Historia fake

Cuando era joven menospreciaba la importancia de la Historia en la vida presente y en la actividad para construir un futuro social mejor. Creía que lo mejor que podíamos hacer con la Historia –así, con mayúscula, entendida como todo lo que había pasado antes de que nosotros aterrizásemos en el mundo- era olvidarla, ignorarla. Es decir, estaba convencido de que para ir hacia delante no era necesario mirar atrás.

Y no sería porque no tuviera voces autorizadas que decían todo lo contrario. Que si el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra (la mujer también), que si Raimon nos recordaba que perder los orígenes era perder la identidad, que si es necesario conocer la Historia para no repetir sus errores…

Con el tiempo, he acabado dando la razón a quienes consideran que cuanto más sepamos qué ha pasado en la Historia de la humanidad y por qué, mucho mejor. Mi preocupación es ahora qué fiabilidad tiene la Historia que nos cuentan, de qué historiadores podemos fiarnos y de cuáles, no.

Otra de las frases en las que la Historia es protagonista es la que asegura que la escriben los vencedores. La Historia de España que estudié en la escuela es la que se enseñaba durante el franquismo. Ya se os la podéis imaginar. La colonización de América Latina no era un expolio, sino una conquista y una cristianización. De Jean Jaurès, el político socialista francés asesinado por oponerse al nacionalismo que se apoderó de su país cuando estaba a punto de estallar la Primera Guerra Mundial, se hablaba poco en los libros de Historia. Tras la Segunda Guerra Mundial, se cometieron terribles atrocidades contra los ciudadanos de los países vencidos que quedaron también ocultas en las crónicas de la época.

Y Catalunya, claro está, no es una excepción. Durante muchos años vivimos la tergiversación de la Historia que hicieron los franquistas. Desde hace tiempo vivimos otro uso tramposo de nuestra Historia, la antigua (pongamos que hablamos de lo que ocurrió en 1714) y la reciente (hablemos de quienes presentan la Guerra Civil como un enfrentamiento entre catalanes y españoles).

De hecho, aquí tenemos el honor de contar con un Institut Nova Història, jugosamente subvencionado y aplaudido por el poder nacionalista catalán, al que hay que reconocer el acierto de incluir la palabra ‘Nova’ en su nombre, porque lo que explica es tan nuevo como falso.

Nos hemos acostumbrado tanto a falsear la Historia que, incluso, nuestro Parlament y su presidenta organizan un acto en el que barren para casa, dicen que la Assemblea de Catalunya se creó hace 50 años para caminar hacia la independencia de Cataluña y no invitan al acto institucional a quienes participaron en su constitución, no vaya a ser que expliquen la verdad.

Quién pierde sus orígenes, pierde su identidad. Quién miente sobre sus orígenes, pierde la dignidad.

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