Sebastián, del Gobierno de Zapatero, sacó un decreto que garantizaba una rentabilidad de un 7% a quien invirtiera en energías renovables, con el objeto de conseguir 400 MW en 2010. Debió pasarse de la raya porqué con esta rentabilidad tan generosa entre 2007 y 2012 en España se instalaron 19.000 MW de renovables. Ello creó un brutal déficit que obligó al mismo gobierno redujo la rentabilidad en 2010 y Rajoy, en 2013 la rebajó en un 40%. Recientemente el gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a situar las cosas en la casilla de partida; veremos cómo evoluciona todo.

Poco después, Rajoy a través de su ministro Soria y cediendo a la presión de las grandes corporaciones eléctricas, introdujo en 2015 el llamado “impuesto al sol”, lo que afectó de un modo casi total al autoconsumo, con una paralización de las pequeñas instalaciones. Estos cambios en las primas y con la aparición de nuevos impuestos, llevó a la ruina a pequeños inversores y también a muchas empresas relacionadas sobre todo con las instalaciones fotovoltaicas. Es lo que tiene cambiar las reglas del juego a media partida.

Tampoco el Govern de la Generalitat es ajeno a estos cambios, con frecuencia dependiente de satisfacer a los “cupaires” en sus demandas anticapitalistas. Así en 2009 creó un decreto que limitaba extraordinariamente la instalación de parques eólicos y fotovoltaicos hasta el punto que en 10 años ningún proyecto vio la luz. En 2019, por fin, se derogó este decreto pero ahora tienen en manos uno de nuevo que crea dificultades adicionales a las grandes instalaciones necesarias para la transición energética. En definitiva, Catalunya sólo produce un 6% de las energías renovables de todo el estado, muy lejos de los hitos marcados en su propio Plan de Lucha Contra el Cambio Climático.

La transición energética es urgente y es un proceso que está afectado de muchas incertidumbres. Algunas tecnológicas, como la inseguridad de si los aerogeneradores y las placas en su actual formulación son la única solución y, sobre todo, si lo serán durante 30 años, que es la vida media de la mayoría los proyectos. Hay  expertos que  advierten que vamos hacia una escasez de materiales “raros”, para construir todo lo que se va  a necesitar y que curiosamente están en manos de muy pocos países. La actual crisis del gas plantea amenazas cercanas de quienes van aprovechar hasta el último momento el negocio aparentemente cesante de las energías fósiles. ¿Será pacífica la proyectada transición energética?. No creo.

A todo esto se une el rechazo creciente del territorio, ofendido por la prepotencia de la mayoría de promotores. La transición energética no puede reducirse tan sólo a un cambio en la manera de producir la energía (de fósil a recursos renovables) sino que debe revisarse la totalidad del modelo, pasar de un sistema centralizado a uno distribuido que impida la perpetuación de los oligopolios que manejan a su gusto los precios. Un nuevo modelo al servicio de los ciudadanos, que contribuya al equilibrio territorial y no a su destrucción, en el que las poblaciones que han de sacrificar su paisaje encuentren una verdadera rentabilidad social que les compense. No se trata de llenar la España vaciada de molinillos; hay que conseguir que la riqueza que generen los parques eólicos haga que estos pueblos revivan.

En suma, ya bastante complicado está el tema por las incertidumbres tecnológicas y los rechazos del territorio como para que además los gobiernos de todo color, se dediquen a cambiar las reglas del juego a medio partido, no una sino  muchas veces.  El tema necesita estabilidad, un marco jurídico que de seguridad a todos los participantes en el juego y que no haga desistir a nadie de algo tan necesario como el autoconsumo por tener que pagar un impuesto al sol. 

Declaraciones como las recientes del Sr. Casado riéndose de las fotovoltaicas ya que a las 8 de la noche ya no hay sol, no presagian nada bueno si en un futuro (no lo quieran los votantes) este hombre llega a presidir un gobierno. Desgraciadamente cabría esperar una nueva alteración en las reglas del juego.

Creo que sobran tantos cambios legislativos, tantas idas y venidas: hace falta conocimiento, decisión  y tranquilidad en los políticos para cambiar de verdad el modelo

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